Alfombras

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Charles Beistegui era un señor que daba fiestas. De todas las que dió, la más famosa de todas fue la que celebró en el Palazzo Labia de Venecia el 3 de septiembre de 1951. Fue la primera gran fiesta tras la segunda guerra mundial y, tras las tristezas y horrores de la guerra, tanto anfitrión como invitados tiraron la casa por la ventana. Claro que cuando Beistegui, heredero de una fortuna en minas de plata en Méjico, tiraba la casa por la ventana, el resultado era algo que ni el ojo vió, ni el oido oyó…

Carlos de Beistegui e Yturbe, Charlie para sus amigos, disfrazado para su propio baile en Venecia.

Las invitaciones del “Baile del siglo” se enviaron con seis meses de antelación. Durante ellos el zumbido de las máquinas de coser de los atéliers de Dior, Fath, Schiaparelli y un emergente Pierre Cardin no paró de oirse en París. Y tant mieux para Marguerite Séverine Philippine Decazes de Glücksberg, más conocida para los mitómanos de la moda, como Daisy Fellows, porque la fortuna de Daisy venía de las máquinas de coser Singer inventadas por su abuelo… Read the rest of this entry »

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Durante los días anteriores a la llegada de Pantaleón su ático se convirtió en la meta de una continua peregrinación de pintores, floristas, limpiadoras y planchadoras que preparaban su inminente llegada. Abelardo, a dieta de tres Lexatines diarios (más un Fortasec preventivo) para poder gestionar su estado de febril entusiasmo, se mordisqueó las uñas de ambas manos hasta el muñón.  Yo asomada al balcón de mi mini terraza oteando el horizonte (es un decir, en Madrid no hay horizonte) en busca de señales de la llegada del mono de marras. Y de repente: CLONK!. Cae a a plomo, mi lado,  un ancla negra grandísima con un cabo azul atado a ella…

Entrada a la casa de Furlow Gatewood

Tiembla la terraza entera. Antes de haberme recuperado del tremendo susto y sin haber superado aún el shock de mi cercano encuentro con la muerte por ancla en plena calle Concha Espina oigo por encima de mi cabeza: “Yuuuujuuuuuu, daaaaarrling!” y levantando la vista al cielo alcanzo a ver, unos metros por encima de mi, al simio de marras, asomado a la cesta de un globo aerostático. Veo que su capacidad para sorprender (y molestar) sigue intacta.

Varias horas más tarde, mientras Abelardo deshace su equipaje, Pantaleón me invita a un té en su terraza. “Darling, esto no es un regreso cualquiera, es el exilio” me confiesa el mono “fue ver esas cortinas en el despacho oval y comprender que tenía que irme. Que fueran amarillo dorado podría haberlo superado con las debidas horas de terapia” me dice “pero eso no es lo grave, lo grave es el largo….” me mira intensamente, cierra los ojos y con una mueca de dolor añade: “no reposan, darling, NO RE-PO-SAN… ”

Sacrilegio. Excomunión. ¡No reposan¡!. Y claro, había que irse.

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Hace unos años un genio del marketing se inventó aquello de los “must” de Cartier. “Must” de “must have”, o sea, “hay que tener”. En el caso de una joyería como Cartier, con los precios de los que hablamos, eso de que “hay que tener” y encima que los “hay que tener” sean varios, ciertamente tiene bemoles.

Vía Remodelista (www.remodelista.com)

Vía Remodelista (www.remodelista.com)

Yo vengo de una cultura distinta, en la que mi madre, para no comprarte algo, te decía que “no hay necesidad” (la brillante campaña de Cartier parece que no hizo mucha mella en ella). Y hombre, necesidad, necesidad, lo que se dice necesidad, sólo de respirar… (no, comer, en mi caso, no. En la época de la que hablamos mis reservas corporales me hubieran permitido salir airosa de todo un invierno nuclear…).

Pero a pesar de la contrarrevolución cultural liderada por mi madre (y – sospecho – otras de su especie) eso de los “must” se quedó en nuestra consumista cultura “pa siempre”. Ahora ya el tema es simplemente identificarlos. De la oferta que se nos presenta en ropa, en cosmética, en decoración… ¿cúales son los “musts” y cuáles los “cómo-has-podido-comprarte-eso”?

