2013

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Domingo, 1 de diciembre. Con los primeros aullidos de un “Adeste Fideles” a 140 decibelios subo a casa de Pantaleón a presentar mis quejas. Me lo encuentro en “smoking jacket” de terciopelo verde abeto y pantalones escoceses rojos (“Tartan Royal Stewart, daaaaarling”). La botella de Moet Chandon está a medio consumir, la casa a reventar de acebo y los villancicos a pleno volumen. Veo que ya han comenzado las festividades.

Mono con claveles del poeta

“Hay gente que detesta la Navidad” me dice Pantaleón sin mediar ni un saludo “y la detestan porque se creen que es para ellos. ¡Noooo! ¡No es así, daaarling! la Navidad, como el amor” continúa “¡es siempre para los otros!”. Está claro que este año la mística navideña le ha llegado pronto.

“Hay gente” continúa “a la que no le gusta la Navidad porque no se parece a aquello que imaginaron. Porque falta gente que añoran, porque faltan cosas que quieren. A mi me pasaba” confiesa con un nuevo sorbo a su Moet “hasta que me dí cuenta que la Navidad es para los que están, no para los que faltan. Es momento de dar, dar lo mejor que tienes, y rebuscar en el interior para ofrecer a los demás, en gesto de bienvenida, lo mejor que guardas” Escucho atenta porque me tiene asombrada “Por eso” termina el discurso “yo saco la Royal Copenhagen”

Flora Dánica, de Royal Coperhagen. Mesa de Pía Rubio para el número de navidad de la revista Telva

Flora Dánica, de Royal Coperhagen. Mesa de Pía Rubio para el número de navidad de la revista Telva

¡Vaya! Ilusa de mi, que pensaba que hablábamos paz, amor y buenos sentimientos y no de una vajilla.

“Flora Danica” me dice Pantaleón “no es UNA vajilla, es LA vajilla. Es – con permiso de Sevrès que no hacen vajillas más que por encargo – el Rolls Royce de las vajillas! Y se saca, como todo lo bueno, por Navidad”.

Bueno, pienso, se saca si la tienes, si no, pues lo que tengas. Aunque estoy de acuerdo que es en Navidad cuando hay que tirar la casa por la ventana y poner la mesa de tiros largos. La ocasión lo merece. Mi “Rolls” son unos maravillosos platos de Limoges de Alberto Pinto y mis tiros largos son estos…

Pantaleón y las decoradoras, platos de Limoges pintados a mano, copas de cristal de murano y cubiertos de vermeil

Pantaleón y las decoradoras, platos de Limoges pintados a mano, copas de cristal de murano y cubiertos de vermeil

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Para la ocasión me hice una bola enorme de hojas de gardenia (bola de syrofoam que puedes encargar en cualquier floristería) a la que puse lucecitas nocturnas para darle un toque más navideño….

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Porque es cierto que uno asocia la Navidad con rojos, verdes y blancos y no con verde y rosa fucsia así que mi mesa no me parecía muy Navideña…

“Darling” me dice el mono “Navidad es paz y amor, no necesariamente una mesa vestida de Ikurriña!” Y con semejante declaración baja a casa y en un pis-pas me monta cuatro mesas navideñas sin rojos y verdes para demostrar que es posible…

Mantel y caminos de mesa de Zara Home, platos de Jasper Conran para Wedgewood, copas modelo Belem de El Almacén de la Loza, en Nuñez de Balboa 46, tel 91 435 23 32, www.elalmacendelaloza.com

Mantel y caminos de mesa de Zara Home, platos de Jasper Conran para Wedgewood, copas modelo Belem de El Almacén de la Loza, en Nuñez de Balboa 46, tel 91 435 23 32, www.elalmacendelaloza.com

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Vajilla Blue Willow, cuenco de Anthropologie.

Vajilla Blue Willow, cuenco de Anthropologie.

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Vajilla de porcelana italiana (muy barata) de marca Villa d'Este.

Vajilla de porcelana italiana (muy barata) de marca Villa d’Este.

“Están bien” le digo para fastidiar “pero a mi me gustan las mesas con animalitos”

“Pues estás de suerte” me suelta caústico “porque hoy vienen a almorzar todos tus sobrinos”

Deyrolle, París. Mesa de Navidad 2011. Agradecemos la foto a un amable y querido lector.

Deyrolle, París. Mesa de Navidad 2011. Agradecemos la foto a un amable y querido lector.

Le ignoro. Sabe bien que quiero decir que me gustan los centros de mesa teatrales con animalitos y demás que parecen desperdigarse por la mesa. Como esta maravilla que nos manda Isabel López Quesada hecha con unas tortugas albinas que le regalaron el año pasado… ¡puro teatro! ¡Y del bueno!

Mesa de Isabel López Quesada, arquitecta e interiores y decoradora, www.isabellopezquesada.com

Mesa de Isabel López Quesada, arquitecta e interiores y decoradora, www.isabellopezquesada.com

 

las tortugas de Isabel

las tortugas de Isabel

ILQ3Así que a la búsqueda de la mesa de Navidad perfecta Pantaleón y yo nos vamos a ver a la reina de las vajillas: Pía Rubio (Calle Padilla 19, tel 91 4311637 www.piarubio.com) que acaba de poner sus mesas navideñas.

Llegamos allí y Pantaleón entra en éxtasis.

Pia Rubio, vajilla antigua de Compañia de Indias.

Pia Rubio, vajilla antigua de Compañia de Indias.

