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Dicen que Nápoles nació de los desamores entre un marino y una sirena.

Vía Pinterest

Vía Pinterest

“¡Por favor!” interrumpe Pantaleón desde su hamaca “dicho así suena muy romántico, pero sabes bien que esa historia hace aguas – excuse the pun, Darling – por todas partes. ¡Haz el favor de contarla bien!” me ordena.

Le Sirenuse, Positano. Vista desde la terraza de la piscina.

Le Sirenuse, Positano. Vista desde la terraza de la piscina.

Miro al mono con antipatía. Mi versión es mejor que la de Homero, pero ya que estamos tiquis-miquis aquí va la suya: Cuenta Homero en la Odisea que fue Circe – quien, para ser diosa, era muy cotilla – la que advirtió a Ulises de la irresistible seducción que sobre los hombres ejercían los cantos de las sirenas.

Paestum, antigua Poseidonia. Al sur de Nápoles en la bahía de Salerno. ¿Quizás fue aquí donde Circe cotilleó estas cosas a Ulises?

Paestum, antigua Poseidonia. Al sur de Nápoles, en la bahía de Salerno. ¿Quizás fue aquí donde Circe cotilleó todas estas cosas a Ulises?

El canto XII de la Odisea dedica bastante poco palabrerío a ello, pero parece que Ulises, que quiso escuchar los famosos cantos sin poner en peligro su vida, ordenó a sus hombres que le amarraran fuertemente al mástil – y que posteriormente ellos se taparan los oídos – al pasar delante de ciertas islas, cercanas a la actual Nápoles, donde habitaban las bellas sirenas. Nadie sabe a ciencia cierta cuáles son esas islas. Capri y las islas Li Galli se disputan el honor de haber sido hogar de las sirenas.

li galli con barco

Li Galli al atardecer desde Positano, agosto 2014

El caso es que los hombres de Ulises se taparon bien los oídos y ataron al buen griego al mástil, y esa noche, pasando cerca de la costa amalfitana, Ulises comenzó a oír unos cantos lejanos. Homero, que es un sieso, ni siquiera describe los cantos, pero debieron de ser formidables. Ulises se debatía entre los cabos que lo ataban loco por lanzarse al mar. Era el canto más bello que había oído jamás. Llegaba de lo profundo de la noche, mezclado con un olor a jazmín, a mar y a olivo. Era un lamento, un canto de amor, una llamada al éxtasis, a la gloria. Nunca jamás se había oído un canto igual. Y nunca volvería a oírse. Las propias sirenas se sorprendieron del magnífico sonido que salía de la boca de Parténope, una de sus más jóvenes y bellas compañeras. Pero los marinos de oídos tapados, y Ulises atado al mástil, desgañitándose por lanzarse al mar, fueron pasando de largo empujados por el viento que llenaba sus velas. Parténope, enamorada de Ulises desde que oyó por primera vez noticias de sus aventuras, intentó atraerlo a sí hasta el final. Cantó, cantó y cantó en esa oscura noche de verano, canto su mejor más dulce y más desesperado. Cantó hasta que la estela del barco de Ulises se perdió en el horizonte. Y entonces Parténope pagó el precio que han de pagar las sirenas cuya canción no es escuchada por el hombre que aman: la muerte. Así son las normas de los dioses. Su cadáver fue arrastrado por la marea hasta la playa de Santa Lucía, donde está el actual Castel del Ovo, y allí, donde el mar arrastró a la sirena muerta, se fundó una nueva ciudad cuyo nombre fue Parténope y que es ahora Nápoles.

Nápoles, vista desde la bahía con Castel del Ovo, lugar donde murió Parténope, a la derecha de la imagen.

Nápoles vista desde la bahía, con Castel del Ovo, lugar donde murió Parténope, a la derecha de la imagen.

“Bufff” dice el mono despectivo levantando el brazo para pedir otro Bellini “sigues inventando más de lo que debes. Así se cuenta la historia. Y luego pasa lo que pasa.”

Le Sirenuse con Li Galli al fondo.

Le Sirenuse con Li Galli al fondo, imagen de su web www.lesirenuse.it

No entiendo cómo puede estar de este humor tan ácido y descreído precisamente teniendo delante la impresionante vista de las islas donde cantó Partenope. Li Galli. Los gallos. Anteriormente conocidas como “Las Sirenas”, nombre que da el suyo al hotel en donde nos alojamos, Le Sirenuse, en Positano. Desde la terraza y desde la mayoría de sus habitaciones se ve el mar Tirreno con las islas de las sirenas al frente. Abajo la cúpula dorada de la iglesia de Positano con sus campanas anunciando el Ángelus en un tañer entusiasmado. A un lado multitud de casitas blancas trepando por los montes Lattari, adheridas a las laderas como los “vongole” a las rocas. Y esos barrancos grises, esas piedras salpicadas de pinos que caen a plomo hasta un inmenso mar turquesa. No hay lugar más romántico en el mundo. Pero el mono no está para chistes.

