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Herend, Tesoros del mar

Herend, Tesoros del mar. Os sonará del post de la porcelana, de hace un par de meses.

Aproximadamente una vez cada año y medio/dos años intento ponerme a estudiar nutrición. Ya he perdido la cuenta de las veces que lo he abandonado, es que me vuelvo muy loca. Primero, porque después de 12 años de relación amor-odio tengo visto que la moda tiene un papel importante y como yo no entiendo la moda en ninguna de sus facetas me lo tomo todo en plan literal, sin “editar”, con lo que me paso temporadas alimentándome (y a los de alrededor) muy raro. Segundo, porque hay cosas que de verdad me dejan con los ojos del revés como, por ejemplo, que hay que procurar mantener el ph del organismo alcalino y para eso lo mejor es tomar mucho zumo de limón. En fin…

En una de mis fases de relación de amor con la materia descubrí la tribu de los pescetarianos que, como podéis imaginaros, son como los vegetarianos sólo que comen pescado y marisco. No voy a recomendar ni desrecomendar ningún tipo de dieta porque no soy quién para hacerlo pero, como he visto que tenemos muy pocas recetas de pescado, os voy a dar un menú para 4 todo “pescetariano”; no os toméis el menú al pie de la letra (pescado de primero y de segundo) porque está hecho sólo para tener más recetas de pescado y cualquier pescetariano tomaría una sopa de verduras sin problemas:

De primero, Crema de mejillones

De segundo, Salmón asado al eneldo

De postre, Mousse de yogur con aceite de oliva

CREMA DE MEJILLONES

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Todavía tenemos días de sopitas calentitas por delante

Aunque seguro que no me invento nada, esta sopa me la “inventé” un día que tenía pensado que dos comiéramos moules marinière y de repente fuimos cinco. Como gustó mucho la repetí y con los años la he ido puliendo, sobre todo porque la primera era muy fea pero además me compliqué bastante la vida sin necesidad, la versión que os doy es bastante rápida y me parece también sencilla.

Ingredientes para cuatro personas

  • 1kg mejillones, bien lavados y sin barbas
  • 250ml vino blanco, preferiblemente seco
  • 50g mantequilla sin sal, sustituible por aceite de oliva
  • 150g chalota (3 ó 4) picadita, sustituíble por cebolleta y un diente de ajo
  • 40g concentrado de tomate (un par de cucharadas), o salsa de tomate casera en cantidad algo superior
  • 1 cucharada sopera de maicena y agua para diluírla
  • 100-150ml nata, opcional
  • Sazón al gusto (no le he puesto ni pizca de sal)

Procedimiento

1.- Los mejillones tienen que estar bien limpios antes de empezar porque usaremos el caldo pero no os estreséis si no salen las barbas. Mejor dejarlas y quitarlas luego, que para eso tenemos que sacar los mejillones de su concha, que no forzar y destrozar un mejillón tirando de las barbas (te lo puedes llevar por delante). Para limpiarlos, los froto bajo el chorro de agua fría con un estropajo metálico.

2.- Ponemos en una olla los mejillones bien limpios con el vino a fuego fuerte hasta que se abran. Retira del fuego, cuela el caldo y reserva. Para aprovechar todo el caldito tan sabroso que sueltan, los suelo dejar en un colador muy grande encima de un bol para que sigan soltando líquido hasta que estoy lista para el paso 4.

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Tengo la costumbre de retirarlos en este punto (unos 3 minutos) pero para la sopa no es imprescindible porque se trituran y la textura no se aprecia pero, si vas a picar, mejor que estén como en la foto.

3.- En la misma olla de los mejillones ponemos la mantequilla a fuego medio y en cuanto se derrita y empiece a hacer espumita añadimos la chalota picada (si usas aceite, se puede echar en frío todo). Se saltea hasta que esté transparente, unos 3-4 minutos y se añade el concentrado de tomate o la salsa, que son fundamentales sobre todo para dar un color apetecible. El concentrado habrá que cocinarlo unos 3 minutos, que se cocine la pasta y pierda el sabor fuerte, la salsa de tomate lo justo para que se caliente.