“Fácil” me dice Pantaleón pasando las páginas de una revista “sólo hace falta observar”.

Y en nuestra labor de observadores, observamos que son un “must” en la decoración low-cost, la Stockholm Rand y la Lappjung Ruta. Ahí va eso. ¿No os dice nada, verdad? Pues esto es la Stockholm Rand

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Y esto la Lappjung Ruta

Pantaleon y las decoradoras Ahora sí, ¿a qué sí? (por cierto ¿reconocéis en la foto de arriba las lámparas de Antonio Ortiz de las que os hablamos en el post La rentrée?)

La alfombra Estocolmo es ya todo un clásico de la decoración. Mide 170 x 240, vale 139€ y va bien con todo. Es prima hermana de una alfombra similar, sólo que más grande, que vende nuestra alfombrera fetiche Madeline Weinrib y sin la que no parece poder vivir Nate Berkus (¿recordáis a Nate del post “Antonio mea culpa“? Es el genial camuflador de ventanas…)

Apartamento de Nate Berkus en Chicago, vía Architectural Digest USA

Apartamento de Nate Berkus en Chicago, vía Architectural Digest USA

 

Nate Berkus, Via Architectural Digest USA

Nate Berkus, Via Architectural Digest USA

Lo de arriba son fotos del actual apartamento de Nate, pero es que la alfombra se la trajo con él ya desde el anterior…  alfombra ikea nate alfombra ikea nate2

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La versión de Madeleine que usa Nate es más grande y posiblemente de mejor calidad, pero a 2000 euros la pieza, la de IKEA gana por goleada (Pantaleón, que sigue con la calculadora en mano desde el tema de la proporción aurea me dice que una de Madeleine da para catorce de IKEA…).

 

Versión de Ikea. Lo de los lados son dos librerías billy, también de Ikea, con puertas.

Versión de Ikea. Lo de los lados son dos librerías billy, también de Ikea, con puertas.

La única pega que le vemos a la Stockholm Rand (y sí, nos gusta especialmente referirnos a los artículos de Ikea por sus nombres suecos tan graciosos) es que es de algodón, y se ensucia más. Así que los de Zara Home, que son unos cracks, han sacado este invierno una versión en lana. Un poco más pequeña y un poco más cara (veinte euros más, tampoco es que sea una pasta) pero en lana (a pesar de la diferencia de materiales, al tacto, ambas la de Ikea y la de Zara, parecen iguales).

Con cualquiera de las versiones, la “deluxe” de Madeline, o las más asequibles de Ikea o Zara, se pueden hacer todas estas cosas.

Comedor decorado por María de la Osa, vía Nuevo Estilo.

Comedor decorado por María de la Osa, vía Nuevo Estilo.

John Jacob Interiors. De esta foto nos gusta todo, absolutamente todo.

John Jacob Interiors. De esta foto nos gusta todo, absolutamente todo.

Vía Pinterest de Patrice Rice

Vía Pinterest de Patrice Rice

Pantaleón y las Decoradoras, piso ISM París

La Stockholm Rand resulta que va de miedo con la mini Lappjung Ruta, que es una funda de almohadón (lo siento, Pantaleón no admite el vocablo “cojín”) con estampado similar al de su tocaya la alfombra. Juntos los coloca la super-gurú de la decoración televisiva Emily Henderson (su nombre no os dirá nada, pero en USA es como los Rolling)

alfombra ikea emily henderson

Así que con Nate (de idéntica televisiva fama) y Emily liderando su causa, la Stockholm Rand prolifera en los mejores hogares. Es un must, creednos.

alfombra ikea camas dobles

 

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Su prima la Lappjung Ruta (de verdad, ¿no os parecen fantásticos los nombres?) es de más reciente creación, por eso no tiene aún tanta proyección social. Pero va camino. En el número de julio de Elle Decó hizo una estelar aparición en casa de Elvira Rigal, jefa de producción de la revista Elle.

