La teletragedia

A Abelardo le tocó “un pico” en la Lotería del Niño y no tuvo mejor idea que regalarle una tele a Pantaleón.

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Él mono nunca había tenido tele. No por razones éticas (le fascina la telebasura) sino estéticas: opina que los aparatos de televisión son la cosa más fea que se haya creado nunca. El caso es que Abelardo, sin quererlo, ha provocado un drama. Ayer me vino a buscar apuradísimo: “El señor marqués está muy malito, señora,  dice cosas muy raras, tiene muy mala cara y no se mueve.” Subo rauda al ático y me encuentro con una escena espeluznante. Tele encendida a pleno volumen, Pantaleón en bata (de ikat, pero bata) sentado en el sofá, con los ojos rojos inyectados en sangre, mirándola fijamente. En la mesa veo lo que parecen ser los restos de varios kilos de palomitas (eso sí, colocadas en sendos “cachepots” de porcelana húngara de Herend, a modo de “cubo palomitero”). Pantaleón, desaliñado, ignora nuestra presencia y balbucea: “Tomate Orlando ¡el café de los más cafeteros! Mahou cinco estrellas ¡y la suciedad se va en un bang! Las rebajas del Corte Inglés ¡connecting people!”.

Vía de Wall Street Journal magazine. Tele colgada como parte de pared galería de cuadros.

Vía de Wall Street Journal magazine. Tele colgada como parte de pared galería de cuadros.

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Está clarísimo: es una caso evidente de empacho publi-televisivo. Llamo a Gumersindo que acude raudo al rescate. Entre los dos tumbamos a Pantaleón en su cama. “Movistar ¿te gusta conducir?” balbucea el mono “Don Simón naranja escribe fino, Don Simon peral escribe normal…”. Gumersindo saca una jeringuilla y el mono grita “¡esto es un medicamento! ¡Consulte con su farmaceútico!”. Gumersindo se quita su larga bufanda de Missoni y su cinturón Dolce Gabbana y con ellos ata al mono a la cama y le inyecta una buena dosis de valium. “Que haga reposo” me dice “y nada de tele”.

Tele enmarcada sobre chimenea. Un clásico en USA.

Tele enmarcada sobre chimenea. Un clásico en USA.

El mono se duerme susurrando “Si un extraño te regala flores eso es Inissia, probablemente la mejor cerveza del mundo…”. Pobrecito mío.

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Lo de la tele es un peligro. Y decorativamente hablando también. En el fondo es como el retrete: es necesario tenerlo pero no necesariamente quieres que todos lo vean expuesto. Porque por mucho que hayan mejorado, la tele no deja de ser un electrodoméstico, y como tal, es feo. No tanto como una impresora, lo reconozco, pero feo en todo caso. ¿Qué hacer?

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En el asunto tele y decoración parece ser que hay tres escuelas de pensamiento. La primera la componen aquellos a los que la tele no les molesta estéticamente lo más mínimo: se compran la más grande que hay y la colocan donde más se vea. Es una opción. Pero salvo que seas el titular de un bar en los aledaños del Bernabeu o un cuarto específicamente dedicado al “visionado de pelis”, no parece que sea la decorativamente más acertada.

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Los de la segunda escuela de pensamiento son los que, en el fondo, se avergüenzan de tener tele, y la esconden.

Escondite perfecto.

Escondite perfecto.

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Preferirían decir que leen  a Hegel y que al llegar a casa… “Al llegar a casa ¡Un capuccino! ¡Nescafé Capuccino!” interrumpe el mono que acaba de despertar.

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“Pantaleón, ¿cómo te encuentras?” le pregunto solícita.

“Fenomenal” responde “¡Hoy me siento Flex! Jajajaja”

Preocupante. Pido a Abelardo que avise a Gumersindo. Va a hacer falta una dosis más fuerte. Para distraer al mono intento llevar el asunto tele a sus aspectos decorativos.

Escondite pretencioso. Si tienes esa pedazo chimenea y esa fantástica boisserie, encajar allí una tele es un pecado.

