Argentina

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Mi adorado Pío me invitó a pasar la Semana Santa a Argentina y para su espanto, Pantaleón se vino con nosotros. Eso sí, fué llegar al aeropuerto de Ezeiza y no volverle a ver el pelo en tres días…

Suite del Hotel Four Seasons en Buenos Aires. No es que la suite esté dentro, este palacete entero es la suite.

Suite del Hotel Four Seasons en Buenos Aires. No es que la suite esté dentro, ¡el palacete entero es la suite!

Pantaleón en Buenos Aires está como pez en el agua. Tiene su cohorte de amigas argentinas, todas ellas muy “conchetas” (muy posh) y elegantes que se lo llevan a almorzar al Jockey Club, a tomar el té en el Alvear y a recorrer anticuarios por la calle Arroyo…

A Pantaleón le gusta tomarse un "copetín" en el Alvear porque dice que es de los pocos sitios donde aún cuidan los detalles...

A Pantaleón le gusta tomarse un “copetín” en el Alvear porque dice que es de los pocos sitios donde aún cuidan los detalles…

Las amigas argentinas de Pantaleón le rien las gracias, le encuentran muy canchero (cool) y escuchan sus tonterías embelesadas. Con semejante tratamiento luego está insorportable durante meses. Le veo largarse en una limusina negra que le envía su amiga Amalita, me olvido de él, y me largo a investigar Palermo Viejo, donde según me han dicho hay una tienda de alfombras que merece una visita…

Algunas alfombras y mantas de "Elementos Argentinos"

Algunas alfombras y mantas de “Elementos Argentinos”

La tienda se llama “Elementos Argentinos” (Calle Gurruchaga 1881, Palermo Viejo) y allí me encuentro con uno de los dueños, Fernando, que me cuenta que esta tienda fue una aventura que comenzó hace unos 7 años “de casualidad”. Durante un viaje al norte del país en 2005 Fernando y su socio, Pablo, conocieron a unos tejedores de alfombras a los que les costaba mucho vender sus productos fuera de temporada. Compraron algunas de sus piezas como una forma de colaborar y las vendieron en un showroom improvisado en el salón de su casa de Buenos Aires. Del éxito de esta primera venta nació “Elementos Argentinos” que ahora da trabajo a casi 200 tejedores de las zonas más pobres de Argentina y que vende alfombras y mantas hechas a mano, al estilo tradicional.

Alfombra de Elementos Argentinos con un toque muy David Hicks. Customizable en todos los tamaños y colores.

En “Elementos Argentinos” han actualizado los tradicionales diseños de rayas para incorporar colores nuevos y diseños distintos con un cierto aire “David Hicks”. Todas las alfombras pueden personalizarse en color, tamaño y dibujo porque se ofrece un fantástico servicio de alfombras a la carta. Envían a todo el mundo. Yo me compré una maravillosa manta de alpaca de color gris marengo con flecos en rojo sangre por 650 pesos (100€ o 65€, dependiendo de si pagas en euros o no) que ha tenido gran éxito.

Alfombras a la carta...

Alfombras a la carta…

El simpatiquísimo Fernando Bach, uno de los dueños de Elementos Argentinos en el taller de alfombras a la carta, con muestras de colores maravillosos...

Me chifló el patio de la tienda y Fernando me explicó es un ejemplo típico de las casitas de Palermo, bajas, largas y estrechas con un patio en medio, a las que llamaba coloquialmente “casas chorizo”.

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Palermo Viejo es una zona que ha vivido una gran transformación en los últimos 10 años. Ahora es claramente muy “canchera”. Los fines de semana se llena de paseantes de compras y de cafés y restaurantes abarrotados en cada esquina. Aún quedan algunos edificios típicos sin rehabilitar, pero la gran mayoría están rehabilitados y albergan infinidad de restaurantes y tiendas de moda.

