¿Ponemos los cuernos?

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El trastero de casa de mi madre es un campo de minas. El sábado Pantaleón y yo nos adentramos allí en busca de un cuadro y a punto estuvimos de morir empalados por unos cuernos de kudu que sobresalían peligrosamente de entre un montón de cajas. Pantaleón se quedó mirando al bicho y me preguntó meditabundo: “¿Pondrías los cuernos?”. Obviamente, no estaba cuestionando mi respeto los votos matrimoniales; se refería a si colgamos o no al animalito en una pared.

Alfombra de piel de cebra

Alfombra de piel de cebra – via Elle Decor US

El tema de las pieles y los trofeos de caza es un “albondigón” bien gordo. La gente lo vive con mucha intensidad. A unos les parece mal matar al bicho, a otros les repugna colgarlo (aunque ya esté muerto) y a otros simplemente les parece feo.
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Pantaleón – sorprendentemente – no tiene objeciones en ninguno de los tres campos. Yo me acuerdo de que cuando mi padre se iba a cazar, siendo yo pequeña, me llevaba unos berrinches terribles y le impedía la salida de casa, entre ruegos e hipidos, hasta que me jurara sobre el texto sagrado más próximo que no iba a hacerle nada a “la mamá de Bambi”. Pero confieso que mis esfuerzos ecologistas en pro de la salvación del planeta terminaron ahí.
Via Lonny Magazine

Via Lonny Magazine

Pantaleón dice que los trofeos y las pieles le gustan, pero sólo en una casa de campo o en un ambiente rústico. Yo, en principio, tampoco los veo mucho en una casa de ciudad, pero reconozco que hay fotos que pueden convencerme de lo contrario.
Caparazón de tortuga - Showroom de Lorenzo Castillo

Caparazón de tortuga – Showroom de Lorenzo Castillo

Soledad Suarez de Lezo, via Nuevo Estilo

Soledad Suarez de Lezo, via Nuevo Estilo

Elle Decor US - fotografía de Simon Upton

Elle Decor US – fotografía de Simon Upton

Las cuernas, los corales, las pieles y los bichos disecados últimamente se ven por doquier en revistas de decoración. Lo más debatible de todo ello son los bichos disecados que, salvo contadas excepciones, o te dan miedo, o te dan pena.
Chateau de la Goujonnerie - Les trois garçons. Obviamente los unicornios no son de verdad.

Chateau de la Goujonnerie – Les trois garçons. Obviamente los unicornios no son de verdad.

Ni Pantaleón ni yo sabemos cuando a la humanidad le dio por dejar de momificar faraones para ponerse a momificar bambies. Lo cierto es que la taxidermia tiene un punto “freakie” innegable. Recuerdo haber ido a un establecimiento del ramo con mi arriba mencionado padre (quien a las mamás las dejaba en paz, pero a los papás les daba lo suyo y lo de su primo) y haberme quedado alucinada al ver que la gente se hacía lámparas con la pata de un antílope y taburetes con la de un elefante. Me pareció horrible, pero principalmente de feo.
Bicho disecado

Bicho disecado

puercoespín y perdices. Pobrecitos mios.

Puercoespín y perdices. ¡Pobrecitos mios!

Sin embargo, la fascinación existe. No hay guía de tiendas de decoración que se precie que, en cuanto menciona París, no te mande de cabeza a Deyrolle (46 Rue du Bac, 75007 Paris) que en realidad, más que tienda, es un museo de ciencias naturales con la colección de animales disecados más grande y diversa que he visto en mi vida. Esto, confieso, fuera del contexto museo, da un pelín de grima.
Deyrolle: ¿qué os decía?

Deyrolle: ¿qué os decía?