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Costa amalfitana desde el Sant Antonio, el barco sorrentino de Le Sirenuse.

Costa amalfitana desde el Sant Antonio, el barco sorrentino de Le Sirenuse.

Me armo de paciencia y no digo nada. Al fin y al cabo ha sido él quien nos ha convidado a pasar unos días aquí. Nos rescató a Pío y a mí de los horrores de un hotel en Santa María de Castellabatte donde nos estaban comiendo las pulgas. El hotel se anunciaba como un antiguo Palazzo con playa privada. La playa tenía de privada lo que el Parque del Retiro y el pulgoso Palazzo era sombrío, sucio e inhabitable.

“¿Se puede saber qué hacéis ahí?” me preguntó el mono ante mis lamentos.

“Ver Paestum” le contesté

“¿Y eso qué es?”

“Una zona arqueológica con tres maravillosos templos griegos”

paestum4

“Darling!” me reconviene el mono “¡Pero qué tonterías haces! Lo único griego que merece la pena son los navieros. Peludos, feúchos, simpáticos y riquísimos. Déjate de templos. Vente a Positano y te presento a Stavros.”

El comedor de Le Sirenuse de noche, con la buganvilla trepando por las paredes e iluminado únicamente co velas. Concretamente 500 velas.

El comedor de Le Sirenuse de noche, con la buganvilla trepando por las paredes e iluminado únicamente co velas. Concretamente 500 velas.

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Una tiene su dignidad, pero una invitación al hotel de las Sirenas no se desprecia. Sobre todo cuando uno ha caído en las garras de una rubiesca y timadora Principessa que te cobra una pasta por servir de alimento nocturno a sus chinches. Así que adorado Pío y yo hicimos las maletas y salimos del Palazzo Belmonte marcando rueda de coche en la gravilla.

“Principessas hay dos tipos” pontifica Pantaleón en el Oyster Bar de la Sirenuse “las guapas, que hacen una magnífica carrera en el extranjero como pendones verbeneros y se casan divinamente, y las feúchas, reducidas al mantenimiento de los Palazzos mediante timos al gran público”.

Le Sirenuse, el Oyster bar

Le Sirenuse, el Oyster bar

Pues sí que está amargo el mono. Más que su fantástico Negroni servido en estos vasos de Murano diseñados por Carlo Moretti de los que me he enamorado nada más verlos..

Cuencos y vasos de Carlo Moretti en cristal de Murano. Todos distintos. Disponibles en la boutique de www.lesirenuse.it

Cuencos y vasos de Carlo Moretti en cristal de Murano. Todos distintos. Disponibles en la boutique de www.lesirenuse.it

No sé si tiene que ver con nuestra precipitada salida del inhóspito agujero del que nos encontrábamos, pero desde que llegamos a Le Sirenuse, me gusta todo lo que veo. Me he enamorado de los platos de colorines en cerámica de Vietri con los que ponen la mesa. Todos distintos y de diversos motivos de animales…

le sirenuse platos vietri detallemesa vietri

platos vietri

Y los inspecciono con deseo en la tienda de Ceramiche Assunta (www.ceramicheassunta.it)

platos vietriplatos vietri coleccion 2
platos vietri3 malaplatos vietri en paestumMe gustan todos y no soy capaz de decidirme. Casi mejor. Ya me imagino fletando un camión para llevarme a casa la enésima vajilla. En mi estado de amante de todas las cosas Positanescas me enamoro hasta de la papelera de mi cuarto…

papelera mingote

Del “botijillo” que hace las veces de cache-pot..

le sirenuse habitacion 2 Del verde de las contraventanas de los balcones…

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Del piqué blanco de las fundas de las sillas…

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terraza hab 75

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De los ventanales de hierro forjado, herencia de los años sesenta…

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Y sobre todo de las enredaderas que, por todas partes, trepan por las blancas paredes encaladas…

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le sirenuse trepadora comedor le sirenuse trepadorastrepadora

Recuerdo una imagen de la casa de Rose Tarlow en Estados Unidos con una hiedra trepando por las paredes del salón. El efecto no era el mismo porque Rose eligió una planta caduca, y las fotos se sacaron con la hoja caída..

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Tumbada en la piscina, oyendo despotricar al mono, pienso en cómo conseguir que una enredadera trepe por el interior de mi salón…

IMG_1058 IMG_0283 IMG_1742Vincenzo, el maître de le Sirenuse, simpático y amable hasta decir basta, me da la clave: las ventanas son antiguas y tienen holgura, entra aire del exterior. Las plantas se protegen en invierno, en verano se las cubre del excesivo sol y hay varios jardineros que las miman casi tanto como a los huéspedes del hotel. Ummm.

