Lord Chesterfield, I presume

Los españoles fabricamos falsas leyendas negras y los ingleses falsas leyendas blancas. Su chauvinismo es proverbial. Se refleja, entre otras muchas cosas, en la leyenda del encuentro entre Henry Morton Stanley y el Doctor Livingston.

El doctor David Livingstone (1813-73) era un misionero escocés provisto de gran celo evangelizador, pero con más ardor que éxito.  Se pasó varios años intentando convertir al cristianismo a un único ejemplar local: el jefe de la tribu.

“Y convertirlo lo convirtió” me cuenta Pantaleón “pero no por mucho tiempo. Me temo que el jefe recayó pronto… ¡las tentaciones de la poligamia!”

“Claro” interviene Abelardo repentinamente “ya se sabe, señor marqués, que tiran más dos….”

“¡Abelardo!!¡Por favor!” recrimina Pantaleón “un poco de corrección…”

Lorenzo Castillo, AD Rusia

Así que el pobre doctor Livingstone, posiblemente el misionero menos eficaz de la historia del cristianismo, decidió por abandonar su vocación primigenia y largarse a la selva a “recorrer Africa y hacer un poco de botánica y ya si eso, a ver si encuentro las fuentes del Nilo y tal”. Y como el tipo era un crack para todo lo que hiciera, se perdió. Pero se perdió bien, no un rato. Vamos, que cinco años más tarde no lo había vuelto a ver nadie. Y así siguió, perdido, hasta que el intrépido explorador, Henry Morton Stanley (que no se llamaba Henry Morton Stanley, ese era el nombre artistico. Como Chenoa, que se llama Laura) dando vueltas por la densa jungla de la zona, se encontró, tras un machetazo a la maleza, con un tío blanco vestido de misionero y él, que era muy perspicaz, dijo: “El doctor Livingston, supongo” (en nativo “Doctor Livingston, I presume”).

“Los ingleses lo cuentan como ejemplo de la flema inglesa” dice Pantaleón “pero a mi me parece más un ejemplo de la estulticia de sus clases altas y de esa capacidad que tienen para contar las cosas como no son. Para empezar” prosigue “lo del “supongo” es mentira. Sí, Stanley lo cuenta en su biografía pero Livingston, que como buen escocés misionero mentir no mentía, no dice ni mú al respecto. El tal Stanley era un tipejo de Gales que se llamaba John Rohn Rowlands y que además de mentiroso era un chaquetero de cuidado. A los 18 se embarcó para America y combatió en la Guerrra Civil Americana”

“¿En qué bando?” pregunto

“En los dos”

Lazaro Rosa Violán

Un tipo con las ideas claras. De él Sir Richard Burton (otro explorador inglés mentiroso, nada que ver con el marido de Liz) dijo, entre otras cosas, que tenía por hábito mejorar su puntería “tirando por igual a negros que a monos” Estoy de acuerdo con Pantaleón que todo ello es indignante pero me pregunto a cuento de qué viene esto…

“A cuenta de tu sofá, daarling!” me aclara el mono

“¿Mi sofá?”

“Sí, Daaaaarling! ¡Tu sofá!¡El Chester! Legendario invento de otro inglés, Lord Phillip Stanhope, cuarto conde de Chesterfield”

Ah. ¿Otra leyenda? Parece que sí. Me informa Pantaleón de que los perfidos ingleses cuentan que el antepasado de mi sofá fue inventó de Philip Stanhope, o mas bien de su tapicero a quien parece haberle pedido que le hiciera un sofá “en el que un caballero pudiera sentarse un tiempo largo sin arrugar su vestimenta”.

Via Planete Deco

“Aaaahhhh!” exclamo “¡Así que por eso las redondeces! Brazo redondo, respaldo redondo y capitoné redondeado bien tieso… todo eso ¿para no arrugar?”

“Esa es la idea” contesta el mono

Sandra Benhamou, Paris

Nunca se me hubiera ocurrido. Yo puse mi chester porque me gusta. Porque es de los pocos sofás que mejoran con el uso, y a los que el paso del tiempo hace más bonitos y más cómodos.

Posiblemente el Chesterfield más famoso de todos los tiempos (hasta la llegada de Risto Mejide) haya sido el de Sigmund Freud. En el Museo Freud en Londres se conserva el “diván de psiquiatra” primigenio que Freud usaba, y que es, claramente, un modelo Chester. Incomprensible, por otro lado, porque si hay un sofá incómodo para tumbarse, ese es el Chester. Se necesitan al menos dos décadas y media docena de niños jugando a indios y vaqueros sobre él para que devenga cómodo.

Del Blog de Abigail Ahern

“¡Pero es tan bonito!” suspira Pantaleón

Lo es. Es el purasangre de los sofás.

Tanto en su original cuero – mejor bien viejo – como en todo tipo de telas, me parece irresistible. Sin almohadones, siempre impecable, no hay nada que ahuecar ni recolocar, siempre en perfecto estado de revista.

Chester en tela

La versión de Alberto Pinto

Y la de Marella Agnelli (Marrakech) con funda suelta

“Y tiene un trasero maravilloso” dice el mono

Lo tiene. La parte trasera de muchos sofás es horrible y necesita de una mesa para ocultar desgracias, el Chester es la Chica de Ipanema de los sofás, tiene un magnífico derrière. Así que es el sofá ideal para colocar de espaldas. No sólo por el bello trasero sino también porque tiene el respaldo bajito y no bloquea ni entorpece la vista general de todo un cuarto si lo colocas en medio.