Escondite pretencioso

“¿Esconderla? Very american Darling! Todos se hacen unos cabinets enormes con motivos chinescos en el exterior para seconder la tele dentro. Supongo que si no la ves nunca no está mal, pero ¿imaginas el trajín de abrir y cerrar, esconder y des-esconder todos los días varias veces? Eso no es calidad de vida.”

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Aqui el mecanismo de “des-esconder” es fácil pero la colocación de los muebles les delata incluso con el panel cerrado. ¿De verdad pretenden que creamos que se sientan en el sofá a mirar fijamente una pared en blanco?

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Hacerse una especie de contraventana con prints de flores parece que está de moda…

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Sofisticado. Pero dá como miedo ¿no?

Y por fin llegamos a los de la tercera línea de opinión, los que optan por disimularla o ignorarla. O ambas cosas. La tele existe, no sirve de nada esconderla dentro de un armario, pero siempre está la opción camuflaje…

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Parece que hay un espejo especial que sirve para que no se vea la tele cuando está apagada (se ve espejo) y que se "transparenta" para dejar ver la imagen cuando la tele se enciende

Parece que hay un espejo especial que sirve para que no se vea la tele cuando está apagada (se ve espejo) y que se “transparenta” para dejar ver la imagen cuando la tele se enciende

Una pared negra es la mejor solución para que la tele desaparezca…

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Aquí la tele está en la pared de la izquierda, en primer plano. ¿A que no se vé nada?

Aquí la tele está en la pared de la izquierda, en primer plano. ¿A que no se vé nada?

En blanco, aunque compres una televisión blanca, el asunto no funciona igual de bien, porque la pantalla sigue siendo negra. Pero dependiendo de cómo la coloques, tampoco resulta feo.

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image Parece que también funciona bien eso de integrarla en la biblioteca… aunque personalmente me da pena estropear una biblioteca con la tele… Salvo que sea la biblioteca B (ver el post bibliotecas)

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Los hay que la enmarcan, otros la rodean de cuadros para disimularla, otros la esconden tras un biombo… Hay te todo. Como veis, en tema de soluciones decorativas al asunto de la tele,  la gente ha dado alas a su imaginación.

“¿No es Red Bull quien te da alas?” dice el mono con voz titubeante. Me alegra la duda. Parece que poco a poco la razón va emergiendo de su tele-abarrotado cerebro.

Tras los floripondios. Estéticamente perfecto pero no es una solución para los teleadictos. Salvo que aprovechen para hacer biceps subiendo y bajando el florero 20 veces al día.

Tras los floripondios. Estéticamente perfecto pero no es una solución para los teleadictos. Salvo que aprovechen para hacer biceps subiendo y bajando el florero 20 veces al día.

Y más allá del camuflaje siempre cabe simplemente colocarla en un lugar no excesivamente conspicuo…

Vía Nuevo Estilo. La tele aquí no "canta".

Vía Nuevo Estilo. La tele aquí no “canta”.

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Encuentra la tele. Pista: está cerca de la ventana

Encuentra la tele. Pista: está cerca de la ventana

Nos gusta la opción del caballete. Es claramente la más arty de todas. Y si te compras una video-creación artística y la dejas puesta todo el tiempo incluso puedes hacer pasar tu tele por un elemento intelectual, una instalación de arte contemporáneo. Eso sí, que la video-instalación sea muda, porque si no el dolor de cabeza puede ser terrible.

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“Contra el dolor de cabeza creo que anunciaban algo …” dice Pantaleón, dando signos de una evidente mejoría.

En la chimenea.

En la chimenea.

Fantástico que en la tele anuncien el remedio contra el mal que ella misma produce. Podían aprovechar para anunciar soluciones decorativas contra su propia fealdad. Hasta entonces, nos tendremos que conformar con las soluciones que nos muestran arriba y con la aceptación de su ineludible fealdad. En mi casa la tele cumple una función eminentemente cultural. En cuanto la enciendo, Adorado Pío coge un libro. A mi la tele me proporciona ratos entretenidísimos y me permite dejar en encefalograma absolutamente plano. Es la anti-actividad: enciendes la tele y simultáneamente apagas todas las funciones neurológicas. Y motoras, porque genera un letargo….

