Maison Jansen

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“Parte de la hegemonía comercial del imperio fenicio” me cuenta Pantaleón “se debe a un molusco”

Y yo que quería hablar de conchas de las que se cogen en la playa, todas rotas e insulsas, pero amorosamente tuyas por haber sido recolectadas con tus propias manitas … Y aquí estamos, con el imperio Fenicio, sin haber siquiera terminado el mes de Agosto.

Vía Veranda, Julio 2017

“El murex brandaris” prosigue el mono sin inmutarse “es un univalvo de hermosa caracola con una glándula que segrega un pigmento que tiñe los paños de púrpura”.

¿Ha dicho “univalvo”? Sí, lo ha dicho. Y no lleva ni un párrafo aún. Pero me concentro… estabamos en los fenicios que tenían una caracola que teñía las cosas de morado. Sorry, púrpura.

“Pero no de cualquier púrpura” continua Pantaleón “¡del mítico púrpura de Tiro! El llamado púrpura imperial. “¡El púrpura de los dioses! El púrpura de las franjas de las togas de los senadores romanos. El púrpura de las velas de la nave de Cleopatra, reina de Egipto…”

Vamos, un purpura molón que parece sacaban de la caracola de marras y que descubrieron de casualidad cuando el perro de alguién (en unas historias es el perro de Hercules y en otras el de la mujer de un gobernador de Tiro) mordió una caracola y se le quedaron la boca y los bigotes teñidos de morado.

Máscara de conchas de Thomas Boog, París. www.thomasboog.com

“Plínio el viejo, que es como el Google de la antigüedad, porque sabe de todo” prosigue Pantaleón “cuenta que hacían falta 10.000 caracolas para obtener un gramo de tinte púrpura y que eso apenas daba para teñir el borde de una túnica …. A cambio, la longevidad del púrpura de Tiro era legendaria: más de dos siglos más tarde ni el lavado ni el uso continuo aclaraban ni alteraban el profundo e intenso morado escarlata que daba a los tejidos. Los fenicios se hicieron ricos y famosos con su monopolio”

“Así que las caracolas sirven para teñir cosas?” digo, por decir algo, vamos, sólo por interrumpir.

“Ese sólo es uno de los múltiples usos de los moluscos” dice Pantaleón “esos fascinantes y extraños animales que han llegado a nuestros días prácticamente inmutables desde la prehistoria….” Esto se nos está yendo de las manos: se me ha puesto en modo catedrático de concología y ya no hay quien le pare….

Cuchara, siglo XVI, Victoria and Albert Museum

“Los moluscos bivalvos fabrican dos conchas iguales unidas por una especie de bisagra” dice el muy pedante “En la antigüedad algunos de ellos eran utilizados como efectivísimas pinzas depiladoras. En algunas islas del pacífico trozos de concha servían de armas, cuchillos, agujas, cucharas y hasta biberones improvisados. En Africa Occidental el caurí fue durante siglos moneda de cambio con la que se compraban suministros a los árabes y se vendían esclavos. Pero lo cierto es que las conchas de las frías aguas del Atlántico son conchas aburridas, y sólo fue con las nuevas rutas hacia las Indias y el descubrimiento de (o más bien topamiento con) América, que comenzaron a llegar a Europa las conchas y caracolas de aguas cálidas, mucho más coloridas y alegres…”

Aplique Maison Jansen

Obeliscos de concha de Tess Mosley

Con ellas, principalmente con los nautilus, los holandeses y alemanes, muy buenos orfebres ellos, empezaron a crear “copas” de la abundancia hechas de nautilus montados en bronce…

Del Ashmolean Museum de Oxford.

Cornelis Floris, siglo XVI

Wenzel Jamnitzer, 1550, Museo Kunsthistorisches, Viena.

“¿Es eso un nautilus?” pregunto “¡Pero si es blanco! Yo pensaba que todos los nautilus tenían rayas color cobrizo….!”

Wenzel Jamnitzer, siglo XVI

Versión actual, Klaus Dupont Berlin, www.klaus-dupont.com

“Y las tienen” confirma Pantaleón “pero si los sometes a un tratamiento con un ácido especial la capa exterior desaparece y queda el caparazón interior de madreperla”.

