recetas vegetarianas

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Antes de que acabe enero la mayoría ya hemos abandonado nuestros bonitos propósitos de hacer más ejercicio y comer mejor. Yo por lo menos ya no estoy saliendo a correr… Eso sí, gracias a Pantaleón esta semana voy a comer limpito -o “detox”, que es como se llama ahora- un día más de lo que suelo. El menú que os traigo me parece bastante rico para ser un menú de los de cuidarse y, quitando que he puesto un postre, está hecho teniendo en cuenta que la combinación de alimentos (de por sí bastante acalóricos) sea buena. Espero que no os dé mucha pereza el tipo de menú y que, cuando lo probéis, os guste lo suficiente como para repetir de vez en cuando, que lo ideal sería hacer al menos un día en semana formalitos para no dejarnos ir demasiado.

Hoy tenemos:

De primero, caldo de pollo y jengibre

De segundo, pechuga de pollo escalfada con quínoa y calabacín

De postre, compota de invierno

CALDO DE POLLO Y JENGIBRE

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Lo dejo turbio aposta, es sabor.

Para hacer el caldo usaremos un pollo entero y la carcasa de otro. Tened en cuenta que del primero sacaremos las pechugas, que las escalfaremos para el segundo plato así que NO se usan para hacer el caldo. La segunda carcasa puede ser perfectamente de un pollo asado que tengamos guardado de algún domingo (confieso que siempre las guardo para hacer caldo). El caldo se puede hacer uno o dos días antes que las pechugas guardándolo en la nevera y así, aunque no tiene apenas grasa, se podrá retirar fácilmente la poca que tenga.

Ingredientes para el caldo

  • 1 pollo, preferiblemente de corral, preparado como se explicará a continuación
  • 1 carcasa de pollo, troceada
  • 2 puerros enteros, bien limpios y partidos en dos o tres trozos
  • 2 zanahorias grandes, peladas y cortadas en rodajas muy gruesas
  • 1 rama de apio grande limpia
  • 1 tomate, pelado
  • 5 granos de pimienta negra, o al gusto
  • 1 hoja de laurel
  • 15-20g raíz de jengibre fresca pelada
  • Sal al gusto

Procedimiento

1.- Preparamos o pedimos al pollero que nos prepare el pollo como sigue: se quita toda la piel y los trozos de grasa que suele haber en la cavidad cerca de los cuartos traseros, se desechan. Se sacan las alitas, se separan las patas y se deshuesan las pechugas, que se reservan.

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Después se puede partir la carcasa en más trozos (por ahora sólo están separadas la parte de arriba y la de abajo)

2.- En una olla grande se ponen todos los ingredientes menos las pechugas de pollo y la sal y se cubren con agua fría, al menos 4 litros. Se pone la olla a fuego fuerte, cuando arranca el hervor se baja el fuego y se retira la espuma que salga con un cucharrón. Se tapa la olla dejando una rendijita abierta y se deja cocer más suavito entre una hora y tres cuartos y dos horas. Se cuela y se añade sal al gusto (este caldo creo que no compensa colarlo más ni clarificarlo pero quien quiera hacerlo, adelante). Se pueden guardar las verduras y la carne del pollo para otro uso, por supuesto.

Notas:

1.- Este caldo es fantástico para los resfriados, de verdad, en invierno lo consumo por litros. Para los que no sean fans del jengibre se puede hacer con cúrcuma fresca (queda amarillo) y también le irá bien. Si no, también se puede usar hierbabuena o nada de nada.

2.- Si queréis un caldo con un poco más de cuerpo se le puede añadir un puñadito de arroz crudo al principio del todo o triturarlo con alguna de las verduras de cocción, preferiblemente el puerro o el apio. Para caldo con más substancia aún (y aún de dieta) se pueden añadir unas láminas finísimas de champiñón o de alguna seta (con jengibre queda muy bien el shitake), que bastará con hacer hervir un par de minutos en el caldo.

3.- Creo que ya os lo he contado alguna vez, pero al caldo no le pongo sal hasta el final por dos motivos: primero, porque como reduce bastante es fácil pasarse; segundo, porque el agua tiene un nivel tope de absorción de sabores y así saca toda la sustancia a las verduras y al pollo, queda más sabroso y probablemente verás que con menos sal de la que te imaginabas ya tiene bastante sabor.

4.- Por supuesto, se puede hacer en olla a presión. En ese caso harán falta mucho menos tiempo y mucha menos agua pero ya depende de la olla que uséis, nadie como vosotros para juzgar cuánto menos de cada cosa.

PECHUGA ESCALFADA 

Si hay algo en este mundo que grite “régimen de adelgazar” a los cuatro vientos es la pechuga de pollo y eso hace que dé pereza de forma automática. Si sois de régimen de pechuguita y no conocéis este método para cocinarlas creo que me lo vais a agradecer porque quedan bastante ricas y muy jugosas, además de que se hacen con un gasto mínimo de energía.

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Con semejante plato no creo que nadie se quede con hambre.

Ingredientes para la pechuga, para 4 personas

  • 2 litros de caldo de pollo y jengibre
  • 4 medias pechugas limpias de grasa, sin filetear

Procedimiento

1.- Se sacan las pechugas de la nevera con media hora, para que no estén heladas.

2.- En una olla con tapa y donde quepan las cuatro pechugas se pone el caldo a hervir. En cuanto hierve a borbotones se meten las cuatro pechugas en el caldo, cuidando de que queden totalmente sumergidas, se apaga el fuego y se tapa la olla. Dejamos dentro de la olla tapada y sin tocar durante 20 minutos, pasados los cuales se retiran, se escurren y se sirven.

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Espero que se note lo jugosa que está. Y está totalmente cocida por la parte más gruesa. Se me olvidó quitar el jengibre de atrás…

Notas:

1.- No se debe usar menos caldo salvo que se usen menos pechugas porque se enfriaría demasiado y corremos el riesgo de que no queden cocinadas por completo, lo cual es peligroso con el pollo.

2.- Las pechugas que sean de un tamaño normal, entre 200 y 220g, y que estén a temperatura ambiente antes de entrar en el caldo hirviendo.

3.- Si queréis servirlas trinchadas como en la foto de arriba del todo, esperad unos cinco minutos que repose, por favor.