Vía Elle Deco, vasa de Elvira Rigal, jefa de producción de la revista Elle

Vía Elle Deco, casa de Elvira Rigal, jefa de producción de la revista Elle

Vía Elle Deco, casa de Elvira Rigal. Las "consolas" de ambos lados de la chimenea son estanterías expedit de Ikea. También de Ikea las butacas blancas.

(Arriba: alfombra Lappjung encima de la Stockholm, estanterías Expedit colocadas a ambos lados de la chimenea, butacas, mesa y almohadones también de Ikea)

Y en el House and Garden del mes de mayo nos enseñaron ambos, almohadón y alfombra Lappjung, en la selección editorial…

Vía House and Garden Vía House and Garden

El almohadón reaparece, en el reportaje de Elle Deco, en el patio de la directora de estilismo de Nuevo Estilo, Mercedes Ruiz Mateos.

Vía Elle Deco

Y a pesar de que el reportaje de Elle Deco – queriendoles como les queremos, porque además de adorables hacen una pedazo revista – nos huele pelín a publireportaje porque es dificil creer que sea coincidencia que las tres casas que enseñan estén TAN pobladas de los “musts” de IKEA, lo cierto es que son una excelente prueba de lo que venimos defendiendo meses: Ikea mola, y mezclándolo con otras cosas buenas, queda muy resultón. Para muestra la casa de la directora de contenidos digitales de Hearst, Ana Multigner:

Ana Multigner, directora de contenidos digitales de Hearst

Consola, alfombras y butaca de Ikea. Escultura, fantástico Poppi de Felipao (www.felipao.com) que levanta el tono de toda la decoración.

Vía Elle Deco. Consola, alfombras, pouff y butaca de Ikea. Escultura, fantástico Poppi de Felipao www.felipao.es que levanta el tono de toda la decoración.

A la Lappjung Ruta llevaba yo meses husmeándola. No la quiero de alfombra porque el suelo de mi casa escupe las alfombras (ninguna le va y vivo sin ellas) pero me parecía un material irresistible para “fabricarse” uno de estos…

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Así que la compré – a espaldas de Pantaleón – y reside ahora en mi trastero esperando pacientemente que me anime a llamar al tapicero. Lo de la banqueta tapizada con la Lappjung (me como el Ruta, que la alfombra y yo nos conocemos tanto que ya estamos “on a first name basis”) es en realidad un premio de consolación. Peiné Marrakech, mono a la zaga, buscando un alfombrero que me hiciera un kilim blanco y negro con el que fabricarme esto…

Sofá Andrew Martin

Que es (era) un sofá de Andrew Martin de un precio inalcanzable para mi bolsillo. Para cuando pensé que había ahorrado algo y que quizás podría, Don Andrew me lo retiró del mercado. Pero como cuando se cierra una puerta se abre una ventana, un año después apareció un primo suyo en el catálogo de Maisons du Monde. Para ese sí me llega, pero no me gustan las patas…

 

Sofa modelo Tabriz, Maisons du Monde

Sofa modelo Tabriz, Maisons du Monde

¿Cambiarlas? ¿Comprar otra Lappjung ruta y convencer al tapicero? Mientras deshojo la margarita sé que me retirarán ambos del mercado… Que no os pase lo mismo a vosotros. Salid ya a la caza de la Stockholm Rand y la Lappjung Ruta, ¡por Dios!. Son un “must” os lo prometo. Y….¡Mandad fotos!

alfombra ikea rayas

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PD: Si vivís en Madrid, no os perdáis la IV edición de Decor Acción que comienza este jueves día 19 en el barrio de las Letras (mercadillo de antigüedades en las calles Cervantes, San Pedro y Quevedo e instalaciones y mucho más por todo el barrio). Durará hasta el domingo 22 y estará abierto todos los días de 11 de la mañana a 9 de la noche (salvo el domingo, que cierra al mediodía). Pantaleón y yo no hemos faltado ningún año, ¡es muy divertido! Iremos el mismo jueves para no perdernos nada de nada. ¿Quien sabe? a lo mejor nos encontramos allí… Me reconoceréis porque voy con un mono… 🙂 Más información en Decor Acción 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Mi adorado Pío me invitó a pasar la Semana Santa a Argentina y para su espanto, Pantaleón se vino con nosotros. Eso sí, fué llegar al aeropuerto de Ezeiza y no volverle a ver el pelo en tres días…

Suite del Hotel Four Seasons en Buenos Aires. No es que la suite esté dentro, este palacete entero es la suite.