El siglo XVII fue el siglo de oro de las artes decorativas sobre caracola. En paralelo, surgía en Europa la fiebre del ya archifamoso “cabinet de curiosités”…

Casa de Thomas Boog, Elle Décoration (Francia) 2009

“Sinceramente” dice Pantaleón “a mi esto del gabinete de curiosidades siempre me ha parecido una marranada. Esos armarios atiborrados de bichos disecados, pájaros medio desplumados y demás cochinadas acumulando polvo francamente, me horripilan”.

Corona de conchas sobre biombo negro

Creel and Gow, Nueva York. www..creelandgow.com

Yo no sé si lo pondría todo junto pero muchos de los elementos que forman el “gabinete de curiosidades”, los corales, las mariposas, el cuerno de narval, el esqueleto de una langosta, me parecen absolutamente fascinantes. Se pusieron de moda en la época en la que partían de la metrópoli las grandes expediciones y llegaban noticias de descubrimientos botánicos, animales fantásticos, bestias marinas, minerales desconocidos, fascinantes caracolas… En los siglos XVII y XVIII el hombre ensanchaba a diario la frontera del conocimiento y eso se mezclaba aún con la superstición y leyendas de las tinieblas de la Edad Media. Convivían el álgebra y la alquimia, la matemática y la nigromancia, la ciencia y la magia. Unos estudiaban las construcciones calcáreas de las caracolas, otros anunciaban con el mismo tono de voz que Iker Jimenez en “Cuarto Milenio” que la sección de la concha de un Nautilus sigue la espiral aurea de los números de Fibonacci…

Espejo y consola de conchas

Todo ello contribuía a la fascinación del ser humano con los esqueletos de los moluscos. Porque eso son las conchas: caparazones externos que construyen los moluscos para protegerse de sus depredadores. Esqueletos fascinantes.

Espejo de conchas y amatistas, Christas South Sea Shells, Florida

Y del cabinet de curiosités que exhibía las conchas al “por menor” pasaron a la obsesión por la cantidad. Ahora que ya todos tenían conchas, se trataba de saber quien tenía más. Y así, llegó el Rococó. Llegó, según los libros, como antídoto a “los excesos del barroco” pero el Rococó, cuyo nombre mezcla la palabra “rocaille” (piedras) con “coquille” (conchas), es un exceso en sí mismo.

Se obsesionaron con la forma de la concha cuyas proporciones y aspecto copiaban hasta la saciedad….

Axel Vervoodt

y no contentos con copiar empezaron a “alicatar” espacios enteros de concha y así llegaron a uno de los inventos más absurdos del siglo XVIII (y parte de los otros): el grotto.

Cilwendeg House, Pembrokeshire

Sans Souci, palacio de Federico el Grande

Palazzo Borromeo, grotto de conchas.

¿Qué es un grotto? Una caverna o gruta artificial forrada de conchas, piedras de colores y caracolas, con motivos marinos, estalactitas, estalacmitas y alguna que otra estatua de deidades de mares y ríos. ¿Raro verdad? Pues en la alta sociedad del siglo XVIII tener un grotto era más necesario que ahora tener WiFi. Los hay por todas partes…

Neues Palais, Postdam

Woburn Abbey Grotto

“Algunos son fascinantes” dice Pantaleón “otros, la verdad, dan un poco de dentera. Porque, francamente, en materia coquille las hay bonitas y las hay asquerosas. Y nada que se construya con mejillones puede tener buen futuro…”

Pared de Mejillones, Susie MacMurray, Lo encontramos bastante repugnante… ¿qué opinais?

Goodwood House, el grotto de la Duquesa de Richmond

Los eruditos dicen que el grotto marca el principio y el fin del Rococó porque inician el camino al neoclacisimo: su inspiración viene de los clásicos romanos, de los “ninfeos” o grutas en honor a las deidades acuáticas que se construían, al principio, en grutas naturales cercanas a las costas…

Luis de Baviera, grotto de Linderhof con lago subterraneo incluido. En esto de hacerse castillos nadie superaba a Luis…

The Residenz en Munich, Grotto.