 GUARNICIÓN DE QUÍNOA Y CALABACÍN

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La quínoa es una maravilla de alimento, no extraña que se haya puesto de moda. Tiene ácido fólico, hiero, calcio, montones de vitaminas y está sobrada de proteínas que, aunque de origen vegetal, son más completas que las que suelen tener los productos de origen no animal. Además es un (pseudo)cereal sin gluten y por si fuera poco tiene muchísima fibra y un índice glucémico bajo. Creo que con esto puedo dejar el proselitismo… El tipo más común de encontrar en España es el amarillo, que es el que se cocina más rápido así que os daré indicaciones para cocinar éste. Si encontráis algún otro tipo os animo a que la probéis, porque son todos muy ricos (bastante parecidos, tampoco esperéis una variedad de matices bárbara) pero desrecomiendo que compréis los paquetes que venden la amarilla mezclada con la roja o la negra porque es como con el arroz, que cada uno tiene un tiempo de cocción distinto y no interesa nada cocerlos juntos. Soltado este rollo, pasamos a la receta:

Ingredientes para 4 personas

  • 250g quínoa amarilla 
  • Doble volumen (de la quínoa) en caldo o agua con sal, para hervirla (rondará los 550-600ml)
  • 30ml aceite de oliva virgen extra (un chorro bien generoso), para usar en dos golpes
  • 3 dientes de ajo pelados y cortados en láminas finas
  • 300g de calabacín, en dados (dos piezas)
  • 1 cayena seca triturada, o al gusto
  • Hojas y tallos finitos de aproximadamente 10 ramitas de hierbabuena cortados muy finitos, o al gusto
  • Sal y pimienta

Procedimiento

1.- Empezamos haciendo la quínoa, que podemos tenerla cocida incluso de víspera y guardada en la nevera. Lo primero es enjuagarla bien, aunque no siempre lo ponga el fabricante en el paquete, porque suele estar cubierta de saponinas que amargan y no son nada ricas. Si no la enjuagáis, notaréis que se forma una espumita en el agua de cocción. Saltarse este paso no es especialmente grave cuando se cuece la quínoa con el método que doy aquí pero es bastante malo cuando se usa otro método en el que se tiene en remojo una media hora (porque las saponinas entran en el grano y dan un sabor pésimo). Se pone la quínoa en un colador y se frota bajo el chorro de agua fría. Una vez enjuagada, se pone en un cazo con el caldo o agua con sal a fuego medio-alto. En el momento en que rompa a hervir, baja el fuego y tapa el cazo para que hierva suavemente unos 13-15 minutos. La quínoa habrá multiplicado su tamaño por algo más de dos, se le notará un arito alrededor del grano y en el centro un puntito blanco. El grano debe estar tierno, sin crujir cuando lo muerdas pero sí hacer un poco de resistencia al diente, un poco elástico. Aunque el líquido está medido para que se absorba todo, no está de más escurrir en un colador fino porque puede quedar a veces agua alojada entre el arito y el grano, sobre todo cuando no se ha escurrido bien después del enjuague.

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Quínoa. Antes y después.

2.- Mientras se cuece la quínoa, hacemos el calabacín al menos en dos golpes, para que no se recueza. Se ponen en frío la mitad del aceite y la mitad del ajo en una sartén a fuego vivo. En cuanto empieza a bailar el ajo (no llega a un minuto) se añade la mitad del calabacín y se saltea haciendo bailar la sartén de vez en cuando durante unos 3-4 minutos, hasta que el calabacín esté tierno pero con algo de mordida aún y con un poco de color dorado. Se reserva en una fuente y se repite hasta acabar con todo el calabacín y el ajo. Aún caliente, se mezcla con la cayena y la hierbabuena (reserva un poco de hierbabuena para decorar) y se sazona con sal y pimienta al gusto.

3.- Se mezcla la quínoa con el calabacín o se hace una corona de quínoa y se sirve con el calabacín en el centro, espolvoreando con más hierbabuena.

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También queda muy bien con cuscús

Notas:

1.- Entiendo que cuando uno se enfrenta a una hortaliza alargada lo que pide el cuerpo es empezar a cortar rodajas, de verdad que lo entiendo. Pero la manera de no complicarse la vida y conseguir cuadritos homogéneos sin perder mucho tiempo es hacer láminas a lo largo, rotar el calabacín 90º, eliminar la lámina de abajo para tener mejor apoyo sobre la tabla y hacer otra vez cortes a lo largo para convertir las láminas en tiras y, por último, cortar estas tiras perpendicularmente para hacer cuadritos, como en la foto.

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2.- El ajo y la cayena con la hierbabuena son una mezcla sorprendente y muy rica, no seáis tímidos. Si no os convence, se puede sustituír la herbabuena por albahaca aunque la sensación de frescor y picor a la vez en la boca no es tan pronunciada. Es un salteado de verduritas muy rápido que queda fenomenal también con pasta y con cuscús (la foto de la fuente amarilla es con cuscús en lugar de quínoa).

COMPOTA DE INVIERNO

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Este “postre” también está muy bien para el desayuno

Creo que ya os he dicho alguna vez que no suelo tomar postre cuando estoy a régimen porque me lo reservo para comerlo a media tarde, por aquello de no mezclar tipos de comida. Pero un menú es un menú así que os pongo un postre de limpieza, y lo de limpieza va sobre todo porque lo he usado para acabar de limpiar la despensa de productos de Navidad… La compota no tiene gran misterio y es muy buena también para desayunar. El azúcar se puede suprimir para mi gusto, pero os pongo la receta como es. Por último, si no estáis en modo dieta, os recomiendo añadir un chorrito de ron, que le va de miedo.

Ingredientes para 4 personas

  • 500g de frutas secas variadas (aquí hay orejones, hijos secos, dátiles y ciruelas pasas, todo sin hueso)
  • mismo peso de agua
  • 30g azúcar integral de caña, sustituíble por miel
  • 1 clavo de especia
  • 1 rama de canela

Procedimiento

1.- Se ponen todos los ingredientes en una olla a fuego lento y se deja hervir 20 minutos muy suave, la fruta pasará de estar arrugada a estar gordita y con la piel estirada, de estar nadando en líquido acuoso (y cubierto por un dedo, según el diámetro de la olla que se use) a estar sólo rodeado de un almíbar más bien espeso. Se deja enfriar en la misma olla y se guarda en un recipiente con tapa en la nevera. Está mejor de víspera.

2.- Se sirve frío o a temperatura ambiente, solo o con yogur, requesón o queso batido sin grasa, como en la foto.

Nota: La compota de la foto lleva también cáscara de limón y zumo de medio limón porque tenía unos limones maravillosos que me habían traído del campo. Os animo a probar las variaciones que os gusten, como cáscara de naranja, aromatizar con cardamomo, anís estrellado…

 

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conmielMuy queridos pantaleonistas, después de todo un verano sin escribiros os traigo otro brunch. Tengo que ir retomando la rutina poco a poco y es mejor empezar por el principio, es decir, por el desayuno. El brunch de hoy viene con recetas que se pueden hacer todas con bastante antelación y, quitando la granola, tienen vida más allá de la una de la tarde. Los huevos son un entrante perfecto para una comida o cena fría y el requesón es un auténtico fondo de armario, creo que os vais a alegrar mucho de tenerla porque es sencillísima y es un comodín, aparte de que está muy rico. Las estrellas del brunch de hoy son:

Salado, Huevos en aspic

Dulce, Granola con requesón (caseros)

HUEVOS EN ASPIC 

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No puede haber brunch sin un plato de huevo, eso es un axioma. Puede que el otoño no os parezca la época ideal para presentar un aspic, pero a mí sí me lo parece porque aún no apetece comer cosas muy pesadas ni calientes y, además, no le deseo a nadie tener que trabajar con gelatina en un verano riguroso. Aparte, el chute de proteína del huevo con la gelatina me pareció óptimo para la panda que recibo y que han decidido otra vez ponerse a hacer ejercicio “en plan serio, de verdad”. También podéis llamarlos oeufs en gelée, que queda muy elegante, yo pongo el nombre en español para que no me acuséis de franchuta recalcitrante.