Vincenzo, simpático, listo y todo un personaje. Canta canción Napolitana mejor que Sergio Bruni, compone poesías en sus ratos libres, y tiene el aspecto del mismísimo Aga Khan.

Vincenzo, simpático, listo y todo un personaje. Canta canción Napolitana mejor que Sergio Bruni, compone poesías en sus ratos libres, y tiene el aspecto del mismísimo Aga Khan.

Parece dificil reproducir estas condiciones en mi solución habitacional. Pregunto a Pantaleón qué opina del asunto.

“Opino que tienes unas ideas absurdas que implican esfuerzos innecesarios”.

Vaya. Está claro que no está compitiendo por el título de mister simpatía. Encuentro extraño este mal humor. El día anterior nos fuimos a cenar al barco de Stavros y el mono estaba en su salsa.

Vista desde nuestra ventana con el barco de Stavros al fondo.

Vista desde nuestra ventana con el barco de Stavros al fondo.

Stavros resultó ser un tipo simpatiquísimo. Me contó que se empeñó en labrarse un futuro por su cuenta al margen de su riquísima familia y que pasó años trabajando como un animal. Luego se rindió a la evidencia y optó por aceptar el puesto que tenía reservado en la naviera de su padre. “¿Y ahora también trabajas mucho?” Le pregunto. “No” contesta el griego “ahora el dinero simplemente fluye hacia mí con deliciosa monotonía”. El tipo tiene gracia. Pantaleón charla animadamente con una tía política de Stavros con la que parece estar pasándolo estupendamente· Ella me dice que le gusta mucho mi blusa y le digo que es de Zara. “¡Ah!” contesta “yo siempre he querido vestirme con ropa barata, pero nunca he tenido los medios”.

Lo pasamos de miedo. No entiendo el cambio de humor. Como el mono no me habla me voy a buscar un libro a la biblioteca del hotel…

le sirenuse oyster bar

Y al asomarme por la ventana lo comprendo todo. El barco de Stavros ya no está. Ha zarpado. Mi pobre Pantaleón es una Parténope moderna y este nuevo navegante griego ha levado el ancla y ha seguido de largo sin escuchar el canto de mi mono-sirena. Pobrecito mío. Corro a consolarle pero no está en la piscina.

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Su hamaca está vacía y no hay rastro de él en ninguna parte.

le sirenuse piscina con limonero

Pregunto por él a un camarero y me contesta que se ha ido. ¿Ido? ¿A donde? Subo y bajo las escarpadas cuestas de Positano en su busca.
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Y nada. Vuelto exhausta y preocupada al hotel y en recepción me dan una nota suya. “Darling, necesitaba un cambio de aires. He zarpado con unos amigos. Todo pagado hasta mañana. Love you lots”. ¿Zarpado? No entiendo nada. Me asomo a una de las terrazas del hotel…

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Me parece ver un barco azul marino, en la distancia, navegando en dirección a Capri. Pregunto a Vincenzo si sabe qué barco es. Sin duda lo sabe. “Es el Blue One, signora”. Y mi cultura de la revista “Hola” me sirve para entenderlo todo. El famoso barco de Valentino. A rey muerto, rey puesto. 

Al día siguiente Pío y yo partimos rumbo a Nápoles. De Le Sirenuse sólo se puede ir a casa. Nada sirve en comparación.

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No es un hotel lujoso en el sentido literal del término. No hay mármoles, ni dorados, ni grandes piscinas, ni enormes jardines. Es sólo una casa muy bien llevada. Increíblemente bien llevada. Como si la gobernanta fuera la mejor anfitriona del mundo. Hay sábanas de hilo, toallas de Frette, platos de porcelana de Richard Ginori, copas de Murano y un tropel de gente pendiente del capricho más tonto que se te ocurra. Un barco que te lleva a bañarte a diario las calas más maravillosas de la costa, flores frescas en todos los cuartos, un botones que corre a llevarte dos botellas de agua fresca cada vez que sales de excursión y un Prosecco bien frío en cada habitación para beber mientras ves la puesta de sol desde la ventana.

li galli desde el barco

Proa del Sant Antonio, el barco del hotel. Li Galli al frente.

En la mesilla, al lado de la botella de agua fría y el chocolate, hay una cajita. En ella unos tapones para los oídos. Alguien podría pensar que son para evitar que el descanso nocturno se vea estropeado por los ronquidos de quien duerme a tu lado, pero yo prefiero creer que, siguiendo la tradición milenaria, están ahí para evitar caer en el embrujo de los cantos de las sirenas. Si los oyera, me quedaría aquí para siempre.