4.- Mide el caldo de los mejillones y, si hiciera falta, completa con agua hasta alcanzar los 750ml y añádelo a la olla con la chalota y el tomate. Añade también la maicena disuelta en agua. Sube el fuego y añade la carne de los mejillones, comprobando que no quedan barbas ni haya trocitos de concha, ya sabes que hay que desechar los que no se hubieran abierto. Hierve todo junto durante unos 3 minutos más y tritura. No te preocupe estar “pasando” los mejillones, de hecho, para triturarlos es mejor la textura algo pasada.

5.- Comprobar de sazón, normalmente sólo necesita pimienta (se ve en la foto que le pongo mucha) pero si estuviera demasiado salada, añadir la nata y llevar justo a ebullición un par de minutos para quitarle el sabor a crudo. Se sirve caliente. También se puede añadir la nata sin que tenga que estar la sopa salada, es cuestión de gustos.

Notas: Lo que tiene encima el plato de la foto es polvo de mejillón porque soy así de pesada pero queda buenísimo con el picatoste de toda la vida (al estragón todavía mejor) y le va fenomenal también el bacon crujientito, aunque eso ya no es apto para pescetarianos.

En realidad no uso maicena sino fécula de patata, media cucharada sopera aproximadamente. No quería dejar de daros el ingrediente auténtico pero el resultado es prácticamente igual con maicena así que es lo que pongo en los ingredientes porque es más fácil de encontrar. Se podría hacer con un roux pero es más engordante, más engorroso y no vale para celíacos.

SALMÓN ASADO AL ENELDO

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Más que una receta como tal, os doy unas indicaciones para preparar el salmón al horno. Encuentro que es muy versátil y está rico tanto caliente como frío al día siguiente con mayonesa y ensalada. Lo serví acompañado de los guisantes que os enseñé el mes pasado, añadiéndoles un poquito de eneldo picado muy fino. Aunque en esta ocasión me lo ahorré porque ya estamos de operación bikini, la salsa holandesa le va de muerte de bien.

Ingredientes para 4 personas

  • 1 lomo de salmón de 1kg aproximadamente, con piel pero sin espinas
  • 2 limones en rodajas de 1mm aproximadamente
  • 1 manojo de eneldo fresco
  • Sal y pimienta negra recién molida, al gusto

Procedimiento

1.- Pedimos al pescadero que nos prepare el lomo de salmón sin espinas y manteniendo la piel. Una vez en casa, limpiamos con un paño cuidadosamente la carne, por si tuviera pegadas escamas. La telilla blanca se retira, aunque se puede dejar lo que tiene por encima de la ventresca, que es una carne más delicada y así queda protegida.

2.- Encendemos el horno a 150ºC (horno medio), arriba y abajo sin ventilador. Forramos una bandeja de horno con papel (opcional, para limpiar mejor después) y a continuación repartimos por toda la superficie las rodajas de limón y, encima de éstas, las hojitas del eneldo. Colocamos encima el lomo de salmón con la piel hacia abajo y se salpimenta generosamente y, si queremos un aroma más fuerte a eneldo, se ponen más hojas encima.

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3.- Con el horno ya caliente se mete la bandeja en el centro y se hornea alrededor de 15 minutos, hasta que se vea que el salmón está rosa pálido y la carne se separe fácilmente en lascas. Para orientar: este lomo de 1.100g estuvo exactamente catorce minutos. Técnicamente no ha reposado porque entre que salió la bandeja del horno, se pasó a la fuente de servir y llegó a la mesa ya habían pasado 6-7 minutos, que es el reposo aproximado que pide una pieza así.

Notas: Es bueno dejar la piel porque así queda más jugoso el salmón y el limón no le da amargor (con el calor amarga), sólo el aroma. Además, será infinitamente más sencillo pasarlo a la fuente de servir y, en cualquier caso, la carne se despega prácticamente sola de la piel cuando el salmón está en su punto así que nadie tendrá en su plato nada que no se coma, no os preocupéis por eso.

– Con el tiempo y la temperatura que doy el salmón queda completamente hecho por la parte más fina de la cola (pero no pasado) y un puntito más crudo por la zona más gorda, que es como yo lo prefiero, así hay para todos los gustos. Lo meto con el horno caliente más que nada para medir el tiempo que se hace pero se puede meter sin problemas con el horno frío, pero ahí hay que estar pendiente. El salmón hay que hacerlo a una temperatura relativamente baja porque si se hace demasiado fuerte le saldrá como un cuajito blanco (es albúmina, por si alguien tiene curiosidad) que hace que quede feo y, además, supone secarle la carne.