 

Soy una firme defensora del bicho. Es la más pura forma de democracia: tiene acceso a ella todo el mundo y su contenido se rige por lo que la gente quiere. Es verdad que a veces asusta lo que la gente quiere, pero ¿qué más da?. Es invierno, la tele es un servicio público que nos ofrece entretenidísimas en casa, en familia, disfrutando de un teledramón inenarrable, riéndonos juntos y pasando una tarde calentita y entrañable.

“Y” añade el mono “para todo lo demás Mastercard.”

Eso. Be water, my friend.

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42 comments

  1. Julia’s avatar

    A mí la tele tampoco me encajaba en la decoración y la enclaustré tras unas puertas de celosía. Pero eso era antes de que adelgazara y perdiera la panza: la plana ya es otra cosa.
    Cuando yo conocí a mi marido vivía sin tele pero le he descubierto un par de veces delante de un programa de televidente ¡mirándolo sin pestañear!. Cuando me he reído, se ha extrañado y muy “pantaleónico” me ha dicho que “en ese tercero que yo he introducido en la convivencia” era lo mejor que había encontrado después de cambiar varias veces de canal.
    Yo también la valoro porque consigue que deje la mente en blanco después de un día denso y eso, según dicen los psicólogos, es muy saludable. Y sin llegar a leer a Kierkegaard, la compatibilizo con la lectura y, por esa razón, parece que en la biblioteca también puede encajar, aunque antes de leer esta Teletragedia no lo había pensado.

    1. Beatriz’s avatar

      La plana mejora mucho sí. Los maridos anti-tele son una joya, ahorran muchas horas de tele-futbol!

    2. Fer’s avatar

      Ya tengo la solución, que el gobierno nos dé a los deco-adictos una subvención para tener una casa muy grande, así podemos tener como antes, un salón para recibir tope chic y luego nuestro cuarto de la tele para cenar en bandeja y ver la caja tonta!!!!!jajajjajajajjajaa

      Besossss

      1. Beatriz’s avatar

        Eso, más subvenciones. Tas tú, como los griegos…

      2. Leo’s avatar

        Las ideas que das para camuflar la televisión me parecen estupendas sobre todo la de enmarcarla para estilos clásicos, aunque su diseño actual me parece que tiene un punto escultórico que le va tal cual a decoraciones más vanguardistas.

      3. Javier’s avatar

        Muy bueno, pero no has sacado ninguna foto de las teles panzudas. Los “No televiseros” aún tenemos de “esas” en casa.
        Un saludo!.

        1. Beatriz’s avatar

          Javier, yo en tu caso llamaría al arqueologico nacional…jejeje. Las panzudas se decoraban con un toro y una flamenca encima (bajo tapetillo de ganchillo). Y eso ya es un clásico!

        2. Mara GV’s avatar

          Bastante de acuerdo. Sí a la televisión y no al televisor. Y voy a tener que dejar de ser fans de Pío como se siga metiendo con la tele… y el fútbol, dónde lo ve, eh, eh, eh????? Yo, igual que Teresa 2, me la pongo de fondo y entiendo que eso es pasarse pero de lo contrario hablo sola y creo que eso es más triste, como de robar.

          1. Beatriz’s avatar

            100% de acuerdo contigo. Pío está en desgracia. Bueno no, que ayer fue mi cumple y al llegar a casa me la encontré llena de flores y al inclito con un vinito blanco frio y unos percebes esperándome. Mejor marido no hay, te lo digo. Eso sí, lo de la tele es una cruz.

          2. Mara GV’s avatar

            PD: en el salón tengo una impresora que, para mayor escarnio decorativo, está rota. Bueno, no está rota pero como si lo estariese, lo que no va es el ordenador que le mandaba las cositas de imprimir.
            No tengo arreglo, verdad?

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