Ingredientes para 6 personas

– 6 huevos

– 7 gramos de gelatina neutra (ver nota 5)

– 500ml de consommé de verduras o un caldo clarificado, preferentemente de verduras o pollo

– 50-60ml de vino oloroso, madeira o vino que os guste pero que no comprometa el color del caldo

– 6 lonchas finas de salmón

– Hojas de perejil o de apio, para decorar (opcional)

Menaje

Os harán falta 6 flaneras o cualquier recipiente individual para desmoldar después (os pueden valer tazas o vasos) o 6 ramequines si no queréis desmoldar. También se puede preparar en un solo molde con capacidad de 1 litro.

Procedimiento

1.- Cuece los huevos. Me gusta que queden con la clara hecha pero la yema aún algo cremosa, para lo cual sigo este sencillo procedimiento: pongo un cazo con mucha agua a hervir, con el fuego alto. Cuando hierve, añado una cucharadita de sal y un chorreón de vinagre (para evitar hemorragias si se agrietan, que no es inusual) y, por último, los huevos con cuidado de no cascarlos. Tras exactamente 6 minutos los paso enseguida a un recipiente de agua con mucho hielo para cortar la cocción.

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Si se corta con un cuchillo bueno se ve mucho más bonito y se ensucia menos, de verdad.

2.- Pon la gelatina a remojo en agua fría. Si es en hojas ponlas en agua abundante, si es en polvo bastará con unos 70ml.

3.- Lleva el consommé a ebullición con el vino, déjalo hervir (flojito) un par de minutos para que evapore el alcohol y apaga el fuego. Añade la gelatina hidratada y remueve hasta que se haya disuelto.

4.- Pon un poquito de gelatina al fondo de cada flanera (si usas ramequines y no lo vas a desmoldar, lee la nota 2) y enfría en la nevera. No deberían ser más de dos milímetros así que con 10 minutos debería estar listo. Cuando esté cuajado, pon las hojitas de adorno si las usas y cubre con un poco más de gelatina para volver a meter en la nevera otros 5-10 minutos. Envuelve los huevos en el salmón y mételos en el molde, cubre con el resto de la gelatina y ten en la nevera al menos dos horas. Se puede tener hecho con dos días, guardado siempre en frío.

Notas

1.- Los huevos pueden ser escalfados, por supuesto, los hago cocidos porque no soy aficionada al huevo escalfado frío y encuentro que cocidos con su cáscara quedan más ordenaditos.

2.- Si hacéis los huevos en ramequín se pueden presentar sin desmoldar y, en ese caso, el orden de montaje es inverso: huevo envuelto, cubrir justo con gelatina, enfriar, hojitas de adorno, más gelatina y enfriar de nuevo. Tened en cuenta que una vez desmoldada la gelatina se pegará al plato en el que lo coloquéis así que hay que hacerlo con cariño. Para facilitar el desmoldado está el viejo truco de poner un trapo empapado en agua caliente unos segundos alrededor del molde. Si aún así no sale, despegad con cuidado un ladito (con la yema del dedo es como mejor se hace para no dejar mucha marca) para que entre aire, que a veces no salen porque hacen vacío y si te pasas con el trapo lo acabas derritiendo todo.

3.- Servido con ensalada de lechuga y perejil y aguacate, pelado como os conté aquí. En vez de en salmón, queda rico envolviendo el huevo en un jamón ahumado bueno, siempre cortado muy fino. Queda también bien acompañado de ensalada de espinacas baby que, además, sirve para jugar al huevo benedictine en frío.

4.- A falta de consommé o caldo clarificado bueno tenéis un producto muy bueno que es ideal para tomarse el atajo: Gelatina al madeira, de Maggi. No suelo recomendar productos artificiales pero esta gelatina es un elemento de mi “fondo de despensa” y que para esta receta hace muy buena labor. La tienen en el supermercado del Corte Inglés, en algunos en la zona normal y en otros en el Club del Gourmet.

5.- Para gelatina en hojas. Normalmente los fabricantes recomiendan usar 10g por cada medio litro de líquido. A mí eso me resulta demasiado gomoso y uso como medida 1 hoja (alrededor de dos gramos) por cada 150ml de preparación principal que encuentro mucho más agradable en la boca, pero es algo más delicado de usar. Si no os fiáis de vuestra habilidad o no habéis usado nunca gelatina os recomiendo que sigáis las instrucciones del fabricante en lugar de las mías porque, además, puede que no os disguste la textura un poco más firme. Si usáis agar-agar bastarán alrededor de4-5 gramos, que habrá que echar al líquido en frío y dejarlos hervir juntos y removiendo un par de minutos.

GRANOLA CON REQUESÓN (CASEROS)

Son dos recetas tiradas de sencillas y que os van a dar para que parezca que sois unos profesionales.

LA GRANOLA

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La granola es parecida al muesli pero algo más elaborada y se diferencia sobre todo por ser crujiente. A mí me parece algo delicioso y desde luego es sanísimo, si tenéis niños es infinitamente mejor darles esto que los cereales de caja por descontado. Os doy la receta como yo la hago pero admite todas las variaciones que se os puedan ocurrir.

Ingredientes para 10-12

– 250g copos de avena integrales

– 100g coco rallado deshidratado

– 80-100g frutos secos pelados al natural variados (el peso variará según qué utilicéis, una taza generosa)

– 30g semillas de sésamo blanco

– 1 cucharadita de canela en polvo, o al gusto

– 25g azúcar integral, o al gusto, sustituíble por otro azúcar que os guste o tengáis a mano

– 2g sal marina fina, o al gusto

– 1 clara de huevo L

– 120ml sirope de agave, sustituíble por miel de caña o miel normal

– 60ml de aceite (uso oliva virgen extra, pero valen otros, le va muy bien el de coco)

Procedimiento

1.- Precalentar el horno a 125ºC con ventilador, o a 150º sin ventilador.

2.- En un bol muy grande mezclamos todos los ingredientes secos, es decir, desde la avena hasta la sal. En un bol aparte se baten la clara de huevo, el sirope de agave y el aceite hasta que esté más o menos homogéneo -puede recordar a un aliño de ensalada- y se vierte sobre los ingredientes secos. Mezclar bien con una cuchara de palo o una espátula de silicona para que todo quede humedecido.