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– Limón-eneldo es un clásico pero se pueden hacer más combinaciones de aromáticos porque el salmón lo aguanta casi todo. Por ejemplo: naranja-tomillo, cítricos varios-hinojo, lima-cilantro… Lo único importante es tener en cuenta que el blanco del los cítricos amargará en el horno así que, si queréis usar los aromatizantes también por la parte de arriba del salmón, habrá que usar sólo la pura ralladura de color.

MOUSSE DE YOGUR Y ACEITE DE OLIVA

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De postre toca mousse única y exclusivamente por hacer la tontería de usar “cola de pez”. Eso sí, si tenéis auténticos pescetarianos o vegetarianos mirad bien que sea cola de pez auténtica o gelatina vegetal, que lo normal es que las gelatinas sean de origen porcino. Esta mousse es distinta, espero que no os eche para atrás el aceite de oliva, de verdad que queda muy rico y hace maravillas por la textura. Uso Virgen Extra, por supuesto, y me gusta usar uno de sabor suavito y más bien afrutado, aunque la forma de no equivocarse es usar el que os guste a vosotros. La receta es para bastante más que para cuatro personas, pero hacer la mitad es complicado por aquello de montar cantidades ínfimas de nata y claras así que, como aguanta bien en la nevera unos 3 días, hacemos receta entera y tenemos postre rico asegurado para otra vez.

Ingredientes para 6-8 personas

  • 4 hojas de gelatina pequeñas (6’6 gramos)
  • Dos yogures naturales, 250g en total
  • 75g azúcar
  • 50ml aceite de oiva
  • 200ml nata (un brick pequeño), semimontada
  • 2 claras de huevo L a temperatura ambiente

Procedimiento

1- Poner a hidratar las hojas de gelatina en agua fría, unos 5 minutos. Si usas en polvo el ideal es espolvorearla sobre el agua para que se hidrate mas uniformemente y no se pegue al recipiente, con unos 60ml debería ser suficiente (con las hojas puedes usar tanta agua como quieras).

2.- En una cacerola pequeñita mezclar el azúcar con uno de sus yogures y todo su suero y ponerla a fuego suave hasta que se haya disuelto el azúcar, no debe hervir ni mucho menos. Se pondrá bastante líquido, es normal. Añadir la gelatina y remover hasta que esté bien disuelta en el yogur con azúcar, retirar y reservar para que se vaya templando.

3.- En un bol aparte bate el otro yogur y añade a hilito el aceite de oliva batiendo todo el tiempo. A continuación, añadir la mezcla de yogur-azúcar-gelatina ya templada y batir bien. Incorporar la nata semimontada fría con cuidado haciendo movimientos envolventes.

4.- Con unas varillas limpérrimas se baten las claras hasta que estén muy espumadas, hayan doblado su volumen y se mantengan bien tiesas. Según la temperatura de las claras, las varillas que uses y lo frescas que sean tardarás entre un minuto y cinco…

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La foto no es gloriosa pero se aprecia el punto de las claras, muy firmes y con burbujas de aire más bien grandes.

5.- Usa un par de cucharadas soperas de las claras para diluir un poco la base de yogur y a continuación mezcla el resto envolviendo con una espátula, haciendo movimientos circulares de abajo a arriba con cuidado para mantener el máximo aire posible. Vierte en el recipiente en el que vayas a servirlo y guarda en la nevera, un mínimo de 3 horas.

Notas: La nata debe estar sólo semi-montada porque si no, al mezclarla con el yogur y luego otra vez con las claras se podría cortar. Puede estar preparada con tiempo y guardada en la nevera.

Las claras montadas se tienen que hacer justo antes de usarlas, ya sabéis que para batirlas tiene que ser en un bol y con unas varillas chirriando de limpias.

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He puesto varias cosas encima de la mousse, para dar ideas. Aparte de las fresas al natural hay frutos secos con miel, que son dos opciones muy sencillas y que tienen poco trabajo y, en primer término, una confitura rápida similar a la que os enseñé el año pasado hecha con nectarinas y cardamomo verde, que encuentro que tiene un aroma que va muy bien con esta mousse de yogur y aceite, en plan oriente medio. Si os animáis a hacer la confitura, os recomiendo hacerla de víspera para que salga mejor el sabor del cardamomo.