 

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Palermo Viejo no es en realidad un lugar dedicado a la decoración, pero sí hay sitios divertidos como el almacen “Paul” en la calle Gorriti 4865 (entre Gurruchaga y Armenia) que es una especie de “Becara” a la Argentina. Se accede por un pasillo-patio coronado por un jazmín trepador cuyo olor llegaba hasta la calle…

 

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Allí ví unas cuantas cosas divertidas…

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la lámpara de la derecha que parece hecha de cuentas en realidad es de lana...

la lámpara de la derecha que parece hecha de cuentas en realidad es de lana…

Al día siguiente, domingo, Pío y yo nos fuimos a San Telmo – el equivalente del rastro madrileño – a echar un vistazo a lo que había. Me encantan los conventillos de San Telmo, que siguen con el mismo encanto decadente de siempre….  conventillo-san-telmo-detalle

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IMG_0739A mi me gusta mucho la tienda de antiguedades de Silvia Petroccia, en la esquina de la calle Defensa con Carlos Calvo (C/ Defensa 1004), que sigue llena de tesoros e igual de maravillosamente puesta…

Escaparate de la tienda de antiguedades de Silvia Petrocccia

Escaparate de la tienda de antiguedades de Silvia Petrocccia

 

Interior de la tienda, con ese caos maravilloso que tan bien recrean...

Interior de la tienda, con ese caos maravilloso que tan bien recrean…

Jardinera francesa de zinc y latón pintada de gris puesta a modo de centro de mesa. Silvia Petroccia.

Y los puestecitos de la Plaza Dorrego con su particular mezcla de “quincallería” divertida…

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Pero es cierto que San Telmo ha subido mucho de precio. Entre la inflación, las limitaciones a la importación y el tipo de cambio artificialmente alto que mantiene el gobierno, todo resulta exageradamente caro. Y además, como en todas partes del mundo, siempre hay algún tipejo que tiene la tentación de hacer su agosto con un turista incauto, como el señor que me pidió 190.000 pesos (unos 25.000€) por un par de macetas de cerámica blanca muy Pantaleónicas…

Aqui la pieza de los 25.000€ ¿os lo podéis creer?

Aqui la pieza de los 25.000€ ¿os lo podéis creer?

¿Os lo podéis creer?. Fue oir mi acento español y, tras un largo “esteeeeeee……” optó por multiplicar su valor por mil. Tras oir el precio y reconfirmar que efectivamente estábamos hablando de dos macetas de cerámica blanca de aproximadamente mediados de los años 80 y con un valor máximo de 100 euros (¡el par!) esta española, con un monumental pero educado cabreo, le recomendó al señor “anticuario” que se lo hiciera ver…

Al tercer día, reapareció Pantaleón extrañamente ataviado. Mitad gaucho, mitad Valentino Garavani, con mocasines de “Guido“, pantalón verde rana, fajón de gaucho y blazer de Tom Ford. Me lo encontré almorzando con su amiga Amalita H de C en “Fervor” (C/ Posadas 1519, entre Callao y Ayacucho). Yo le vi hecho un payaso pero Amalita le encontraba “recanchero”.

Barra de "Fervor", espectaculares carnes y fantásticas "caipirinhas".

Barra de “Fervor”, espectaculares carnes y fantásticas “caipirinhas”.

En tres días Pantaleón había adoptado la manera de hablar de Amalita y de cada tres palabras que soltaba una era en inglés, otra en francés y la tercera era “¿viste?”. “¡Qué bueno veeeerte!” me dice ignorando a Pío, como siempre. Y de seguido me informa: que su amigo Fernando A. ha pintado su biblioteca de un bleu magnifique (¿viste?) y que el marido de la mejor amiga de Amalita se ha largado con su instructor de Pilates (¿viste?) y que anoche estuvo en un simpático boliche bailable (¿viste?), que la amiga de Amalita no deja a su marido por temor a perder la vajilla Vieux París de su suegra (¿viste?) pero que sí “le armó un kilombo bárbaro” cuando lo descubrió (¿viste?). ¡Buf! Aún no empezado mi bife y ya necesito una “double aspirine….¿viste?”.

Maravillosa biblioteca azul de la casa de Buenos Aires de Fernando A., el íntimo amigo de Pantaleón.