3.- Se forra una fuente de horno o una bandeja de horno que tenga bordes con papel vegetal y se reparte la mezcla aplanando para que tenga el mismo grosor por todas partes. Se hornea entre 50 minutos y una hora, removiendo cada 15-20 minutos para mezclar y distribuir bien el calor. No os preocupe que queden zonas apelotonadas ¡es lo más rico!

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Repartida sobre la fuente forrada, para entrar en el horno

4.- Se deja enfriar en la bandeja pero fuera del horno, una media hora aproximadamente, para que acabe de secarse. Cuando se haya enfriado por completo se guarda en una caja de lata o en una fiambrera hermética, para que se mantenga crujiente. Nunca me ha durado más de diez días, así que no tengo claro cómo aguantaría más tiempo.

Nota: Los frutos secos de hoy son almendras, cacahuetes, nueces y pipas de calabaza. Admite variaciones de todo tipo, pero hay que tener en cuenta estos dos detalles: 1º) si queréis añadir fruta deshidratada (como pasas, orejones, arándanos, etc) hay que hacerlo una vez que haya salido del horno, y 2º) sí hay que procurar mantener la proporción de ingredientes secos / húmedos para entrar al horno, para que no se queme nada y salga con una textura buena.

EL REQUESÓN

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Esta receta es LA receta. No es mía, por supuesto, es un clásico que llevan haciendo las abuelas del mundo entero toda la vida y que tiene algunas variantes y que cada cual hará con un truquillo u otro. Lo mejor, aparte de ser sencillísima y rápida, es que vale para absolutamente todo, os cuento más en las notas. En fin, que es un chollo y además te da para presumir porque la gente alucina cuando les dices que has hecho tú el quesito (a menos que sepan cómo se hace, claro, ahí sólo les sale una sonrisilla cómplice).

Para el brunch de hoy no lo vamos a tener mucho tiempo escurriendo porque queremos una textura más bien suelta. También lo vamos a hacer “natural” pero se puede hacer salado, que queda muy rico. Un plus: el suerito de leche que suelta se puede usar para hacer panes y bizcochos, entre otras cosas.

Ingredientes para 325-350 gramos

– 1 litro de leche entera

– 200ml nata

– 60ml zumo de limón (uno entero o uno y medio, según lo jugosos que sean), sustituíble por vinagre

Material especial

Te hará falta un colador grande y una gasa de cocina para escurrir el requesón. Si no encuentras gasa de cocina puedes usar triple capa de gasa de farmacia o un buen papel de cocina que sea muy resistente.

Procedimiento

1.- Verter la leche y la nata en un cazo y ponerlo al fuego medio. Removiendo todo el tiempo, llevarlo justo a ebullición.

2.- Apartar del fuego para echarle el zumo de limón y volver a ponerlo a fuego medio, removiendo todo el tiempo, durante un par de minutos o tres hasta que veamos que se han formado cuajos en la leche.

3.- Poner el colador cubierto con la gasa encima de un bol grande y verter el contenido del cazo. Dejar escurrir unos 15-20 minutos (es muy probable que tengas que achicar el bol de suero) hasta que tenga una consistencia semi-sólida, que se pueda quenelar pero resulte muy blanda, untable. Guarda en un recipiente cerrado en la nevera al menos dos horas. Bien tapado y en la nevera, aguanta aproximadamente una semana.

Requesón

Capa doble de gasa de farmacia

Notas: Yo lo he usado para hacer: rellenos de mil tipos (de flores de calabacín, de lasaña, de raviolis, incluso para rellenar un coquelet) dips, tarta de queso, tartas saladas, flan, mousse de queso… Y también está rica para tomarla tal cual con fruta, al natural o en compota, o con mermelada sobre tostadas. Si sabéis seguro que lo vais a usar para salado, queda mejor si saláis la leche antes de hacerlo.

– Se puede tener escurriendo tanto tiempo como se quiera, aunque con media hora a mí me parece que está más que de sobra. Hoy ha estado menos porque quería una consistencia un poco más suelta.

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mesaverano

AVISO A NAVEGANTES, por si queréis dejar de leer directamente: esta entrada es un menú “light”. Tenía pensado escribiros una entrada toda de aperitivos y “finger food” para ver partidos en casa con gente y quedar mejor que poniendo patatas fritas y aceitunas. Como he tenido solicitudes varias de menús para la “operación bikini” y una se debe a su público… toca un menú de dieta. Eso sí, que sepa todo el mundo que me parece una crueldad asiática invitar a nadie a comer a casa para comer de régimen así que el menú es sólo para uno. La receta de la sopa sí es de un litro porque es el mismo trabajo y además cae entera sin que se dé uno cuenta. El menú para lucir los trapitos del verano 2014 es:

De primero, Sopa fría de pepino

De segundo, Ensalada Niçoise de incógnito

De postre, Granita de té verde

SOPA FRÍA DE PEPINO

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La receta da para un litro, aunque es una sopa tan, tan, tan light que es posible que alguno considere que sólo da para una persona. En todo caso, es fácil de hacer y de lo más refrescante. Con las proporciones que doy sale una sopa bastante líquida, como para tomarla en vaso, está servida en plato para engañar al pobre comensal y que trabaje un poco el bíceps moviendo la cuchara.

Ingredientes para un litro largo

  • 5 ramitas de hierbabuena, o al gusto
  • 400g de pepino, en este caso, ha sido uno muy grande
  • 700ml caldo de verduras. Podría ser de pollo, pero hay que quitarle bien la grasa
  • 100g queso batido 0%MG, sustituíble por yogur natural desnatado
  • 25ml zumo de un limón (medio, más o menos)
  • Sal y pimienta al gusto

Procedimiento

1.- Empezamos con el único trabajo auténtico que tiene esta sopa: blanquear (escaldar) la hierbabuena. Ponemos un cacito de agua a hervir y cuando rompa echamos las ramitas de hierbabuena. Las hervimos diez segundos y a continuación las metemos en un recipiente de agua con hielo, para que no pierdan el verde brillante. Sé que parece una tontería, pero la hierbabuena se pone negra con mirarla y la vamos a triturar así que, para que la sopa siga bonita, hay que hacerlo.

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Luego se retiran los tallos gruesos.

2.- En el vaso de la batidora ponemos el pepino pelado, el caldo, el queso y las hojitas de hierbabuena, desechamos los tallos gruesos. Se bate todo hasta que esté finísimo (no lo vamos a pasar por el chino ni nada), se rectifica de sal y pimienta y se tiene en la nevera hasta la hora de servir, que tiene que estar helada. Se mezcla con el zumo de limón recién exprimido justo antes de servir.

