Vladimir. Vladimir Kanevsky

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“Lo vas a hacer ¿verdad?” me dice Pantaleón.

“Me temo que sí” le digo “¿Crees que importa mucho?”

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Peonías de metal y porcelana, obra de Vladimir Kanevsky

“No, Darling” me dice el mono dándome su bendición “repetirse está mal. Sobre todo por lo tedioso y cansino que es, pero creo con Vladimir puedes hacer una excepción”

Flores de porcelana pintadas a mano de Vladimir Kanevsky

Flores de porcelana pintadas a mano de Vladimir Kanevsky

No necesito más para contaroslo. Hace dos semanas pasada estuvo en Madrid nuestro admiradísimo Vladimir Kanevsky. Pedazo de artista.

Edita y Vladimir Kanevsky y la autora de este blog. Foto sacada por Pantaleón

Edita y Vladimir Kanevsky y la autora de este blog. Foto sacada por Pantaleón

“Y adorable” me dice Pantaléon “Es adorable. De robar”

 

Gardenias de porcelana de Vladimir Kanevsky para Aerin, la nueva marca de Aerin Lauder. Edición limitada de venta en el Metropolitan Museum

Gardenias de porcelana de Vladimir Kanevsky para Aerin, la nueva marca de Aerin Lauder. Edición limitada de venta en el Metropolitan Museum

De robar él y sus flores, que cada vez son más perfectas. Su historia es de todos conocida. Este arquitecto de origen ukraniano emigró a Estados Unidos tras la caída del muro de Berlín. Llegó a Nueva York con cien dólares en el bolsillo. Ahora lo que lleva en el bolsillo es un móvil con los teléfonos personales de Oscar de la Renta, Aerin Lauder, Charlotte Moss, Doris Brynner, Carolyne Roehm y un largo etc de los VIPs “Clase A” de la isla de Manhattan. Él, que se ha debido de quedar con la parte buena de la lucha de clases, trata igual a la heredera Lauder que a Abelardo y está cero impresionado con el mundo millonario que le rodea. Sigue con su camisa por fuera y con sus zapatos de suela gorda. Y una sonrisa enorme en la cara.

Gardenias y muguets de Vladimir Kanevsky. Foto de Carolyne Roehm

Gardenias y muguets de Vladimir Kanevsky. Foto de Carolyne Roehm

Me trajo mis rosas inglesas, en biscuit de porcelana, de una perfección asombrosa.

Mis rosas de porcelana obra de Vladimir Kanevsky. Por detrás asoma un pequeño tulipán en porcelana de Didier Gardillou.

Mis rosas de porcelana obra de Vladimir Kanevsky. Por detrás asoma un pequeño tulipán en porcelana de Didier Gardillou.

Detalle de mis rosas

Detalle de mis rosas

Mi centro de rosas visto por detrás

Mi centro de rosas visto por detrás

Le pregunto si sigue disfrutando haciendo las flores. Me dice que sí, que la creación y la elaboración de una pieza, el juego con la madre naturaleza, la estructura de una planta, le fascinan. Que las horas de espera frente al horno de cerámica, las pruebas, las piezas que no salen perfectas y hay que repetir, la parte técnica, le aburre más. Pero que disfruta experimentando con la textura, haciendo mezclas de pintura y probando a hacer un pétalo de rosa liso por un lado aterciopelado por el otro. Que le divierte jugar con la naturaleza, imitándola y al mismo tiempo alejándose de ella.

Centro de flores en porcelana de Vladimir Kanevsky para Carolyne Roehm

Centro de flores en porcelana de Vladimir Kanevsky para Carolyne Roehm

Detalle del centro anterior

Detalle del centro anterior

Detalle del centro de Carolyne Roehm. Fijaos en la curva perfecta de la digitalis...

Detalle del centro de Carolyne Roehm. Fijaos en la curva perfecta de la digitalis…

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Muchos dicen que sus flores son “hiperrealistas” y es cierto que lo son, pero él dice que siempre intenta que la pieza deje claro que es porcelana. Que la gracia es precisamente eso, que se vea un algo que demuestra que lo es, y que no se confunda con un rosal de verdad.

Las hojas "mordidas" de mi propio rosal inglés

Las hojas “mordidas” de mi propio rosal inglés

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Muguet con mariposa, también de porcelana. Vladimir Kanevsky.

Muguet con mariposa, también de porcelana. Vladimir Kanevsky.

Le pregunto cómo pasó de esculpir retratos en enormes piezas de bronce a las delicadas flores de porcelana. Me dice que a lo largo de la historia del arte las flores han tenido un lugar prominente. En cuadros, en escultura, en tapices, en joyas, en frescos, en telas. Son el motivo más repetido en el arte, casi más que las personas, y que encuentra que uno de los motivos por lo que es así es porque es fácil expresar muchas cosas con las flores. Son su idioma, me dice, la colocación de un pétalo, una hoja comida, el tono exacto de una decoloración en el tallo, la curva de una rama. Él se expresa así.