La cantidad de azucar es variable, ya sabéis la regla: entre 10 y 20% del peso del principal (son algo más de 600g de preparación principal). En cuanto a la cantidad de gelatina, ésta suele rondar el 1% del volumen de la preparación principal en gramos. Es decir, a 250ml de líquido corresponderían 2’5 gramos de gelatina. Por comodidad/facilidad del cálculo se puede usar sin mucho temor a equivocarse una hoja pequeña de gelatina por cada 150ml.

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QuicheDe vez en cuando quedamos a comer cuatro amigas; compartimos piso en su día y seguimos viviendo todas en Madrid, a pesar de lo cual tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para vernos porque no hay manera de coincidir. Como es casi verano, sólo haré un plato y postre. Si acaso de primero habrá gazpacho pero comprenderéis que no voy a dar una receta de gazpacho a lectores españoles porque se me caería la cara de vergüenza, le coloco la receta a mis “guiris”. Así que el menú de hoy es cortito, pero no por ello menos rico (y se salta la operación bikini a la torera, aviso). Aunque somos 4 hago para 6 y así le doy las sobras a mi querida “L” que vive sola y sigue sin saber cocinar, o eso dice.

Plato principal: Quiche alsacienne con ensalada verde

De postre: Cremoso tramposo con confitura rápida de albaricoques

QUICHE ALSACIENNE CON ENSALADA

quiche alsacienne con ensalada

A continuación, una conversación real que tuve en su día con una de estas cuatro amigas, cuyo nombre permanecerá en el anonimato:

Champ.- Voy a hacer quiche para cenar, ¿quieres lorraine o alsacienne? (de verdad que lo pronuncié más bien a la española)

Anonyme.- ¡Lorraine! ¡Con mucha cebolla!

En efecto, quería quiche alsacienne. Como sé que le gusta se la hago de vez en cuando, cuento la historia, ella se pone roja y las demás ponen cara de ¡otra vez nos vas a contar la batallita! También la hago porque suelo tener masa quebrada estirada en el congelador y los ingredientes del relleno están en mi fondo de nevera básico, con lo que puedo incluso prepararla si decidimos quedar el mismo día por la mañana. Y si no es alsacienne, es de espinacas o de cualquier cosa que tenga a mano, la quiche es un salvavidas auténtico.

Ingredientes para la masa quebrada para un molde de 24cms:

– 200 gramos de harina común

– 100 gramos de mantequilla bien fría a cuadritos

– 1 huevo M batido

– pizca de sal

– algo más de harina para espolvorear la mesa cuando estiremos la masa

Ingredientes para el relleno:

– 400 gramos de cebolla pelada y cortada a cuadritos

– 150 gramos de bacon a cuadritos

– 15-20 ml de aceite de oliva

– 2 huevos enteros y 4 yemas

– 450 ml nata (de cocinar o de montar, como más guste)

– 150 gramos de emmental, rallado

– sal y pimienta recién molida, al gusto (para orientar, en esta receta uso 1’5 gramos de sal)

Procedimiento:

1.- Lo primero que hay que hacer es la masa, porque necesita reposo. En su día os expliqué el proceso cuando os di la receta para la galette de ciruela, así que os remito a la receta para ver la elaboración a mano y os repito cómo se hace a máquina: ponemos en el robot todos los ingredientes menos el huevo y vamos dando potencia de forma esporádica de modo que se encienda y se apague como a golpes hasta que la mantequilla forme bolitas con la harina del tamaño de guisantes, más o menos. Cuando tiene esta textura, se añade el huevo batido y se mezcla todo hasta que se amalgame. Se saca y se forma una bola que se envuelve muy holgadamente en papel film y a continuación la aplastamos hasta que el plástico quede tirante por los bordes, quedándonos con un disco grueso que pondremos a reposar en la nevera aproximadamente media hora.