Notas: Además de con hierbabuena, esta sopa queda rica con albahaca o con eneldo, siempre frescos. La albahaca también hay que blanquearla pero con el eneldo no hace falta.

Si usáis pepino del tipo libanés, también llamado holandés y que venden envuelto en un plástico, se pueden dejar algunas tiras de piel, para dar más cuerpo y más fibra a la sopa, para el color realmente no hace falta, es una variedad que tiene la carne más tirando a verde que a blanca. Si usáis pepino del de la piel de sapo recomiendo pelarlo pero, si queréis usar la piel, también la escaldaría para mejorar algo la textura.

peps

Las ramas de hierbabuena las echo enteras al agua hirviendo pero luego sólo se usan las hojas y los tallos que sean finísimos. Es más fácil retirar las hojitas de la rama ya blanqueada que del agua hirviendo…

Si no os queréis complicar la vida y usáis yogur, no pasa nada por echárselo entero a la sopa, que 25g más tampoco van muy lejos.

primero

Sólo agua con hielo y tres triangulitos de pita integral. No puedo explicar la penita que me da el panorama de esta mesa.

ENSALADA NIÇOISE DE INCÓGNITO

CHIQUI

Si queréis matarme por llamar a lo siguiente “Salade Niçoise” aceptaré que tenéis razón, vista la lata que doy con los nombres de las recetas… Realmente, sólo puedo decir que este plato está inspirado en la ensalada niçoise, pero que cualquier purista me daría collejas por la cantidad de licencias que me tomo. El plato me encanta y lo como a menudo así o incluso con más variaciones, aunque no esté a régimen. Todas las cantidades son variables al gusto, que para eso es una ensalada. La cantidad de aliño es muy generosa, si os gustan las ensaladas más secas os sobrará.

Ingredientes para 1

“Ensalada”

  • 80-100g judías verdes
  • 1 huevo
  • 10 tomates cherry
  • 15-20g de pimiento rojo en juliana
  • 15 aceitunas niçoise
  • 1 filete de atún rojo, del tamaño que quieras comerte
  • Perejil picado

Aliño

  • 2 anchoas en conserva
  • 1 cucharadita de alcaparras (unas 10-15)
  • 1 cucharada de zumo de limón recién exprimido (unos 15-20ml)
  • 1 cucharadita de mostaza de dijon
  • 30-40ml aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta al gusto (yo no le pongo sal)

Procedimiento:

1.- Si las judías son anchas, las cortamos en juliana y, a continuación, las cocemos como os expliqué en el primer batallón de domingo. Resumo el procedimiento: se ponen en una cacerola de agua salada y con una pizca de bicarbonato que ya esté hirviendo a borbotones y se cuecen destapadas unos 5 minutos (o hasta que tengan el punto que os guste). Se sacan, se enfrían rápidamente y se dejan escurriendo hasta que las vayamos a utilizar. Se pueden tener hechas y guardadas en la nevera con dos días.

2.- Hacemos un huevo duro. Por si acaso, os cuento cómo lo hago yo, que es una forma que gasta poca energía y además deja la clara con una textura bastante buena, nada gomosa y nunca sale con borde verde alrededor de la yema: Ponemos el huevo crudo en un cazo pequeño con agua fría suficiente para que esté bien cubierto. Se pone a fuego fuerte y, cuando arranque el hervor, añadimos una cucharadita de sal. Se tapa el cazo, se retira del fuego y se deja reposar dentro y sin tocarlo 10 minutos pasados los cuales se saca el huevo y se pone en agua muy fría para que no se pase. Se puede quedar en el agua fría con la cáscara ligeramente cascada hasta que estemos listos para usarlo.

HUEVO

Es un huevo L. Si os gusta con la yema más blandita, tenedlo 8 minutos (como está hecho con mucha antelación y para tomarlo en frío, lo prefiero con este punto). Si la queréis completamente hecha, 12 minutos.

3.- Para hacer el aliño se pican finamente (con cuchillo o en una picadora) las anchoas y las alcaparras y se mezclan con todos los demás ingredientes.

Aliño

Como me gusta con un poco de textura, lo hago a cuchillo y se queda de este tamaño.

4.- Se hace el atún a la plancha. Me gusta tratarlo exactamente igual que la carne: se pone una sartén a fuego fuerte con algo de sal gorda y se unta el atún ligeramente con aceite de oliva. Sabremos que la sartén está lista porque empezará a humear y la sal crujirá un poco, puede que incluso salte. En este momento se hace el atún a la plancha alrededor de 40 segundos por lado, el tiempo dependerá del grosor del atún y de cómo de crudo os guste. Se saca de la sartén y se pone a reposar mientras montamos la ensalada.

5.- Se mezclan las judías, los tomates cortados en dos, las tiras de pimiento y las aceitunas. Se rocía con algo de aliño y se revuelve antes de pasarlo al plato. En el centro se pone el atún a la plancha, el huevo cortado en dos y se espolvorea con el perejil picado. Se rocía con algo más de aliño y se sirve inmediatamente.

Notas: Si no encontráis aceitunas de Niza (o niçoise), se pueden usar kalamatas o de Aragón. Sólo pido que no uséis las negras zahínas ésas de bote infames. Para eso, mejor unas manzanillas con hueso.

Lo que tiene el huevo duro por encima no es pimienta, sino “alma de caviar”, un productazo al que me he enganchado por completo y que es un chute de umami importante. Si un día tengo tiempo, ya os contaré.

GRANITA DE TÉ VERDE

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La verdad verdadera es que, cuando estoy a régimen, no tomo postre porque procuro no hacer mezclas de alimentos extremas pero pasadas tres horas ya estoy tomando un yogur o algo así. Como no podía dejaros sin una receta, comparto esta “granita” (como un granizado, sólo que menos fino) que es algo que sí consideraría tomar de postre y, además, encuentro que es muy propio para la operación bikini por aquello de que es de té verde y que comer cosas frías se supone que acelera el metabolismo… En cualquier caso, sabed que esta receta no está mal como limpia paladar si no se le pone mucho agave y suele gustar a bastante más gente que el clásico sorbete de apio.

 Ingredientes:

  • 1 cucharada de té verde (o un sobre)
  • 150ml agua hirviendo
  • 1 cucharadita de sirope de agave, o al gusto

Procedimiento:

1.- Hacer una infusión con el té verde y el agua y dejar reposar 3 minutos. Colarla (si no usáis de bolsita) y mezclar bien con el sirope de agave.

2.- Verter el líquido en un recipiente que pueda meterse en el congelador y en el que vaya a estar bien repartido, haciendo una capa que no levante más de 1-2cms. Meter en el congelador cuando temple un poco. Pasada 1 hora, sacarlo para remover y rascar bien con un tenedor, aplastando los cristales demasiado grandes con la parte convexa de los dientes si hiciera falta. Volver a meterlo en el congelador y repetir al cabo de hora y media. Dejarlo en el congelador hasta la hora de servir y darle un meneíto más justo en el último momento. Se puede hacer con un par de días de antelación.