Vadimir Kanevsky

Vadimir Kanevsky

Está trabajando en un libro cuyo texto corre a cargo de la comisaria de porcelana del Museo del Hermitage, donde tiene contratada una exposición, de unas 35 o 40 piezas para el año que viene. “No tenemos cerrada la fecha” me dice “quien sabe si lo cancelarán con esta la historia de ukrania o si al revés, exponer a un ukraniano-americano resultará conveniente como gesto de normalidad”. Le pregunto si sigue teniendo familia en Ukrania y me dice que no, que sólo amigos. Le pregunto si están bien y me dice que sí, que están en una ciudad grande donde no hay conflicto. No pregunto más porque intuyo que es un tema doloroso del que no le apetece hablar.

El proceso. Tras un dibujo en ordenador todo empieza con moldes en escayola

El proceso. Tras un dibujo en ordenador todo empieza con moldes en escayola

De los moldes se hacen pétalos...

De los moldes se hacen pétalos…

La estructura en metal

La estructura en metal

a la que se añaden las flores de porcelana

a la que se añaden las flores de porcelana

Que luego se pintan...

Que luego se pintan…

Obra terminada

Obra terminada

Hablamos de su inspiración. Me dice que se inspira en la propia naturaleza, en flores que ve o en grabados de botánica, pero que opina que hay flores que son temas apropiados para la porcelana y otras que no. Le digo que me he dado cuenta de que no hace orquídeas y que me parece una idea excelente. A las orquídeas las veo apropiadas para reproducir en plástico, pero no en porcelana. Me da la razón. Dice que le pasa exactamente eso.

Interior de Daniel Romualdez. Flor de porcelana de Vladimir Kanevsky.

Interior de Daniel Romualdez. Flor de porcelana de Vladimir Kanevsky.

Moras de porcelana. Vladimir Kanevsky.

Moras de porcelana. Vladimir Kanevsky.

Clematis en porcelana. Vladimir Kanevsky.

Clematis en porcelana. Vladimir Kanevsky.

Me dice que ahora está experimentando con flores muy grandes, con peonías enormes y con un centro de dahlias que está haciendo. Charlamos sobre la posibilidad de hacer una flor de Magnolio. Dice que durante mucho tiempo pensó que eso tampoco era “tema apropiado” para la porcelana pero que últimamente le da muchas vueltas. Me enseña también unas fotos de amapolas y de anemonas que está haciendo recientemente y que tienen un aspecto maravilloso, con esos tallos y hojas alocados.

Amapola de porcelana de Vladimir Kanevsky

Amapola de porcelana de Vladimir Kanevsky

Le pregunto sobre el futuro de sus obras y me dice que eso es algo que le preocupa enormemente. “Los grandes edificios de la antigüedad se han convertido en bellísimas ruinas” me dice “pero mucha de la arquitectura actual se convertirá en un montón de desechos. Temo que mis flores también se conviertan en un montón de desechos”.

Flores de Vladimir Kanevsky. Foto de Carolyne Roehm.

Flores de Vladimir Kanevsky. Foto de Carolyne Roehm.

Detalle de unas flores pintadas. Vladimir Kanevsky.

Detalle de unas flores pintadas. Vladimir Kanevsky.

Tras una mirada de advertencia de Pantaleón, que me conoce, descarto la idea de ponerme a hablar sobre Unamuno, la obsesión por la inmortalidad, la inmortalidad a través de las obras y la novela de Don Sandalio.

Rosas de Vladimir Kanevsky Foto de Carolyne Roehm.

Rosas de Vladimir Kanevsky Foto de Carolyne Roehm.

“Vale que es ruso” me advierte Pantaleón “que les va mucho lo de la melancolía como a ti, pero son las 8 de la tarde de una tarde soleada, ten compasión. Él no tiene la culpa de que tú seas muy friki” Advierte el mono.

Mi maravilloso rosal. Vladimir Kanevsky.

Mi maravilloso rosal. Vladimir Kanevsky.

 

Tiene razón. Así que me conformo con enseñarle mi macetita de flores de porcelana de finales del XIX, un poco roñosa, un poco rota y con parte de la suciedad acumulada en 150 años escondida en los pliegues (imposible limpiarla más). Le digo “Ves, así quedarán: ésta es la ruina. Y ya ves que tiene mucho encanto”.

Hortensia de porcelana. Vladimir Kanevsky.

Hortensia de porcelana. Vladimir Kanevsky.

 

Vladimir la mira, reconfirma conmigo que efectivamente el bicho tiene 150 años, la mira otra vez y sonríe. Mi antigualla le gusta. Y yo me alegro de haberle quitado el peso de la inmortalidad de encima.

Camelia de Vladimir Kanevsky

Camelia de Vladimir Kanevsky

PD: Mi querido Josemi, a quien quiero mucho, tomó tirria a Vladimir y a sus flores nada más verle. Oigo en la radio que dice que Vladimir tiene aspecto de Trostkista-Leninista. No sé si tiene aspecto de tal porque no conozco ninguno (los suponía extintos como los mamuts peludos) pero sí que este pobre ser emigró de San Petersburgo en 1989 en cuanto cayó el muro de Berlín y ni un minuto más tarde. Llegó a Nueva York con cien dólares en el bolsillo. Ahora tiene la nacionalidad americana y vende flores de porcelana cuyo precios empiezan en 1500 euros la pieza. No sé que pensaría Trotsky de todo esto…

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