Deyrolle

En realidad Deyrolle es un moderno “cabinet de curiosités”. Estos gabinetes de curiosidades o “cuartos de maravillas” surgieron en los siglos XVI y XVII, en la época de las grandes expediciones, y eran principalmente un compendio de todo lo raro en materia vegetal y animal. Los grandes coleccionistas ricos exhibían allí sus corales, sus estrellas de mar, sus plantas y sus pájaros, reptiles o peces disecados. Lo que fuera, pero cuanto más extraño mejor. Estos “cabinets”, que desaparecieron con el tiempo, son el origen de los actuales museos de historia natural. Ultimamente han tenido un resurgimiento doméstico notable, hasta Manuel Cánovas ha hecho una tela que se llama precisamente “cabinet de curiosités”. Por eso, si pasáis por Deyrolle, entrad. Merece la pena. Ya os digo que es un “museo” disfrazado de tienda. Y además a parte de gallinas y jirafas disecadas tienen también estas otras “piezas” nada desdeñables que, si a alguien le apetece regalarnoslas, aceptaríamos más que gustosos.
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Pero siguiendo con lo nuestro. ¿Bichos sí o no? ¿Objeciones?. Pantaleón es vegetariano, pero no por convicción sino por ADN (es un mono). Y yo, la verdad, soy más carnivora que un tiranosaurios Rex. Ocupo mi lugar en la cadena alimenticia sin remordimientos, cumpliendo con la función que el ecosistema me ha encomendado: me como a las vacas y a los peces y asumo que hay bichos que, dada la oportunidad, me comerán a mi. El resurgimiento del trofeo de caza y de la cuerna en la decoración global, no me plantea excesivos problemas éticos.
Isabel López Quesada, via Nuevo Estilo

Isabel López Quesada, via Nuevo Estilo. Maravillosamente hecha la composición, ¿no creéis?

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Otra cosa es que si te regalan la cabeza disecada de “Islero” más que colgarlo encima de la chimenea, lo que te pida el cuerpo sea donarlo a la Maestranza.
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Isabel López Quesada

Isabel López Quesada

Pero si lo que pasa es que el bicho de verdad te plantea problemas pero al mismo tiempo el concepto “trofeo” te parece decorativo, estás de enhorabuena: ahí fuera hay un mundo entero lleno de posibilidades. El “falso trofeo” se ha convertido en un elemento decorativo más y tiene la virtud añadida de que tiene mucha gracia.
Lo último que hemos descubierto en ese campo es el trofeo-florero. Se trata de una idea del diseñador Guille García Hoz y están hechos en el centro cerámico de en Talavera siguiendo un diseño hecho por él. Son absolutamente geniales. Mirad (pero mirad bien, por favor, que las fotos no son buenas y si no os fijáis no hay forma de enterarse bien)
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Veréis que los cuernos son ramas, que además puedes alternar, con y sin hojas, durante las estaciones. Nos parece una idea fantástica y son muy decorativos. Los podéis comprar en el “Shoproom” de Guille García Hoz (pinchad aquí). Valen 160€ y miden aproximadamente 30x30x40 (sin contar los “cuernos” claro, que se los ponéis vosotros del tamaño que queráis).
Luego están las versiones en fibra de vidrio de las que hay legión. Nos gusta especialmente esta idea que podéis ver en la tienda madrileña Popi & Hafner (¡huy! ahora que los miro bien… yo creo que estos son de verdad pero pintados…)
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En fin, que podéis adquirir unas cuernas similares en esta web (ved foto abajo) y esto sí que es fibra de vidrio.
Valen 108 $ y los hay con los cuernos en prácticamente todos los colores.

Valen 108 $ y los hay con los cuernos en prácticamente todos los colores.

Los de las cuernas rojas a nosotros nos parece que tiene mucha gracia. Por otro lado, nada más español que el mimbre y si es mimbre de toro mejor…
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Estos los podeís adquirir, en varios tamaños, en Vinçon a través de su web (www.vinçon.com). También existen en color negro.
Y si os gusta la idea de contribuir con vuestras manitas a la existencia del trofeo, entonces estas opciones en cartón os encantarán. Tienen la virtud de servir para entretener una tarde entera a los niños. Y se pueden pintar del color que quieras.
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Valen entre 28 y 58 dólares y los tienes en Uncommon Goods
Pero he de confesar que nuestros super favoritos son las cabezas de papier maché, hechas en Haiti, como este rino que tenemos en casa… o la cebra de mi hermana Inés. Nos gustan especialmente encima de un espejo, o saliendo de un marco vacío como el león de la Metro…
Mi rino

Mi rino

La cebra de Inés

La cebra de Inés

Para los totalmente “minimal” siempre existe la opción del trofeo-no trofeo, como esta metopa con ramas que “da el pego” visualmente y no puede ser más fácil de hacer. Solo necesitáis:  unas ramas, un bote de pintura, un trozo de madera, una sierra bien afilada… y – si sois torpes como yo- un cubo lleno de hielo para colocar el dedo amputado y el telefono del SAMUR en marcación rápida …
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Nunca se sabe, igual mi propio dedo queda mono en la metopa.
PD: Prometemos que en la elaboración de este post no ha sufrido ningún animal. Ni siquiera Pantaleón.