Pero más allá de eso, tengo que confesar que es un bluff de sofá: para echar la siesta tienes que ser contorsionista, si tienes problemas de espacio, el Chester con esos pedazo reposabrazos tan grandes, te ofrece sólo dos plazas donde otro sofá te proporcionaría tres, necesitas dos veces más tela para tapizarlo que cualquier otro sofá, sacar las miguitas de galleta de entre el abotonado capitoné es labor de chinos….y a pesar de todo eso… C’est le coup de foudre!

Lazaro Rosa Violán

“Son los ingleses, darling” insiste el mono “especialistas en crear mitos y leyendas blancas. Y esa extraña fascinación universal por sus clases altas, esos cuyos únicos inventos son absurdamente pueriles pero que consiguen alcanzar la fama. Fíjate, los españoles van e inventan el submarino, el autogiro, el jamón serrano… y nada, de Isaac Peral y Juan de la Cierva no se acuerda nadie, ¡nadie! pero ¿y del sandwich?”

“¿Sandwich de jamón?” pregunto perpleja

“No, darling, the Earl of Sandwich!. Un señor tragón al que le gustaba tanto jugar a las cartas que hacía que le trajesen la cena a la mesa de juego, entre pan y pan, para seguir dándole al naipe!”

“¿Y de ahí el sandwich?” pregunto

“Sí, querida, nada como tener un título para dar prestigio a los inventos, por obvios que sean”

Vía Lonny Magazine, el apartamento de Noa Santos en Manhattan

Abelardo, en una esquina, nos mira meditabundo.

“Quiere usted decir, Señor Marqués” pregunta  Abelardo “que si la fregona la hubiera inventado la señora Duquesa de Alba, que en paz descanse, ¿sería famosa en todo el mundo?”

“Abelardo” constesta el mono discplicente “es cierto que Cayetana era estrambótica, que vosotros, gente popular, la creéis muy vuestra y que de ella se han contado mil excentridades, pero por muchas que estas fueran, lo que sí te aseguro es que nunca… pero nunca, nunca, ha sido sospechosa de ponerse a fregar cosas!!”

Chester en esquinero… el primero que veo. Es de Restoration Hardware.

PD: Richard Burton el malo, no el de Liz, dijo haber descubierto las fuentes del Nilo Azul y ha pasado a la historia por ello, cuando lo cierto es que fueron descubiertas, años antes, por un Jesuita español que se llamaba Pedro Paez… pero no era inglés, ni aristócrata, así que la leyenda blanca de unos aumenta y la de otros se borra.

 

 

 

  1. Conchita Rodríguez’s avatar

    Una cosa más en la que coincidimos! El chester! EL mio a los pies de la cama., de terciopelo amarillo. Sitio ideal para dejar la ropa . Magnifica y entretenida introducción. Como siempre una delicia leerte. Merci.

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    1. Beatriz’s avatar

      No, gracias a tí, por leer, comentar y ser siempre el sol que eres. Gracias, son vuestros comentarios los que me mantienen “al teclado”

    2. Teresa’s avatar

      ¡Anda lío, otra entrada! Qué velocidad escritora. Me vuelven del revés los Chester. El de casa de mis padres, después de haberse puesto precioso al fin se puso un poco penoso y ahora luce muy molón con tela amarilla, alegrando un salón en medio del campo.
      Oye, por cierto, los de los ingleses es de estudio, ¿eh?. Y lo bien que lo venden todo. Aunque creo que la conclusión más acertada es que nosotros nos vendemos fatal, no hay más que mirar allende nuestras fronteras: Francia, Italia, G.Bretaña,… y nosotros ¡con vergüenzas!
      Gracias, Bea.

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      1. Beatriz’s avatar

        Estoy totalmente de acuerdo, ojalá nos quitaramos de encima las verguenzas y nos dieramos cuenta de que, objetivamente, somos un país extraordinario.

      2. Verónica de la Fuente Seguí’s avatar

        ¡Estupendo como siempre!

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      3. Silvia’s avatar

        Es una delicia leer tu post. Como escribes¡ debías dedicarte a escribir. Eres ingeniosa. Me he reído con la duquesa y el mono.!
        Me ha encantado el tema. Tuve bronca familiar ( bien merecida ) porque tire un chester viejo
        Gracias por tu post pasamos tan buen rato leyendote.

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      4. Blanca’s avatar

        Muchas gracias por tu blog , haces que empiece el día con una sonrisa y viendo siempre cosas hermosas. ¡¡ Todo un regalo !!

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      5. Inés de Lecube Porrua’s avatar

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      6. Carmen Dorronsoro’s avatar

        Totalmente de acuerdo con la capacidad proverbial de los ingleses para el marketing, seguida de cerca por los franceses, y nuestro complejo de inferioridad histórico, que nos lleva a denostar lo propio. Del Chester me quedo con el de Alberto Pinto y Marella Agnelli, pero claro, ellos todo lo hacen bien!

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      7. Tiny’s avatar

        Hola Beatriz, un placer siempre leerte, me alegras el día.Añadir por si le interesa a alguién, que el Corte Inglés…también al hilo del post, por lo del “inglés”, tiene unos chester divinos, el modelo Chelsea, me encanta, tanto en beige, como el gris miss, y me parecen bastante asequibles.Un abrazo grande.

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      8. Elva.via’s avatar

        Hola Beatriz ,como siempre un articulo estupendo,que interesante y bien documentado,que razón tienes,que poco ponemos en valor lo nuestro,….y mas libros para leer,seguiré las sugerencias de nuevo.Muchas gracias y espero el próximo con ganas .Un abrazo

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