Suite del Hotel Four Seasons en Buenos Aires. No es que la suite esté dentro, ¡el palacete entero es la suite!

Pantaleón en Buenos Aires está como pez en el agua. Tiene su cohorte de amigas argentinas, todas ellas muy “conchetas” (muy posh) y elegantes que se lo llevan a almorzar al Jockey Club, a tomar el té en el Alvear y a recorrer anticuarios por la calle Arroyo…

A Pantaleón le gusta tomarse un "copetín" en el Alvear porque dice que es de los pocos sitios donde aún cuidan los detalles...

A Pantaleón le gusta tomarse un “copetín” en el Alvear porque dice que es de los pocos sitios donde aún cuidan los detalles…

Las amigas argentinas de Pantaleón le rien las gracias, le encuentran muy canchero (cool) y escuchan sus tonterías embelesadas. Con semejante tratamiento luego está insorportable durante meses. Le veo largarse en una limusina negra que le envía su amiga Amalita, me olvido de él, y me largo a investigar Palermo Viejo, donde según me han dicho hay una tienda de alfombras que merece una visita…

Algunas alfombras y mantas de "Elementos Argentinos"

Algunas alfombras y mantas de “Elementos Argentinos”

La tienda se llama “Elementos Argentinos” (Calle Gurruchaga 1881, Palermo Viejo) y allí me encuentro con uno de los dueños, Fernando, que me cuenta que esta tienda fue una aventura que comenzó hace unos 7 años “de casualidad”. Durante un viaje al norte del país en 2005 Fernando y su socio, Pablo, conocieron a unos tejedores de alfombras a los que les costaba mucho vender sus productos fuera de temporada. Compraron algunas de sus piezas como una forma de colaborar y las vendieron en un showroom improvisado en el salón de su casa de Buenos Aires. Del éxito de esta primera venta nació “Elementos Argentinos” que ahora da trabajo a casi 200 tejedores de las zonas más pobres de Argentina y que vende alfombras y mantas hechas a mano, al estilo tradicional.

Alfombra de Elementos Argentinos con un toque muy David Hicks. Customizable en todos los tamaños y colores.

En “Elementos Argentinos” han actualizado los tradicionales diseños de rayas para incorporar colores nuevos y diseños distintos con un cierto aire “David Hicks”. Todas las alfombras pueden personalizarse en color, tamaño y dibujo porque se ofrece un fantástico servicio de alfombras a la carta. Envían a todo el mundo. Yo me compré una maravillosa manta de alpaca de color gris marengo con flecos en rojo sangre por 650 pesos (100€ o 65€, dependiendo de si pagas en euros o no) que ha tenido gran éxito.

Alfombras a la carta...

Alfombras a la carta…

El simpatiquísimo Fernando Bach, uno de los dueños de Elementos Argentinos en el taller de alfombras a la carta, con muestras de colores maravillosos...

Me chifló el patio de la tienda y Fernando me explicó es un ejemplo típico de las casitas de Palermo, bajas, largas y estrechas con un patio en medio, a las que llamaba coloquialmente “casas chorizo”.

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Palermo Viejo es una zona que ha vivido una gran transformación en los últimos 10 años. Ahora es claramente muy “canchera”. Los fines de semana se llena de paseantes de compras y de cafés y restaurantes abarrotados en cada esquina. Aún quedan algunos edificios típicos sin rehabilitar, pero la gran mayoría están rehabilitados y albergan infinidad de restaurantes y tiendas de moda.