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10 comments

  1. Pantaleona’s avatar

    Qué post tan interesante…esto de las cuernas, la taxidermia y demás es un nuevo mundo frikie x descubrir!!Cómo bien has dicho el mundo de los trofeos d caza es todo un “albondigón”…ahora q efectivamente ante la ausencia de casa d campo y careciendo de vuestro gusto (Pantaleón y el tuyo) y el de López Quesada y demás maestros para colocar trofeos en casas urbanitas, yo me quedo con los de papel maché q tienen toda la gracia. En cuanto a lo de poner animalitos disecados por casa, mejor lo dejamos para otros más lanzados…pero es una opción (como se entere Suri Cruise le encarga a su madre unos cuantos para su cuarto de jugar!)

    1. admin’s avatar

      Cuanta razón!

    2. Tarsicia’s avatar

      Todo genial Bea..como siempre

    3. JMGB’s avatar

      Siento discrepar: lo de las cuernas (sin abusar, que he entrado en casas claustrofóbicas) me parece aceptable si uno es cazador (me sé de alguno que se ha hecho con trofeos con medalla en Duran), pero lo de los bichos disecados… Desolé… No tienen ni un pase… Lo derl papier maché tiene gracia, y los corales y conchas precioso. Modesta opinión…

      1. admin’s avatar

        No discrepas! Estoy de acuerdo! Disecados no gracias! Me limito a mostrar lo que hay por ahí, pero como digo en el post, los disecados o dan miedo (véase oso terrorífico) o dan pena (patitos, antílopes y demás bichitos monos). Por cierto… tomé nota de todas tus sugerencias y peticiones. Pronto verás!

      2. María López-Brea’s avatar

        Fantástico el post¡¡¡ por fin las mujeres de los cazadores dejarán de sufrir y se sentirán de lo más “fashion” en sus casas. Buen trabajo¡

        1. admin’s avatar

          Muchas gracias María!

        2. Menchu’s avatar

          Hola Beatriz,
          como comprobarás por donde voy dejando los post, desde que conocí tu blog
          ( aparte de encantarme y pasármelo genial)me lo he leido de cabo a rabo.
          No tengo cuernos de”la madre de Bambi” mi familia siempre ha sido más naútica que campera, pero si tres colmillos de marfil que descansan en un altillo desde hace 20 años por que no se que hacer con ellos: siempre que veo algo en alguna revista o casa ,me parece viejuno, cateto o adecuado para el piso de Sara Montiel, no para el mío. ¿ Podrías ayudarme?
          Intento “pegarte ” aquí una foto pero no me deja…Estoy por venderlos para el mercadillo de Pantaleón….
          Gracias por adelantado!

          1. admin’s avatar

            Hola Menchu! Me alegro de que te hayas tragado el “novelón decorativo” entero! Gracias por seguirnos.

            Lo de los colmillos de elefante: es cuestión de gustos y es cierto que es difícil “expropiarle” los cuernos a un cazador. Dicho esto, a mi personalmente no me gustan, y estoy de acuerdo contigo, son un poco Sara-montielescos. Yo sinceramente, si puedes, los quitaría. Llévalos a una casa de subastas. Últimamente veo alguns en los catálogos. Igual los colocas a buen precio, creo honestamente que es mejor ahí que en el mercadillo…

          2. Menchu’s avatar

            Gracias por contestar tan rápido. Como te decía arriba, los tengo en un altillo de un armario embalados, ¡nunca he sabido que hacer con ellos! ¿ Podrías recomendarme una casa de subastas ( vivo en Huelva, pero mi hijo en Madrid así que sin problema)? no conozco ninguna que se dedique a esto…
            Te he mandadola foto al correo.
            Muchas gracias, un beso.

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