2.- Mientras reposa la masa quebrada preparamos la cebolla. En el post del bistro en casa también os expliqué cómo pelar y cortar la cebolla para la receta de sopa de cebolla. En este caso se hace igual pero con dos pasos intermedios. Antes de cortar la cebolla transversalmente tendremos que hacerle múltiples cortes para que nos salgan los cuadritos. Primero, horizontales y paralelos a la superficie de trabajo, tal y como se ve en la primera foto, parando justo antes de llegar al extremo de la raíz (para que se mantenga unida la cebolla mientras cortamos). Podemos usar de guía las líneas de la propia cebolla. En segundo lugar, cortes longitudinales perpendiculares a la superficie de trabajo, nuevamente usando de guía las líneas de la cebolla y teniendo cuidado de no llegar al final. Por último, los cortes transversales nos darán cuadraditos iguales.

Almuerzo chicas

Como se puede ver, el corte es más grueso que una brunoise. Si te da pereza, siempre puedes recurrir al robot para picarla.

3.- En una sartén sin grasa y a fuego vivo doramos el bacon unos 5 minutos, no hace falta que quede crujiente ni mucho menos, sólo que suelte la grasa y que se tueste ligeramente para darle algo de sabor. Retiramos el bacon y reservamos. Bajamos el fuego a medio y añadimos a la misma sartén el aceite de oliva para dorar la cebolla, que tardará alrededor de 15 minutos y la reservamos también (deben haber templado algo antes de añadirlo al relleno, para que quede jugoso y se haga uniformemente).

4.- Sacamos la masa de la nevera y la estiramos sobre una superficie enharinada de forma que nos quede un círculo con diámetro al menos 5cms superior al de nuestro molde. Para pasarla al molde, encuentro que lo más sencillo es enrollarla en el rodillo y luego irla desenrollando poco a poco sobre el mismo. Luego, levantamos los bordes de la masa para que vaya cayendo hasta el fondo del molde. Recortamos los bordes sobrantes y con los recortes de masa hacemos una bolita que pasaremos por las paredes del molde para que se pegue bien por todas partes. Por último, pinchamos todo el fondo con un tenedor y la llevamos al congelador mientras precalentamos el horno a 180º. Es importante que la masa esté fría cuando entre en el horno porque con tanta mantequilla, si no lo está, se bajaría entera. Cuando el horno esté caliente taparemos la masa con papel de horno (o de aluminio, aunque deja más marca y tiende a pegarse así que hay que ser más cuidadosos) y la cubriremos con algo que haga peso: arroz, alubias, pesos específicos… Horneamos 12 minutos tapado con este papel y otros 5 sin tapar, hasta que esté cocinada pero no muy tostada.

Almuerzo chicas-0015.- Mientras prehorneamos la masa, hacemos el relleno: Se baten bien los huevos con las yemas en un bol grande y cuando están bien batidos añadimos la nata y se mezcla. A continuación, se pone en el bol toda la cebolla, casi todo el bacon y casi todo el queso (dejamos un poquito para repartir por encima del todo, para que luego quede bien distribuido en la masa). Sazonamos con sal y pimienta.

6.- Rellenamos la masa horneada con la mezcla de huevo y esparcimos por encima el resto del queso y el bacon. Metemos al horno y lo tendremos ahí alrededor de 25 minutos. Pasado este tiempo se habrá dorado por encima y comenzará a hincharse un poquito, pero el centro debería seguir aún algo tembloroso. Sacamos del horno y lo dejamos reposar 10 minutos antes de servir, en este tiempo se acabará de cuajar la quiche pero seguirá aún cremosa.

Para la ensalada: Os doy un aliño que me gusta mucho para verano porque me parece bastante refrescante. Tradiconalmente, la proporción de aceite para el ácido es de 3 a 1 pero con el zumo de limón a mí me gusta más hacerlo de 2 a 1. En cualquier caso, es fácil de adaptar al gusto.

– Mezcla de hojas verdes (distintas lechugas, brotes, berros, rúcola…, puede ser perfectamente una bolsa)

– 30 ml zumo de limón

– ralladura de medio limón, bien fina

– 1 cucharadita de mostaza de dijon

– 1 cucharadita de miel (opcional)

– 60 ml de aceite de oliva

– Sal y pimienta al gusto

Mezclamos todos los ingredientes del aliño menos el aceite, que se añadirá al final a chorrito fino mientras batimos, para que emulsione bien. Sólo se aliña la ensalada en el mismo momento en que se vaya a llevar a la mesa, para que no se mustien las hojas.