 

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Palermo Viejo no es en realidad un lugar dedicado a la decoración, pero sí hay sitios divertidos como el almacen “Paul” en la calle Gorriti 4865 (entre Gurruchaga y Armenia) que es una especie de “Becara” a la Argentina. Se accede por un pasillo-patio coronado por un jazmín trepador cuyo olor llegaba hasta la calle…

 

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Allí ví unas cuantas cosas divertidas…

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la lámpara de la derecha que parece hecha de cuentas en realidad es de lana...

la lámpara de la derecha que parece hecha de cuentas en realidad es de lana…

Al día siguiente, domingo, Pío y yo nos fuimos a San Telmo – el equivalente del rastro madrileño – a echar un vistazo a lo que había. Me encantan los conventillos de San Telmo, que siguen con el mismo encanto decadente de siempre….  conventillo-san-telmo-detalle

conventillo san telmo2

IMG_0739A mi me gusta mucho la tienda de antiguedades de Silvia Petroccia, en la esquina de la calle Defensa con Carlos Calvo (C/ Defensa 1004), que sigue llena de tesoros e igual de maravillosamente puesta…

Escaparate de la tienda de antiguedades de Silvia Petrocccia

Escaparate de la tienda de antiguedades de Silvia Petrocccia

 

Interior de la tienda, con ese caos maravilloso que tan bien recrean...

Interior de la tienda, con ese caos maravilloso que tan bien recrean…

Jardinera francesa de zinc y latón pintada de gris puesta a modo de centro de mesa. Silvia Petroccia.

Y los puestecitos de la Plaza Dorrego con su particular mezcla de “quincallería” divertida…

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Pero es cierto que San Telmo ha subido mucho de precio. Entre la inflación, las limitaciones a la importación y el tipo de cambio artificialmente alto que mantiene el gobierno, todo resulta exageradamente caro. Y además, como en todas partes del mundo, siempre hay algún tipejo que tiene la tentación de hacer su agosto con un turista incauto, como el señor que me pidió 190.000 pesos (unos 25.000€) por un par de macetas de cerámica blanca muy Pantaleónicas…

Aqui la pieza de los 25.000€ ¿os lo podéis creer?

Aqui la pieza de los 25.000€ ¿os lo podéis creer?

¿Os lo podéis creer?. Fue oir mi acento español y, tras un largo “esteeeeeee……” optó por multiplicar su valor por mil. Tras oir el precio y reconfirmar que efectivamente estábamos hablando de dos macetas de cerámica blanca de aproximadamente mediados de los años 80 y con un valor máximo de 100 euros (¡el par!) esta española, con un monumental pero educado cabreo, le recomendó al señor “anticuario” que se lo hiciera ver…

Al tercer día, reapareció Pantaleón extrañamente ataviado. Mitad gaucho, mitad Valentino Garavani, con mocasines de “Guido“, pantalón verde rana, fajón de gaucho y blazer de Tom Ford. Me lo encontré almorzando con su amiga Amalita H de C en “Fervor” (C/ Posadas 1519, entre Callao y Ayacucho). Yo le vi hecho un payaso pero Amalita le encontraba “recanchero”.

Barra de "Fervor", espectaculares carnes y fantásticas "caipirinhas".

Barra de “Fervor”, espectaculares carnes y fantásticas “caipirinhas”.

En tres días Pantaleón había adoptado la manera de hablar de Amalita y de cada tres palabras que soltaba una era en inglés, otra en francés y la tercera era “¿viste?”. “¡Qué bueno veeeerte!” me dice ignorando a Pío, como siempre. Y de seguido me informa: que su amigo Fernando A. ha pintado su biblioteca de un bleu magnifique (¿viste?) y que el marido de la mejor amiga de Amalita se ha largado con su instructor de Pilates (¿viste?) y que anoche estuvo en un simpático boliche bailable (¿viste?), que la amiga de Amalita no deja a su marido por temor a perder la vajilla Vieux París de su suegra (¿viste?) pero que sí “le armó un kilombo bárbaro” cuando lo descubrió (¿viste?). ¡Buf! Aún no empezado mi bife y ya necesito una “double aspirine….¿viste?”.

Maravillosa biblioteca azul de la casa de Buenos Aires de Fernando A., el íntimo amigo de Pantaleón.