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Después de una hora en el congelador

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Lista para volver al congelador otra hora y media o dos antes de marearlo otra vez.

Notas: Si tenéis una batidora bien potente, podéis congelar el té en cubitos y triturarlos en la batidora. Si no estáis a régimen, probad a tomarlo con un chorrito de ron y otro de lima 😉

Uso sirope de agave (siempre ecológico) porque endulza mucho y tiene un índice glucémico bajo, aparte de las mil propiedades buenísimas que se le atribuyen pero podéis usar estevia, aspartamo o el endulzante que os parezca bien.

Ojo con el recipiente del congelador: para la foto he usado el que véis porque quedaba más mono y se veía mejor el fondo, pero os recomiendo usar uno que tenga los bordes más altos porque con el rascado saltan los hielitos por todas partes y se podrían escapar.

 

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Repito “batallón de domingo”, espero que no os importe pero me resulta mucho más fácil aprovechar las recetas que efectivamente se hacen en casa para fotografiar, cronometrar y apuntar los detallitos que no tengo en mi libreta de recetas. No os preocupéis porque a pesar de no tener primero y de saltarme el pollo os daré cuatro recetas: tres guarniciones y un postre. Nuevamente el horno va a ser muy usado -aunque esta vez tiraremos más de sartén- y procuraré daros consejos para coordinar bien los tiempos. Además, una de las guarniciones puede hacerse con mucha antelación, otra se hace en tiempo récord y el postre -de horno y sartén- nos lo podemos tomar con calma y empezar a hacerlo “por partes” un día o dos antes. Aunque es un postre sencillísimo y no hace falta, no está mal saber que puedes dividir y vencer… No me enrollo más y os cuento el menú:

Pollo asado (la receta más sencilla que conozco la compartí en el batallón de domingo original)

con:

Gratin Dauphinois

Chalotas braseadas

Guisantes a la francesa

Crumble de manzana

GRATIN DAUPHINOIS

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A continuación, transcribo una conversación real, bueno, escenificación de la misma porque es vieja y no recuerdo detalles.

– Champs: “Cómo apetece un buen gratin dauphinois con este tiempo, ¿a que sí?”

– Anónimo: “Sí… con su quesit-“

– Champs: “NOOOOOO” (sospecho que va con cara de endemoniada)

Igual que la quiche lorraine no lleva cebolla, el gratin dauphinois no lleva queso. Punto. Las cosas son lo que son y no lo que tú las llames, os lo puede confirmar Beatriz que para eso es abogado. Además, no le hace falta porque el gratinado se produce por la fécula de la patata. La proporción leche-nata se puede alterar al gusto de cada cual, cuanta más nata, más sal pedirá el guiso y menos sano será… Hace falta una fuente de horno de unos 2L de capacidad para las cantidades que doy aquí. Se puede hacer sólo al horno pero el método que comparto, a pesar de usar un cacharro más, me parece más eficiente y más rápido.

Ingredientes para 6 personas

  • 1kg patatas (suelo usar variedad monalisa, que es muy versátil)
  • 600ml leche entera
  • 1 diente de ajo
  • 100ml nata, o al gusto
  • Sal y pimienta negra al gusto

Procedimiento

1.- Se lavan y se pelan las patatas. Si después de peladas les quedara suciedad se vuelven a enjuagar y ésta será la última vez que toquen el agua o nos cargamos el gratin. Una vez preparadas deberían quedar entre 750 y 850 gramos, más o menos.

2.- Se corta el ajo en dos y se usa el corte para frotar bien la fuente de horno. A continuación se echa en una olla junto con la leche. Se añaden a esta olla las patatas cortadas en láminas de unos 3mm de grosor (uso mandolina, ahora o nunca) y se pone todo a cocer a fuego lento, esto último fundamental para que no rebose la leche pero también para que no se rompa la patata -en este momento es cuando suelo poner el horno a precalentar, 200ºC, arriba y abajo sin ventilador-. Que la leche no hierva fuerte, que haga sólo temblor durante unos 13-15 minutos desde que empieza el hervor (insisto, levísimo), si quieres acelerar, tapa al principio hasta que comience a temblar y luego sigue con la olla destapada hasta que la leche parezca una béchamel clarita y las patatas estén algo tiernas, pero claramente crudas. Al principio puede parecer que falta líquido pero en cuanto se calienta la patata se ablanda y alcanza para todas.

3.- Con una espumadera y un poquito de cuidado para no romper la patata vamos haciendo capas: se ponen las patatas, se salpimienta y se rocían con algo de nata, así hasta acabar con todas las patatas y la nata. La leche de cocción habrá ido cayendo un poco con las patatas pero debería quedar bastante, que se echará toda por encima porque queda más jugoso y da un gratinado más bonito, ya que es donde la patata ha ido soltando la fécula. Sólo se desecha el ajo, aunque si os encanta se puede dejar (hay veces que ni se ve).

4.- Meter en el centro del horno ya caliente y hornear 40-45 minutos, las patatas deben estar muy tiernas y la parte de arriba gratinada. Se sirve caliente pero sin agobios, que es un plato que aguanta muchísimo el calor. De hecho, algo de reposo le viene fenomenal porque la patata absorbe el líquido y queda más jugosa, aparte de que se puede hacer un corte más limpio para servir.

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Notas: que la variedad de patata no os dé dolor de cabeza, pedid a vuestro frutero patatas “de todo uso”. Para no perder ni gota de la fécula de la patata, una que es un poco friki pone la mandolina encima de la olla con la leche y ahí mismo voy cortando las patatas. Los tiempos pueden variar ligeramente en función del tipo de patata que se use.

Lo de poner el ajo a cocer con las patatas es perfectamente opcional. También hay quien le pone nuez moscada, si sois moscaderos, adelante. Si queréis usar más proporción de nata, no quitéis leche en la cocción porque hace falta toda, simplemente no la añadáis toda a la fuente del horno.

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Para coordinar el horno con el pollo hago lo siguiente: uso el horneado del gratin como precalentamiento del horno para el pollo, reposa el gratin una hora larga mientras subo el horno y hago el pollo. Con el pollo ya reposando y mientras trincho, vuelvo a meter la fuente de las patatas tapada con aluminio y con el horno apagado para que llegue todo bien caliente a la mesa. Normalmente no me gustan las patatas de un día para otro pero este gratin y la tortilla de patatas son mis dos excepciones a la regla (encuentro que admite hasta recalentado muy decentemente).

CHALOTAS BRASEADAS

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No están todas, me quedé sin cacharros de servir de buen tamaño.