Hacerse un grotto o un ninfeo es caro, pero a pesar de esto, se siguen creando a día de hoy. Un ejemplo es la foto con la que comienza el blog, del número de julio de 2017 de la revista Veranda. Hay gente que se gana la vida pegando conchas en las paredes. Por ejemplo Blott Kerr-Wilson (www.blottshellshouses.com), o una artista americana que se llama Donna Moss y otra que se llama Cathy Jarman en Savannah (entre otros muchos). Otros se lo hacen ellos sólos…

Lilian y Ted Williams son unos señores americanos que se han hecho esto en su casa de la Provenza

Claro que la ingente cantidad de conchas y caracolas necesarias y el trabajo manual que implica el hacerse un grotto lo convierten en un capricho muy extravagante. Ya lo era en el siglo XVIII, así que los ingleses, siempre prácticos, se pasaron ya desde el XIX, a las manualidades de conchas…. Peligroso arte que pervive hasta nuestros días.

Esto es obra de una señiora que se llama Jane Pownoll, mujer de un marino, que empezó a hacer manualidades con conchas ya en 1770, año del que data esta replica de Sharpham House hecha con conchas.

“Esto de la concha es un tema delicado en el que es más necesario que nunca ejercitar el buen juicio “dice Pantaleón “Hay que tener respeto a la concha: no hay NADA más hortera que la concha desmadrada…”

Y no le falta razón, de lo sublime a lo horrible hay solo un paso. Sublimes son, en mi opinión, los apliques de Jansen

Los pendientes de Seaman Schepps y llos broches de Verdura…

Seaman Schepps

Fulco di Verdura, minaudière, broche y colgante

Sublimes me parecen algunos de los bustos cubiertos de conchas que se venden hoy en día…

And George (www.andgeorge.com)

 

Rooney Robinson Antiques

Y preocupantes son otras cosas que se ven por ahí y que, sin embargo, también levantan pasiones…

Alexander Mcqueen, de la exposición Savage Beauty en el Metropolitan Museum of Art

Thomas Boog hace maravillas con las conchas pero este cabecero de mejillones que ha colocado en su casa nos da un poco de dentera… Vïa Elle Décoration (Francia) 2009

Todo esto necesita, creemos, un segundo capítulo dedicado a los “frutos del mar” en la decoración, las dudas que presentan y lo que se puede hacer tras el verano con una pistola de pegamento y unas cuantas conchas…. y lo que posiblemente no se deba hacer nunca en aras a preservar el buen gusto.

Así que os emplazamos para aprovechar los últimos días de Agosto recolectando conchas y, si os apetece, leer la semana que viene el último y definitivo fasciculo sobre los amigos de Bob Esponja.

Hasta entonces esperamos vuestros comentarios e historias, filias y fobias, sobre el apasionante mundo del molusco!

 

 

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Pantaleón ha vuelto. Subo a verle y llego justo a tiempo de oirle decir al teléfono: “Pues claro, daarling, como sabes, yo soy TOTALMENTE jansenista”. Al oirlo me dá tal ataque de tos que de poco me atraganto. ¿Jansenista? ¿Pantaleón??? ¡Lo que me faltaba por oir!

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Villa Perosa, de los Agnelli, cerca de Turín. Pasillo redecorado por Marella Agnelli con la ayuda de Stephane Boudin de Maison Jansen. Vía AD Estados Unidos.

Al llegar al salón descubro al mono semi tumbado en su chaise longue, copita de champagne en una mano y macaron de frambuesa en la otra, con Abelardo sentadito en un taburete bajo a su lado, toalla en ristre, haciéndole los pies.

El duque y la duquesa de Windsor en su casa del Bois de Boulogne, decorada por Stephane Boudin con muebles de Maison Jansen

El duque y la duquesa de Windsor en su casa del Bois de Boulogne, decorada por Stephane Boudin con muebles de Maison Jansen

“Bella y representativa imagen de un jansenista confeso” le digo irónica.

“Darling!” dice el mono ” veo que, como de costumbre, no te has enterado de nada: a ver, ¿qué entiendes tú por jansenista, querida?'”

“Lo que todos” contesto “un hereje aguafiestas vestido de negro, de rigurosa y estricta moralidad, que no cata el alcohol, desconfía de los placeres de la carne y opina que estamos predestinados a la hoguera y el fuego eterno.  Vamos: tu viva imagen.” 

“Ah, pero eso es un Jansenista de los de Jansenio, daarling” me dice el mono con tono displicente “y yo no soy de esos, no. La pacatería en general me aburre, y la pacatería herética me produce migrañas. Yo no soy Jansenista Jansenio, ¡soy jansenista de la Maison Jansen!”

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Cama de campaña en hierro y bronce dorado de Maison Jansen.