 

PD: Soy consciente de que esto parece un publi-reportaje, pero no lo es. Soy una auténtica enamorada de este hotel donde siempre he sido muy feliz. Reconozco el esfuerzo de sus empleados por hacernos la vida maravillosa a los huéspedes y expreso mi deseo de que éstos estén a la altura de los empleados (lo cual no siempre es el caso). El hotel es fantástico pero caro, por eso quizás sea mejor visitarlo en mayo o octubre, cuando es temporada baja pero aún hace buen tiempo. Si vais, no gastéis en una habitación lujosa porque todas están bien y lo bueno del hotel son las zonas comunes. Con que se vea el mar por alguna esquinita basta…

 

 

 

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Capri

Salon del Hotel J.K. Place Capri

Salon del Hotel J.K. Place Capri

Mítica Capri. Esas fotos de Jackie Kennedy descalza paseando por su puerto….la pelicula de la guapísima Sofía Loren en el esplendor de su juventud… Capri en la época de Tiberio, con sus bacanales y orgías y con “disidentes del régimen” siendo lanzados al mar desde la roca más alta. La Capri de la novela de Axel Munthe, donde cada vez que un lugareño trabajando en su huerta encuentra un ánfora, un cuenco o un busto murmulla impertérrito “Roba di Timberio” (cosas de Tiberio) y lo tira al mar cual basura…  Y la Capri de los anuncios de perfume de Dolce y Gabanna con ese mar azul y ese tío moreno tan cachas…

Capri es lugar de muchas leyendas. Más si, como yo, estás casada con un amante apasionado de la canción napolitana y te levantas, sábado sí, sábado no, con la voz de Peppino di Capri entonando “Luna Caprese” retumbando por toda la casa (el otro día mi queridísimo marido se dió de alta en facebook sólo para contactar con Peppino… toda la mañana poniendo “peppino” en el buscador de Google y en facebook… os imagináis los resultados ¿no?)

Pero volvamos a lo nuestro. Que Capri es un templo del lujo te queda claro en el momento en que llegas a la isla y ves que, por ejemplo, todos los taxis son descapotables. Por si no te quedaba claro, al pagar la primera coca-cola confirmas ya que esto es para otro nivel social superior al tuyo, pero a pesar de todo, de los precios altos, las masas de turistas, los corales falsos que intentan colocarte por buenos… ¡Oh, Capri!. Merece la pena. Un sitio de leyenda no es un sitio de leyenda durante casi 2000 años por nada.

Y si vais, y os da para algo más que una visita de ida y vuelta en el ferry que sale de Sorrento, echadle un ojo a esta maravilla de hotel (maravilla desde el punto de vista de su interiorismo, que yo sí fuí de las de ida y vuelta en el ferry de Sorrento) cuyas fotos os incluyo. Tarifas en la web del propio J.K. Place Capri. Consolaos: ¡lo bueno de ir fuera de temporada es que hay menos masas de turistas!

Otra vista del salón

Otra vista del salón

Si os fijais en esta foto y en la del inicio del post veréis que ambas juegan con los espejos. Otro uso “espejil” a reseñar. ¿Por qué funcionan visualmente las imágenes y resultan “serenas”? Por el contraste del azul oscuro y el blanco, puestos en el mismo plano en las paredes y los toques en negro de algunos muebles y accesorios (fijaos que la gama cromática es de tres colores, no de dos: el negro cuenta) y del suelo. También por la simetría imperante y por la altura de los techos.

Foto de detalle, el espejo redondo de encima de la puerta es un contraste bonito con todas las líneas rectas.

Foto de detalle, el espejo redondo de encima de la puerta es un contraste bonito con todas las líneas rectas.

Abajo el comedor. El verde claro ya no contrasta tanto con el blanco… a mi me gusta menos, pero me encantaría saber qué pensáis. ¡Ah! ¿os habéis fijado en los busto? Bustos + espejos. No digo más.

Comedor Hotel JK Capri

Comedor Hotel JK Capri

Abajo algunas habitaciones

JK capri habitación1

 

 

JK Capri habitación2

Bueno, ¿qué os parece? Hay cosas que copiar ¿no? La mezcla de blanco y azul, tan limpia. Los suelos de madera pintados de blanco de las habitaciones. El “rinconcito” mesa a dos de aqui arriba, que no todo sea comer a diario en bandeja viendo la tele, un día se puede poner un rinconcito similar acercando dos butacas a una mesa puesta para dos con un buen vino y unas velas encendidas e improvisar una cena romántica de viernes ¿no os parece?. Y si queréis, jejeje, incluso os puedo pasar unos cuantos mp3 con los grandes éxitos de Peppino di Capri….

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