Estas chalotas me encantan porque se pueden hacer con mucha antelación, lo que las hace ideales para recibir (ya son un estándar de la comida de Navidad, por ejemplo). Odette las hacía con más vinagre y añadiendo bastante azúcar, quedaba una auténtica conserva que embotaba. Yo prefiero el sabor más fresco y menos dulce de mi versión que, aunque no da para una conserva de verdad, aguanta bastante en la nevera entre el vinagre, el azúcar el clavo y el laurel. De hecho, las arriba están hechas con tres días y vueltas a hervir… por eso se ven con mucho menos líquido que en la foto de abajo del todo, siempre se puede añadir líquido para recalentar.

Ingredientes para 6 personas

  • 50g de mantequilla, se puede cambiar todo o parte por aceite de oliva
  • 1kg Chalotas peladas y partidas a lo largo en 2 ó 4, como en esta receta de solomillo de cerdo
  • 2 dientes de ajo, o al gusto, triturados
  • 200-250ml vino tinto razonable
  • 1 clavo de olor
  • 1 hoja de laurel fresco, o un trocito de hoja de laurel seco
  • 60ml vinagre de jerez
  • 20-30g azúcar moreno (una cucharada sopera bien colmada), o al gusto, sustituible por azúcar blanco también al gusto.
  • Sal y pimienta al gusto

Procedimiento

1.- En una sartén bien grande se pone la mantequilla a fuego medio-bajo a calentar. Mejor ponerla en varios trocitos, que se derrita uniformemente y tarde menos. En cuanto esté derretida y antes de que empiece a hacer espumita se añaden las chalotas y el ajo con algo de sal para rehogarlo muuuuuy lentamente porque queremos que queden bien blanditos y no se doren, si ves que “bailan” baja el fuego. Puede llegar a 3/4 de hora si no lo tapáis, alrededor de 20-25 minutos si se tapan. Espero que esto no desanime a nadie, con el fuego bien bajo tampoco hay que estar excesivamente pendiente y se pueden hacer otras cosas, sólo hay que dar un meneíto de vez en cuando.

chalotas

Aspecto de las chalotas listas para recibir el vino, 20 minutos tapadas.

2.- Añadir el resto de los ingredientes salvo el vinagre y el azúcar y, en cuanto alcance el hervor, tapar y cocer así a fuego lento unos 20 minutos. Destapar y añadir el vinagre y el azúcar, subir ligeramente el fuego y cocer destapado hasta que quede poco líquido con consistencia como de almíbar, otros 15-20 minutos.

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Listas. Estuvieron exactamente 17 minutos.

3.- Retirar el laurel y el clavo y rectificar de sal y pimienta. Servir caliente.

Notas: Encuentro que para este braseado es perfecto un crianza de rioja que sea decentito y no demasiado afrutado, pero es preferencia mía por el puntito ése de acidez que va muy bien aquí y los taninos son menos fuertes que, por ejemplo, en un Ribera de categoría similar. Si sois de vinos más fuertes o lo que tenéis a manos es un Valdepeñas no merece la pena salir a buscar el Rioja, pero a lo mejor os interesa añadir, además del vinagre de jerez, un poquito de vinagre balsámico. Id probando y que quede a vuestro gusto, que es la forma de no equivocarse.

Se pueden hacer añadiendo algo más de vino y así pueden hacer función de guarnición/salsa, que está bien para los casos en que se nos ha quedado el pollo (o el rosbif o la pata de cordero o el lomo de cerdo) con poca salsa.

Para la mantequilla/aceite: la mantequilla tiene que estar derretida cuando entren las chalotas en la sartén pero el aceite puede estar frío.

GUISANTES A LA FRANCESA

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Clásico acompañamiento de carnes y plato de primavera, lo hago sin bacon porque encuentro que con la mantequilla ya tienen suficiente grasa y, puestos a renunciar, renuncio al lardon (siguen siendo “a la francesa” a pesar de ser vegetarianos, conste). Si se hace con guisantes congelados, que los venden buenísimos, es el típico plato que se hace en un ratito porque se ahorra mucho trabajo: si se usan guisantes frescos hay que sacarlos de sus vainas -como es natural- pero también darles un blanqueado previo, que ya traen de serie los congelados. Aparte, si usas guisantes congelados puedes tomar el plato en invierno, que acompañando un buen asado o unas carrilleras estofadas queda fenomenal. Aviso que mi versión es un poco distinta -aunque tampoco una cosa loca- porque le pongo mucha lechuga y la uso en dos momentos distintos.

Ingredientes para 6 personas

  • 75g mantequilla sin sal, preferiblemente fría y en trocitos para usar en dos golpes. La primera parte se puede sustituir por aceite de oliva pero la segunda encuentro que no.
  • 100g cebolleta en brunoise (sustituible por cebolla normal o chalotas en invierno)
  • 1kg guisantes congelados
  • 200g lechuga, para usar en dos golpes (son tres cogollitos, el peso lo pongo por si tenéis otro tipo de lechuga, que se puede usar sin problema) cortada como se explica en el paso dos
  • 200ml de caldo o agua hirviendo o muy caliente (ver notas, paso 3 y foto)
  • Sal y pimienta al gusto
  • Opcional, perejil picado para decorar o cualquier hierba que os guste

Procedimiento

1.- En una sartén o en una olla baja en la que vaya a caber todo se calienta a fuego medio la mitad de la mantequilla o el aceite y se añade la cebolleta para hacerlas sudar hasta que estén translúcidas y no cojan color, unos 5-8 minutos según lo fresca y lo fina que esté picada. Sobre el corte: como es muy poca la hago a cuchillo pero la hechura no es importante así que quien prefiera que no dude en usar el robot.

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Fresquísima y de este tamaño estuvo lista para el paso 3 en 4 minutos.

2.- Mientras tanto vamos picando la lechuga. Como uso cogollos los parto en dos y, apoyando la parte plana sobre la tabla les hago uno o dos cortes a cada mitad a lo largo y luego tiritas finas transversalmente (si quedan demasiado largas las tiritas luego es más latoso de servir y de comer decorosamente).

3.- Se añade la mitad de la lechuga y se rehoga con la cebolleta hasta que se ablande, alrededor de un minuto. A continuación, se añaden los guisantes congelados y se sube el fuego a tope. Se mezcla bien todo el contenido de la sartén y se añade el caldo justo para que estén los guisantes “regados” y el hervor del líquido se retome casi inmediatamente. Dependiendo del recipiente que uséis, de vuestro gusto y de la calidad y variedad de los guisantes, éstos tardarán más o menos en hacerse, entre 4 y 10 minutos hirviendo fuerte. La cantidad de líquido de la lista de ingredientes es la que me ha hecho a mí falta para hacer estos guisantes extrafinos en una cacerola de 26cms diámetro. Pongo una foto para que os hagáis una idea de cuánto se le debe echar para que no quede demasiado líquido al final.

