Miles Redd

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En un artículo publicado en el número de enero de 1952 de la revista LIFE, el periodista Cleveland Amory cuenta la historia de un empobrecido marqués inglés que, la noche de su llegada a Palm Beach, fue interrogado por una rica viuda americana sobre el propósito de su visita. El marqués inglés, no se sabe si en broma, confesó que era pobre como las ratas y que un amigo le había recomendado pasar por Palm Beach y buscar una millonaria con la que contraer nupcias. “Aquí me tiene, señor marqués” contestó la viuda millonaria “ya no hace falta que busque más”.

Worth Avenue, Palm Beach

Worth Avenue, Palm Beach

Para tener éxito en Palm Beach es necesario tener mucho dinero (muchísimo) a ser posible amasado antes de 1950 (eso es lo que los americanos entienden por “Old Money”) o tener un título. El que sea. Da igual que sea pontificio, italiano, nuevo o medio inventado: que sea título. Ese es uno de los motivos, me dice Pantaleón, por los cuales se empeña en seguir usando su marquesado ficticio.

Casa de Kelly Wearstler en Los Angeles

Vía Veranda

Por eso, no entiendo cómo, estando invitado en casa de la famosa Dottie, con el llamativo Abelardo tres discretos pasos por detrás, con su rimbombante marquesado y su apasionante conversación, Pantaleón no ha sido el éxito de la temporada en Palm Beach.

Mapa de Palm Beach vía Elle Decor

Mapa de Palm Beach vía Elle Decor

Tumbado en su chaise longue, con una cataplasma de “barros del Nilo y peladura de Guanábana de Brasil” en la frente y una tila doble en la mano, Pantaleón me aclara que sí, que él ha sido un éxito y que su huida de Palm Beach no se debe a una debacle social, sino a sus “nervios”. Dottie no estaba sola en casa: con ella estaba su “piara de nietos” (Pantaleón dixit).

Foto de Slim Aarons, niños tomando un helado en Palm Beach, años 50.

Foto de Slim Aarons, niños tomando un helado en Palm Beach, años 50.

Pantaleón y los niños no combinan de él. Estos tardaron poco en darse cuenta de que estaban ante un neurótico – un neurótico simpático, pero neurótico al fin y al cabo – y descubrir su punto flaco. Su punto flaco de la semana, quiero decir, porque puntos flacos hay varios.

Tras descubrir que Pantaleón en Florida vive en permanente terror de encontrarse con un tiburón, tiburones falsos, verdaderos, disfrazados y disecados aparecían por todas partes.

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Hasta colocaron un delfín en la piscina (con las prisas las aletas pueden parecerse) cuando Pantaleón estaba haciendo sus largos matinales. Esta continua aparición de aletas negras en todas partes hizo mella en los ya frágiles nervios de Pantaleón.

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“Pero eso no es todo” me dice el mono “ni siquiera es lo más grave. Lo grave es lo de esa mujer.”

“¿Qué mujer?” pregunto

“Lilly Pulitzer” me contesta, dando el nombre de la ya difunta diseñadora de ropa oriunda de Palm Beach.

“Pero Pantaleón” le digo “¡Lilly Pulitzer está muerta! Murió el año pasado”

“Lo sé” dice el mono “y ¡qué terrible legado ha dejado!. ¡El daño que ha hecho esa mujer! Por su culpa Palm Beach entero está lleno de señoras que piensan que el verde pálido va con el rosa y que ambos, combinados, son colores perfectamente tolerables para decorar una casa. ¿Te imaginas? Ah Cherie! ¡la profusión de rosa chicle! ¡La invasión del estampado chillón!¡Las mezclas en colores pastel! No te imaginas lo que he sufrido…!!!”

Mesa rosa, Palm Beach. Del post "Palm Beach Backyards", the Glam Pad.

Mesa rosa, Palm Beach. Del post “Palm Beach Backyards”, the Glam Pad.

Más rosa. Ruthie Sommers.

Más rosa. Ruthie Sommers.

Verde y rosa, al más puro estilo Pulitzer

Verde y rosa, al más puro estilo Pulitzer

Globos rosas en una "Baby Shower" de Palm Beach

Globos rosas y mantel verde en una “Baby Shower” de Palm Beach

Como siempre, al mono hay que creerle a medias. Es cierto que Palm Beach no es lo que era en los años 50, cuando la jet set mundial, antes o después, se dejaba caer por ahí para codearse con las grandes fortunas americanas en fiestas dignas de pasar a los anales de la historia. Pero sigue siendo impresionante.

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Grace Kelly, siendo ya princesa de Mónaco, en Palm Beach

Grace Kelly, siendo ya princesa de Mónaco, en Palm Beach. Totalmente adaptada al verde y rosa local.

Los Kennedy en Palm Beach, saliendo de los oficios de Semana Santa

Los Kennedy en Palm Beach, saliendo de los oficios de Semana Santa

Estee Lauder en su casa de Palm Beach, circa años 60

Estee Lauder en su casa de Palm Beach, circa años 60

Es como un parque temático de los muy ricos, donde las palmeras se vacunan contra la gripe, la frutería tiene aparcacoches uniformado y las grandes mansiones al borde del mar se han fabricado una réplica de ellas mismas en pequeño para hacer de “beach house”.

Casa de Donald Trump. Tras comprar Mar a Lago, la casa que se hizo Majorie Merriweather Post, la heredera de los Kellogs, en el extremo sur de la Isla y convertirla en un club, Donald se ha comprado esta chabolilla.