Escritorio Jansen. Vía Elle Decor

Escritorio Jansen. Vía Elle Decor

“Mesón Yan-sán” repite Abelardo por lo bajini, mientras lima la uña del dedo gordo, como esforzándose en recordar el nombre una nueva deidad.

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Espectacular aplique en tôle y conchas marinas de Maison Jansen.

Y no le falta razón, porque si es que si hubo una deidad decorativa en el siglo XX, un líder indubitado, un precursor de la globalización, esos fueron sin duda los chicos de Jansen. La maison la fundó a finales del siglo XVIII un francés de origen holandés llamado Henri Jansen. Pero la existencia de este señor es puramente anecdótica. Quienes dieron renombre a la maison y la convirtieron en referente mundial fueron otros dos señores: Stephane Boudin y Pierre Delbée, sucesivos directores de la Maison Jansen.

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Terraza de la casa de Pierre Delbée en París.

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El ya mítico hall-comedor de la casa de Pierre Delbée en París, La boisserie, pa puerta lacada en negro con incrustaciones de marfil y los muebles, y en especial la conocidísima “mesa royale” – plegable y con ruedas- son todo de Maison Jansen.

Jansen comenzó siendo una tienda de antiguedades que vendía unas piezas y localizaba otras tantas a petición de sus clientes. Se especializaba en mobiliario francés del siglo XVIII, en concreto en piezas de “los Luises” (Luis XIV, Luis XV y Luis XVI) y aprovechó esta especialización para empezar a fabricar, bajo la dirección de Boudin, magníficas reproducciones de “luises” de altísima calidad. Stephane Boudin las colocaba en las casas que le contrataban para decorar, que eran todas. Todas, todas. La de los duques de Windsor, las de los Agnelli, el Aga Khan, la Casa Blanca de Jackie Kennedy, las de Bunny Mellon, la de Palm Beach de los riquísimos Wrightsman. El Palacio de Laeken de los reyes belgas, Ditchley Park de Nancy Lancaster, el apartamento de Cocó Chanel, una carpa para Elsie de Wolfe o la casa del multimillonario Sir Henry “Chips” Channon en Londres. Toítas todas.

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El famoso apartamento de Coco Chanel, puesto por Jansen.

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La millonaria americana CZ Guest ayudando a Delbée a colocar los muebles de su casa.

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Otra millonaria americana: Jayne Wrightsman en su casa de Palm Beach, puesta por Boudin en un estilo bastante neo-rococó… O no tan neo.

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Más imágenes del apartamento de Cocó Chanel. Ese sofá bajito en ante caramelo siempre ha sido mi envidia.

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Otra imagen del apartamento de Chanel. ¿Os habéis fijado en el espejo colocado entre las ventanas?

Para Chips Channon Boudin hizo en 1934 lo que se llamó “la más frívola de las habitaciones de esta frívola época” y posiblemente una de las más caras. Inspirandose en el pabellón de Amalienburg en los jardines del Palacio de Nymphenburg, Boudin realizó un comedor para Chanon en el que dió rienda suelta a una fantasía de espejo, azul palidísimo y plata por la que le cobró 6000 libras de la época, que vienen a ser como medio millón de euros de hoy en día. Quienes cenaron allí, antes de que una bomba alemana lo destrozara, decían jamás haber estado en sitio igual… Por desgracia no he encontrado fotos que le hagan justicia.

La biblioteca de Pauline de Rothschild, puesta por Stephane Boudin con muebles de Jansen

La biblioteca de Pauline de Rothschild, puesta por Stephane Boudin con muebles de Jansen

Para la duquesa de Windsor, “that woman”, Boudin decoró su casa del Bois de Boulogne y la de la costa azul. Como todo decorador, Boudin era medio psicologo, y comprendió perfectamente la necesidad de que la casa reflejara el  ambiguo estatus de sus ocupantes, mitad “royal” y mitad nueva rica americana y consiguió una brillante mezcla que evoca al mismo tiempo Buckingham Palace y Palm Beach.

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El salón del duque y la duquesa de Windsor con retrato real y lo que parecen unos almohadones precursores del ikat y unos gansos estilo Ferreira.

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La duquesa y su perro posan relajadamente en sofá Jansen

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El salón de casa-Winsdsor

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El despacho de la duquesa. Con Jansen nunca se sabe si el pedazo escritorio es original o copia, aunque en este caso diría que es “de verdad”.