Notas: Con un clarete bien fresquito está muy rico este plato, que al final no lo tomamos caliente (que si la cháchara, las fotos…). La quiche me gusta más caliente que fría pero prefiero tomarla fría que recalentada, aunque si le das un buen punto de cuajado al huevo y lo sacas con el centro aún tembloroso como pone en el paso 6 aguantará un recalentado dignamente.

CREMOSO TRAMPOSO CON CONFITURA RÁPIDA DE ALBARICOQUES

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Es tramposo porque no tiene apenas trabajo y se hace usando un ingrediente “mágico” que no descubrí hasta que llevaba un tiempo viviendo en Madrid y que me parece un auténtico productazo: los sobres de cuajada. No sólo me encanta la cuajada, sino que uso los sobres para hacer trampas en otros postres a menudo. El de hoy es con mascarpone y lo vamos a tomar con una confitura de albaricoques porque era la fruta que me llamó en el mercado, pero se puede hacer con fresones, nectarinas, melón… lo que apetezca. Lo de la “rapidez” de la confitura tiene sus pros y sus contras. A favor, que usa menos azúcar y el sabor a fruta es más fresco. En contra, que como mucho durará un par de semanas en la nevera, no es una confitura de verdad que se pueda embotar para tomar en invierno.

Ingredientes para el cremoso

– 200 ml leche entera

– Un sobre de cuajada (12 gramos)

– 400 gramos mascarpone

– 400 ml leche evaporada

– 110 gramos de azúcar (la regla tradicional manda usar entre un 10% y un 20% del peso de los ingredientes principales en azúcar, como yo no soy muy dulcera os lo cuento para que os orientéis y podáis adaptarlo a vuestro gusto)

Ingredientes para la confitura

– 250 gramos de albaricoques, sin hueso y partidos en dos (el peso es de la fruta ya preparada)

– 15-20 ml zumo de limón

– 75 gramos de azúcar blanco

Procedimiento

1.- Calentar la leche (puede ser al micro) y diluir en ella el sobre de cuajada.

2.- En un cazo al fuego lento mezclar -mejor con unas varillas- el mascarpone con el azúcar y la leche ideal. En cuanto se haya disuelto el azúcar y esté todo bien integrado (no debería llegar a los 10 minutos) añade la leche con la cuajada y déjalo al fuego removiendo de vez en cuando justo hasta que esté a punto de hervir (otros 6 minutos, más o menos). Vierte en el molde en el que lo quieras servir y déjalo templar antes de meterlo a enfriar a la nevera un mínimo de 2 horas.

3.- Pon los albaricoques bien lavados y partidos en dos (o en cuatro, si son muy grandes) en un cazo pequeño, rocíalos con el zumo de limón y espolvorea por encima el azúcar. Pon el cazo al fuego medio-bajo y no lo remuevas mucho. Pasados unos 5 minutos el azúcar se habrá disuelto y el albaricoque empezará a soltar mucho almíbar, deja que llegue a hervir y baja el fuego, tenlo cociendo otros 15 minutos haciendo “chup-chup” despacito y retíralo. El almíbar debería haberse teñido del color de los albaricoques y éstos estarán muy blandos pero no llegarán a deshacerse. Parecerá que está muy líquido pero no te preocupes porque en cuanto enfríe tomará cuerpo.

4.- Sirve el cremoso con la confitura por encima.

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El mismo postre, desmoldado

Notas: El cremoso se puede aromatizar con mil cosas: vainilla, piel de cítricos, canela, anís estrellado, cardamomo… encuentro que cualquiera de los anteriores le va bien. Para hacerlo lleva la leche a hervir con el aromatizante elegido y deja reposar 15 minutos antes de mezclar con la cuajada. Añádelo también al mascarpone y los demás ingredientes pero cuela la mezcla antes de pasarla al recipiente en el que se vaya a enfriar.

En esta ocasión he puesto el postre en vasitos porque así sería más fácil para mi amiga llevarse las sobras, pero desmolda muy fácilmente así que si tienes un molde de corona o una flanera o similar de un litro de capacidad, queda muy lucido.

Manías mías: para hacer la confitura no meto ni cuchara ni espátula, remuevo agitando el cazo por el mango para conseguir movimientos circulares. Así, entre otras cosas, los trozos de fruta quedan más bonitos.

A las dos preparaciones del postre les pongo una pizquita de sal, aunque es tan poca que no la enumero con los ingredientes (pero que no se diga que me quedo secretos de las recetas para mí).

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