Casa de Donald Trump. Tras comprar Mar a Lago, la casa que se hizo Majorie Merriweather Post, la heredera de los Kellogs, en el extremo sur de la Isla y convertirla en un club, Donald se ha comprado esta chabolilla.

Los americanos, cuando son ricos, son muy ricos. Y lo muestran. Todo etnólogo o sociólogo que se precie ha de pasar por Palm Beach para completar su formación.

Slim Aarons, Mr. y Mrs Donald Lease en su casa de Palm Beach

Slim Aarons, Mr. y Mrs Donald Lease en su casa de Palm Beach. Juraría que los pantalones de Mr. Lease son diseño de Lilly.

Evelyn Lauder en la entrada de su casa en Palm Beach heredada de su suegra Estee.

Evelyn Lauder en la entrada de su casa en Palm Beach heredada de su suegra Estee.

Lo que dice Pantaleón sobre la obsesión por los rosas es cierto, aunque a medias. Y creo que su atribución a la nefasta influencia ejercida por la Coco Chanel local, Lilly Pulitzer, es correcta.

Lilly Pulitzer colección masculina (por decir algo). La ubicua mezcla de rosa con verde.

Lilly Pulitzer colección masculina (por decir algo). La ubicua mezcla de rosa con verde.

Pero no todo es así. Lars Bolander, un decorador sueco de gusto perfecto y su mujer Nadine, se instalaron hace un tiempo en Palm Beach donde tienen una tienda. Gracias a ellos, entre otros, los Palm Beachitas poco a poco van viendo que hay vida más allá del rosa palo.

Lars Bolander y su mujer, Nadine Kalachnikoff, en su casa de Palm Beach

Lars Bolander y su mujer, Nadine Kalachnikoff, en su casa de Palm Beach

Lars Bolander

Lars Bolander, casa de Brooke Giannetti en Palm Beach.

E incluso Celerie Kemble, la famosa decoradora nativa de Palm Beach, hija de la no menos conocida Mimi Mcmakin, fue capaz de superar su fase verde-rosa…

Celerie Kemble en fase verde-rosa. Palm Beach

Celerie Kemble en fase verde-rosa. Palm Beach

Y hacer cosas como estas:

Celerie Kemble superada fase verde-rosa

Celerie Kemble superada fase verde-rosa

Y en Palm Beach siempre ha habido buen gusto. Como el de Consuelo Vanderbilt, “jubilada” en Palm Beach como señora de Balsan tras haberle dado la patada al duque de Malborough

El Vedado, casa de Consuelo Vanderbilt en Palm Beach

El Vedado, casa de Consuelo Vanderbilt en Palm Beach

O el de la famosísima C.Z. Guest cuya icónica fotografía por Slim Aarons está tomada en Palm Beach…

C.Z. Guest, perro e hijo. en su casa de Palm Beach. Foto de Slim Aarons.

C.Z. Guest, perros e hijo. en Villa Artemis, su casa de Palm Beach. Foto de Slim Aarons.

O el de la enigmática Jayne Wrightsman, excepcional coleccionista de arte y muebles cuyos donativos en muebles franceses del XVIII llenan varias salas del Museo Metropolitan de Nueva York…

Jayne en su casa de Palm Beach decorada por Stephane Boudin de Maison Jansen

Jayne en su casa de Palm Beach decorada por Stephane Boudin de Maison Jansen

La piscina de la casa de Jayne, agua de mar calentada a exactamente 25ºC. Dicen que JFK, cuya mujer era íntima de Jayne, venía a nadar a esta piscina para aliviar sus problemas de espalda

La piscina de la casa de Jayne, agua de mar calentada a exactamente 25ºC. Dicen que JFK, cuya mujer era íntima de Jayne, venía a nadar a esta piscina para aliviar sus problemas de espalda

Pero sí, lo del rosa es contagioso.

Mario Buatta, del libro "Palm Beach entertaining". Rosa y verde.

Mario Buatta, del libro “Palm Beach entertaining”. Rosa y verde.

Y me pregunto por qué pensarán que el rosa es lo que procede en un sitio de playa, cuando existen opciones mucho menos… conflictivas.

Vía House and Garden

Vía House and Garden

Miles Redd, vía House Beautiful. Casa de Lyford Bay, Bahamas. Magnífico el toque de las sombrillas.

Miles Redd, vía House Beautiful. Casa de Lyford Bay, Bahamas. Magnífico el toque de las sombrillas.

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Sig Bergamin

Sig Bergamin

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“Lo que quieras” me dice el mono “pero no hay quien los convenza. ¡Hasta Dottie ha caído en la trampa!. Me alojó en un cuarto verde y rosa…

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“Nos dio una cena con la mesa en verdes y rosas…”

Palm Beach Lunch, vía House Beautiful

Palm Beach Lunch, vía House Beautiful

…los maravillosos platos verdes de Anna Weatherley que ha comprado pretende ponerlos con flores y copas rosas…”

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“las telas de flores del salón – por cierto ¿sabes que vuelven las telas de flores? – las ha puesto en verde y rosa…”

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“Y tomamos el té en el salón verde y rosa…”

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“Así que cuando el bestia del perro de sus nietos se comió mi pijama y Dottie, adorable, me regaló uno nuevo ¡verde y rosa!…

Pijama de Lilly Pulitzer

Pijama de Lilly Pulitzer

…Y no pude soportarlo más!”

 

PD: Se me olvidó deciros que el libro de Michael Devine (“An Invitation to the Garden”) llegó y que me temo que no merece la pena. En este caso, podéis ahorraros el dinero. En nuestra humilde opinión, ni las recetas ni las mesas merecen el desembolso.

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