Maravillosa biblioteca azul de la casa de Buenos Aires de Fernando A., el íntimo amigo de Pantaleón.

Detalle del comedor de Fernando. Porcelana Vieux Paris.

Detalle del comedor de Fernando. Porcelana Vieux Paris.

 

Me despido de Pantaleón que se va a pasar el fin de semana al campo a casa de su amigos María Inés y Fernando, y yo tomo dirección norte, rumbo a la provincia de Córdoba a hacer lo propio en casa de otros amigos. Mi visita es semi-profesional porque allí he sido requerida para hacer un “yes we can” en un dormitorio que solo cuenta con una mesa y dos mesillas. Con mi lata de pintura y las cuatro cosas que cabían en la maleta hacemos esto…

Antes: la foto (19)

Después:

cuarto pintado1 Antes…

Antes

Después:

esquina chimenea

Compruebo que la clave en estos experimentos pintureros es sin duda la calidad de la cinta adhesiva de enmascarar: la mía no era buena y se despegaba y caía todo el tiempo. Para cuando había terminado de colocarla toda, ejercicio en el que invertí casi 5 horas, se empezó a pelar y ante la inminente tragedía resolví pintar a todo correr para evitar el derrumbe total de la cinta. El problema es que eran las 10 de la noche y con las prisas no dediqué a la mezcla del color todo el tiempo que hubiera debido… así que me quedó este azul “abrigo de la reina madre de inglaterra” que sinceramente: ¡es MUY mejorable!

En el interim, Pantaleón, a cuerpo de rey, disfrutaba de la casa de campo de María Inés y Fernando, al sur de Buenos Aires…

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Allí enfilaba un Earl Grey tras otro, desgranaba los grandes cotilleos del París del siglo XVIII y pasaba noches enteras discutiendo con su inseparable Amalita – también invitada – sobre los méritos de Proust y su Duchesse de Guermantes…

Salon de casa de María Inés y Fernando.

Salon de casa de María Inés y Fernando.

 

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Galería

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Al llegar me encontré a Pantaleón y a Amalita encerrados en la fantástica biblioteca de Fernando repasando fotos de viejas revistas de sociedad…

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Amalita, que es una máquina de fabricar calumnias, añadía historias escandalosas – posiblemente de su cosecha propia-  a cada página que pasaba. Pantaleón lo estaba pasando en grande. En una semana ya recita a Verlaine de corrido, llama “bolche” a cualquiera con ideas políticas moderadamente progresistas y se refiere a la señora Presidenta de la República como la “Yegua”. Verdaderamente, Amalita es una influencia NEFASTA.

Además, me dí cuenta enseguida que el maravilloso parque romántico-gotico – ¡tan romántico! ¡tan del diecinueve!-  de María Inés y Fernando había tenido en Pantaleón un efecto absolutamente devastador y había desatado todas sus fantasías nonacentistas centroeuropeas…

Parque-la-Granja-Blanca

La granja blanca

El jardinero de Fernando me confesó que Pantaleón había estado  indagando sobre la posibilidad de organizar una cacería de zorros allí, en plena provincia de Buenos Aires. No sólo no le preocupó nada la ausencia del zorro en sí, sino que propuso sustituirlo por el equivalente local: iguanas. Comprendí que había que actuar rápido.

Llego a tardar un día más en ir a buscarle y bajo el influjo de las centenarias casuarinas, los magnolios desbordantes y las hojas amarillas de los robles de los pantanos me monta un solo de ballet de Mayerling a la luz de la luna… disfrazado no se si de Rodolfo de Habsburgo, de María Vetsera o de Rudolf Nureyev haciendo del primero (por eso de la malla blanca bien prietita…). Al día siguiente apareció a desayunar con bata escocesa, botas de gaucho y casco de húsar. Amalita lo encontró “recanchero”. Yo le agarré de las orejas y me lo traje de la misma para España.

Ahora está en tratamiento de shock: le he mandado a “Caprabo” a comprar huevos para que reciba una buena y necesaria dósis de muy tangible realidad…

 

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