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4.- Con los guisantes justo hechos, se añade el resto de la lechuga y se mezcla bien, a los 30 segundos se apaga el fuego y se añade a la sartén la mantequilla fría, para que dé un brillo bonito y untuosidad, se corrige de sazón y, si se usa, se espolvorea con el perejil picado para servir.

Notas: Es importante que el caldo esté hirviendo porque los guisantes no deben estar en agua fría, de ahí también que se suba el fuego cuando se añaden a la sartén. Si os parece que aún les falta tiempo y que hay que reponer líquido, que sea siempre hirviendo o casi para que no se encallen.

Lo de la lechuga en dos golpes es por lo siguiente: la que pongo al principio se deshace y “engorda” un poco el guiso, además de soltar un puntito amargo que encuentro que va fenomenal con el dulzor del guisante. La lechuga del final, en cambio, no debe estar mucho tiempo al fuego para que siga algo crujiente y para que no suelte agua, que dejaría la guarnición empapuzada (aunque hay a quien le gusta mucho ese liquidito o también, si te has pasado, los puedes colar antes de pasarlos a la fuente de servir). Si prefieres usar menos, usa sólo la lechuga del paso 4.

Si tienes la cebolleta ya cortada, la lechuga preparada (y metida en un bol con agua fría para que no se oxide ni se mustie) y el caldo o el agua hirviendo lo haces en un segundo mientras reposa el pollo y te sobra tiempo. Recomiendo probar esta receta para acompañar una pierna de cordero asada sustituyendo el perejil por menta.

CRUMBLE DE MANZANA

crumble

Me parece el postre de batallón por excelencia porque lo tiene todo: es facilísimo y se puede duplicar o triplicar la cantidad sin más complicación que la de encontrar una o varias fuentes de horno en las que quepa bien; puedes hacerlo casi todo con bastante antelación; se toma caliente, templado o a temperatura ambiente; admite recalentado; admite todas las variaciones y tuneos que se te puedan ocurrir, incluyendo la sustitución de la manzana por otra fruta; no es caro… vamos, que es como para preguntarle si tiene un hermano soltero. La única “complicación” que tiene es que hay que enfriar la manzana antes de ponerle el crumble, como en muchos otros postres de horno.

Usa la variedad de manzana que prefieras, a mí me gusta mezclar y ésta es mi combinación favorita: Granny Smith por la acidez y textura crujiente; Reineta por su aroma, acidez alta y porque se deshace como en puré; y Golden o Pink Lady para usar una variedad dulce que aguante el cocinado manteniendo la forma.

Es interesante tener un robot para esta receta, pero no es en absoluto imprescindible.

Ingredientes para 6 personas

Relleno

  • 25g mantequilla
  • 1’25kg manzanas (peso de la fruta sin preparar)
  • 50-60ml agua (dos o tres cucharadas soperas)
  • 20g azúcar moreno (una cucharada sopera)
  • 1/2 cucharadita de postre de canela molida, o al gusto
  • Opcional, 1 cucharadita de postre de maicena y más agua para diluírla

Crumble

  • 90g harina común
  • 40g frutos secos al gusto (hoy he usado avellanas tostadas y almendras blanqueadas)
  • 50g azúcar moreno (orientativo, no es una masa de medidas muy estrictas y se puede usar blanco)
  • 70g mantequilla fría y a cuadritos
  • Pizca de sal (a menos que la lleven los frutos secos)

Procedimiento

1.- Empezamos siempre por el relleno, porque tiene que estar frío antes de ponerle las migas encima. Podemos hacerlo hasta con dos días de antelación y guardarlo en la nevera. Elegimos una sartén con tapa en la que quepa la manzana y la ponemos al fuego medio con la mantequilla. Vamos pelando, descorazonando y troceando las manzanas como en la foto y las incorporamos al fuego y las tapamos según las vayamos teniendo listas, la primera suele estar justo a tiempo con la mantequilla recién derretida. Me gusta empezar con la reineta, que se hará puré.

manzana

2.- Cuando tengamos casi la mitad de las manzanas en la sartén se añade el agua, el azúcar y la canela. Es importante que el fuego no esté muy alto para que no se peguen al fondo, también conviene tapar la sartén para que el agua que sueltan las manzanas se condense y caiga encima. Cuando estén todas las manzanas (termino con la Golden) se remueve un poquito, se tapa y se cocinan juntas unos cinco minutos. En este punto, si se usa, se disuelve la maicena en algo de agua y se rocían con esta mezcla las manzanas, se revuelve un poco y se retira del fuego. En total, de principio a fin, mi sartén estuvo al fuego 16 minutos. En el fondo depende de cómo de rápido prepares las manzanas. Lo hago así por comodidad y por tener distintas texturas en el relleno, pero se pueden poner todas de golpe y en ese caso estaría listo con unos 8 minutos de lumbre. Se reserva; puede estar hecho con un par de días de antelación.

3.- Si tenemos un robot metemos en él la harina con los frutos secos y le damos unas vueltas a velocidad alta para que la harina se suelte y los frutos secos se piquen. A continuación, se añade el azúcar y se mezcla un poco. Por último, añadimos la mantequilla y vamos dando golpes esporádicos hasta que se formen bolitas. Reservamos en la nevera. También puede estar hecho con un par de días.

4.- Relleno sin robot: se pican a cuchillo los frutos secos y se añaden a la harina y al azúcar en un bol donde se mezclan bien. Por último, añadimos los trocitos de mantequilla y vamos pellizcando con los dedos hasta que se formen bolitas. Reservamos en la nevera. También puede estar hecho con un par de días.

5.- Precalentamos el horno a 200ºC arriba y abajo. Cuando esté caliente, en la fuente de horno vertemos primero la manzana y distribuimos por encima las migas sin apretar. Horneamos en el centro durante 35 minutos o hasta que veamos que las migas están tostaditas y que la fruta burbujea un poco.

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Notas: En esta ocasión lo he servido a temperatura ambiente porque no hacía día de postre muy caliente. Los elementos estaban hechos de víspera y el postre entró en el horno tranquilamente al final de la mañana el día del almuerzo.

Se puede prescindir del cocinado previo de las manzanas, pero en este caso hay que usar unos 20 minutos más de horno a 180ºC y tengo visto que la parte de arriba sale menos crujiente. Además, la mezcla de manzanas cocinada es buenísima para tomar también sola como semi compota (con yogur griego o mascarpone, por ejemplo) o para rellenar unos hojaldritos como los del brunch de invierno y hacerte unos apple pies individuales.

Si hay alérgicos a los frutos secos, la parte de arriba se puede hacer sustituyéndolos por avena en copos. Nunca salvado de avena, sino avena-avena.

Se puede acompañar de lo que se quiera, que todo le va bien, con este tiempo suelo decantarme por el helado de vainilla, en otoño-invierno por la crema inglesa y cuando estoy en modo gorda con nata o mascarpone batidos con vainilla.

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