Te das cuenta de que has llegado a lo más cuando te contratan para decorar las “celebraciones” de los 2500 años de un imperio. Que es lo que le pasó a Delbée, sustituto de Stephane Boudin cuando el Shah de Persia le contrató para levantar en Persépolis un complejo de 60 tiendas residenciales, más salón del trono y banquetes, para celebrar los fastos del milenario imperio persa. Allí Boudin “gastó” 47 kilómetros de seda para levantar y amueblar el “camping” más lujoso que jamás se haya visto, que alojó a decenas de cabezas coronadas y jefes de estado de toda índole. Teniendo en cuenta que los uniformes de la guardia real para el fausto evento los diseñó Lanvin, imaginaos el nivel de boato desplegado en Persepolis, a escasos kilómetros de la tumba del gran Ciro, en mitad de la nada. Los cuartos de baño tenían bañeras de mármol y grifería de oro, y las tiendas contaban con “ala de servicio” y un salón con todo tipo de “amenities”. Delbée dice que se inspiró en la legendaria tienda de campaña que Francisco I de Francia hizo erigir para impresionar a Enrique VIII, en 1520, cerca de Calais, en lo que luego fue llamado “el campo del paño de oro”. Parece ser que ambos reyes se ciscaron en un proyecto de “a ver quien la construye más grande” y se hicieron sendas tiendas “circo price” en paño de oro, con ricos brocados, lujosos tapices y repujados muebles. Con semejante inspiración por un lado y el profundísimo bosillo del Shah de Irán por el otro, había gran riesgo de acabar haciendo una grandísima horterada arabesca, pero no, Pierre Delbée era grande hasta para eso.

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Maqueta de la disposición de las tiendas en Persépolis, como véis, esto era a lo grande.

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Vista aerea de las tiendas-suites individuales

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La tienda del banquete

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Alas antiguedades y las reproducciones de “luises” les siguió el diseño y fabricación de mueble propio. Hay que comprender que ya en 1930 Maison Jansen era un emporio de cinco pìsos en un edificio parisino donde trabajaban más de 700 artesanos especializados. De allí salieron muebles como para amueblar medio mundo, y no dando abasto abrieron sucursales en Nueva York y Buenos Aires. Todo eso era demasiado “savoir faire” para dedicarse sólo a la reproducción, así que Boudin primero y Delbée después empezaron a diseñar – en solitario o en colaboración con los grandes diseñadores o decoradores del momento – muebles propios. 

 

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Cómoda Maison Jansen, vía Elle Decor

Cómoda Maison Jansen, vía Elle Decor

El bronce dorado, el latón, el hierro, el cristal negro o la laca son las señas de identidad de esa nueva generación de muebles y lámparas “Jansen” que son los que hoy en día despiertan más pasiones.

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Mesilla de noche Maison Jansen

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Una de las lámparas Palmera de Maison Jansen

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Lámpara palmera con base, maison Jansen

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La mítica table royale, la única mesa plegable très chic de la historia.

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La “table royale” con una extensión. Las hay con varias.

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Consola diseñada por Guy Lefevre para Maison Jansen

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Silla y escritorio de Maison Jansen.

 ¿Donde encontrarlos? El mercado de antiguedades americano (www.1stdibs.com) está repleto, pero a precios de oligarca del petroleo. En Francia hay bastantes, muy mezclados con copias, atribuciones, “escuelas” de y demás quincallería. Porque identificar un Jansen no es moco de pavo. Lo primero que necesitas es la “biblia del jansenismo”, que son los dos libros de James Archer Abbot: el rojo sobre casas decoradas por Jansen y el beige sobre mobiliario. Lo siguiente que hace falta es saber que Jansen no marcaba todas sus piezas y que a lo largo de los años – y a lo largo de la geografía – utilizó distintas marcas. Así que es posible encontrarse con un Jansen auténtico que lleve el sello Jansen Paris, o Maison Jansen, o Jansen Rue Royale, o sólo Jansen, o Jansen Industria Argentina, o nada. Vamos, facilito todo. Como están muy de moda y baratitos no son, lo mejor es comprar a través de una fuente fiable: en Francia en las subastas y/o con certificado de un commisaire prisseur (www.interencheres.com), y en España en “Bakelita” la tienda de Alfonso Icaza, el super experto en mobiliario del siglo XX, a través de Lorenzo Castillo (otro Jansenista) o de otros anticuarios de fiar.