Maravillosa biblioteca azul de la casa de Buenos Aires de Fernando A., el íntimo amigo de Pantaleón.

Detalle del comedor de Fernando. Porcelana Vieux Paris.

Detalle del comedor de Fernando. Porcelana Vieux Paris.

 

Me despido de Pantaleón que se va a pasar el fin de semana al campo a casa de su amigos María Inés y Fernando, y yo tomo dirección norte, rumbo a la provincia de Córdoba a hacer lo propio en casa de otros amigos. Mi visita es semi-profesional porque allí he sido requerida para hacer un “yes we can” en un dormitorio que solo cuenta con una mesa y dos mesillas. Con mi lata de pintura y las cuatro cosas que cabían en la maleta hacemos esto…

Antes: la foto (19)

Después:

cuarto pintado1 Antes…

Antes

Después:

esquina chimenea

Compruebo que la clave en estos experimentos pintureros es sin duda la calidad de la cinta adhesiva de enmascarar: la mía no era buena y se despegaba y caía todo el tiempo. Para cuando había terminado de colocarla toda, ejercicio en el que invertí casi 5 horas, se empezó a pelar y ante la inminente tragedía resolví pintar a todo correr para evitar el derrumbe total de la cinta. El problema es que eran las 10 de la noche y con las prisas no dediqué a la mezcla del color todo el tiempo que hubiera debido… así que me quedó este azul “abrigo de la reina madre de inglaterra” que sinceramente: ¡es MUY mejorable!

En el interim, Pantaleón, a cuerpo de rey, disfrutaba de la casa de campo de María Inés y Fernando, al sur de Buenos Aires…

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Allí enfilaba un Earl Grey tras otro, desgranaba los grandes cotilleos del París del siglo XVIII y pasaba noches enteras discutiendo con su inseparable Amalita – también invitada – sobre los méritos de Proust y su Duchesse de Guermantes…

Salon de casa de María Inés y Fernando.

Salon de casa de María Inés y Fernando.

 

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Galería

hall sombras

Al llegar me encontré a Pantaleón y a Amalita encerrados en la fantástica biblioteca de Fernando repasando fotos de viejas revistas de sociedad…

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Amalita, que es una máquina de fabricar calumnias, añadía historias escandalosas – posiblemente de su cosecha propia-  a cada página que pasaba. Pantaleón lo estaba pasando en grande. En una semana ya recita a Verlaine de corrido, llama “bolche” a cualquiera con ideas políticas moderadamente progresistas y se refiere a la señora Presidenta de la República como la “Yegua”. Verdaderamente, Amalita es una influencia NEFASTA.

Además, me dí cuenta enseguida que el maravilloso parque romántico-gotico – ¡tan romántico! ¡tan del diecinueve!-  de María Inés y Fernando había tenido en Pantaleón un efecto absolutamente devastador y había desatado todas sus fantasías nonacentistas centroeuropeas…

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La granja blanca

El jardinero de Fernando me confesó que Pantaleón había estado  indagando sobre la posibilidad de organizar una cacería de zorros allí, en plena provincia de Buenos Aires. No sólo no le preocupó nada la ausencia del zorro en sí, sino que propuso sustituirlo por el equivalente local: iguanas. Comprendí que había que actuar rápido.

Llego a tardar un día más en ir a buscarle y bajo el influjo de las centenarias casuarinas, los magnolios desbordantes y las hojas amarillas de los robles de los pantanos me monta un solo de ballet de Mayerling a la luz de la luna… disfrazado no se si de Rodolfo de Habsburgo, de María Vetsera o de Rudolf Nureyev haciendo del primero (por eso de la malla blanca bien prietita…). Al día siguiente apareció a desayunar con bata escocesa, botas de gaucho y casco de húsar. Amalita lo encontró “recanchero”. Yo le agarré de las orejas y me lo traje de la misma para España.

Ahora está en tratamiento de shock: le he mandado a “Caprabo” a comprar huevos para que reciba una buena y necesaria dósis de muy tangible realidad…

 

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