Escritorio Maison Jansen, vía Elle Decor

Escritorio Maison Jansen, vía Elle Decor

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Perfecta reproducción Jansen de una cómoda Luis XVI.

IMG_8924_lEn 2009 Christies subastó en Londres parte del mobiliario de la colección de Manolo March en una anunciadísima subasta llamada “The Manuel March Collection from Son Galcerán”. Se subastó una importante colección de muebles y obras de arte procedentes del palacio mallorquín de los March, entre ellos una enorme cantidad de muebles de la Maison Jansen, heredados de su padre Bartolomé March Servera y de su abuelo Juan March Ordinas, ambos grandes clientes de Boudin y Delbée. De hecho Abbot considera que, dejando a parte al Shah de Irán, los March fueron los mejores clientes de la Maison Jansen en la segunda mitad del siglo XX.

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Jansen, casa de los March en Mallorca decorada por Stephane Boudin

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La famosa y admirada biblioteca de los March en Madrid puesta por Pierre Delbée

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Pasillo en casa de Pierre Delbée en Paris. Paredes forradas con páginas de libros de canto gregoriano enmarcados tras un cristal.

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No sé bien qué ha sido de todo eso. ¿Se vendió todo en la subasta de Christie’s? La revista Elle Decor del mes de noviembre publica fotos de la casa en Madrid de Manolo March donde no soy capaz de identificar ni una sola pieza de Jansen (¿quizás vosotros sí? os propongo buscarlas en las fotos en una especie de juego de “deco encontrar a wally”).

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Manolo March, Elle Decor noviembre 2014

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Casa de Manolo March, Elle Decor. La pared del fondo muestra una chimenea en una pared que originalmente iba a forrarse de espejo, pero en la fiesta de inauguración el dueño animó a sus invitados que la “grafittearan”. Le gustó tanto el resultado que lo dejó así.

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Casa de Manolo March en Madrid, vía Elle Decor. La revista cuenta que este comedor está colocado en un rincón de la cocina. La mesa no es Jansen, las sillas tampoco porque la revista las identifica como originales del XVIII del ebanista Jacob.

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¿Quizás un signo del movimiento hacia una nueva religión? ¿Pasó de moda el jansenismo en Europa? ¿Persiste sólo allende los mares? No lo creo. Creo que está superada la mitomanía de hace unos pocos años, donde dar con algo que llevara la marca Jansen, Bagués o Maison Charles en lámparas, generaba gritos de emoción y estiramientos de pelo semejantes a la de una fan de los Rolling al dar con Mick Jagger. Ahora subsiste el mueble Jansen que lo vale. La table royale. Maravilla de la estética y de la practicidad. Sienta a 12 y se guarda en 20cm de ancho. O los sofás de respaldo bajo, los taburetes multiusos o las mesas auxiliares. Y esas lámparas palmera dignas de una boîte años 50 en Rio de Janeiro…

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Versión Jansen del “bargueño”, aprox 1970.

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Table Royale con sillas de Jacques Adnet. Apartamento en París de la decoradora Lisa Fine. Foto vía Elle Decor.

 

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Muebles en su versión reproducción de mobiliario del XVIII.

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 Jansen cerró sus puertas a mediados de los 80. El mismo encargo que les hizo mundialmente famosos para el gran público fue el que les dió la puntilla: las suntuosas celebraciones de Persépolis dieron fama a la casa de decoradores de dictadores derrochadores con anhelos suntuarios, así que a partir de ese momento estaba mal visto, para cualquier cargo público, contratarles.

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Por otro lado las casas ya no eran como antes, de ese tamaño y con esa obsesión por la calidad. A Boudin lo contrataban para poner mansiones enteras, desde el salón hasta el cuarto de servicio, haciendo muebles ex-profeso para todo ello (cuidado, porque no ponían el mismo “cariño” en la fabricación de la silla para el salón que la del cuarto de servicio y ambas se venden con el sello Jansen) y eso en los 80 ya no pasaba. El gusto había evolucionado y sobre todo la decoración se había vuelto más ecléctica, era raro eso de encargar todo en el mismo sitio. Así que la casa cerro sus puertas. Para nuestra desgracia.

Y el resto, es leyenda…

 

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