Pia Rubio, porcelana antigua de Limoges del siglo XVIII, completa con sus bols à bouillon

Pia Rubio, porcelana antigua de Limoges del siglo XVIII, completa con sus bols à bouillon

Detalle del centro de mesa, pájaro hecho con trozos de tela antigua y piedras semipreciosas. También en Pía Rubio

Detalle del centro de mesa, pájaro hecho con trozos de tela antigua y piedras semipreciosas. También en Pía Rubio

 

Pía Rubio, Limoges

Pía Rubio, Limoges

Pía tiene también la representación de la porcelana húngara de Herend, de las pocas que siguen pintando a mano y por encargo. ¿Que cómo es? Así de maravillosa…

Kelly Wearstler vajilla de Herend, Aponyi naranja

Kelly Wearstler vajilla de Herend, Aponyi naranja

Wall Street Journal, vajila Herend Aponyi Azul

Wall Street Journal, vajila Herend Aponyi Azul

Y ya que estamos en el templo de las mesas aprovechamos para preguntar a Blanca Spottorno, la hija de Pía, qué es lo más importante para elegir una buena vajilla, una buena única vajilla de las de para siempre.

Blanca dice que lo importante es elegir un diseño duradero, que no sea tan antiguo como para que te de pereza y no te haga ilusión porque te recuerde a la de tu bisabuela, pero que no sea tan moderna como para que en diez años haya pasado de moda. Nos recomienda los dibujos clásicos “puestos al día”, flores, pájaros, etc. Blanca cree que lo mejor es que, una vez que te pones a ello, compres la mejor calidad que puedas permitirte, y que es preferible tener menos piezas (vajilla para 8 en lugar de para 12) que una vajilla completísima de una calidad peor.

Vajilla antigua de Limoges

Vajilla antigua de Limoges

Para la vajilla de lujo, explica Blanca, puedes ahorrarte el plato sopero, mejor taza de consomé. En realidad cuando pones la vajilla de “tiros largos” normalmente no sirves lentejas, así que Blanca tiene razón, no hay nada que vayas a servir con la vajilla super-buena que no pueda ir en taza de consomé.

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Aprovecho para preguntar por una duda que siempre he tenido: ¿se pueden mezclar dorado y plateado? Mi amable entrevistada no lo duda: sí. “Hasta hace poco las vajillas eran de plata y los platos tenían muchas veces filos dorados” me explica “siempre se ha mezclado oro y plata”. También está a favor de la mezcla de vajillas, no necesariamente mezclándolas a la vez, porque para eso hay que ser muy sabio, pero sí puedes cambiar de vajilla en el postre, de todas formas en el postre retiras todo, así que no pasa nada, y el postre se presta a la teatralidad.

Centro de flores de Jane Packer

Centro de flores de Jane Packer

Ya que estoy lanzada pregunto por una duda que nos ha surgido a Pantaleón y a mi, que mantenemos opiniones divergentes al respecto: ¿Servilleta a la izquierda o a la derecha?. Blanca se ríe “¡No lo sé!” confiesa “en casa la poníamos a la derecha pero nos dijeron en la tienda que lo correcto era a la izquierda y la cambiamos, luego alguien nos dijo que estaba bien a la derecha. Ponla como quieras. Como la pongan en tu casa”.

El misterio de la servilleta sigue sin resolver. En el libro “Set with Style” de Thomas Goode la veo puesta indistintamente en ambos lados, luego leo algo que dice que a la izquierda es a la inglesa y a la derecha a la francesa. Pantaleón la pone a la izquierda, yo la pongo a la derecha. Me encuentro en un mercadillo con Loreto López Quesada, de AD España, y me cuenta, con una sonrisa, un viejo adaggio: “El pan y la “mierda” siempre a la izquierda”… Pero luego veo una mesa de Alberto Pinto con una servilleta perfectamente almidonada a la derecha, y tiro la toalla…

Carolyne Roehm

Carolyne Roehm

El tema de la servilleta va camino de convertirse en un misterio del nivel de quien mató a Kennedy…¿Opiniones?

Jacqueline de Ribes, porcelana de Sevrès. Via The Peak of Chic

Jacqueline de Ribes, porcelana de Sevrès. Via The Peak of Chic

“Darling” me dice Pantaleón “¿podemos volver a las mesas de Navidad?.

Podemos. Me he despistado. Vuelvo a la realidad del 2013 de crisis – fin de crisis pero crisis – y tras la “golosina” visual que os he ofrecido me concentro en mesas bonitas más asequibles. Comencemos: Primera idea, deshazte del mantel y saca la manta escocesa de echar la siesta…

Manta escocesa, platos de Wedgewood, cuencos de Bordalho Pineiro (en el Almacen de la Loza) y cesta de Maisons du Monde rellena de musgo

Manta escocesa, platos de Wedgewood, cuencos de Bordalho Pineiro (en el Almacen de la Loza) y cesta de Maisons du Monde rellena de musgo

La manta

La manta

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Ahorrar en flores y hacerte centros de mesa con lo que encuentres en la frutería…

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Carolyne Roehm

Carolyne Roehm

Martha Stewart

Martha Stewart

No complicarte con grandes centros historiados y comprender que la repetición de algo sencillo tiene un efecto impactante…

Acumulación de pequeñas macetas de flores

Acumulación de pequeñas macetas de flores

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Flores de Jeff Leatham via Pinterest

Flores de Jeff Leatham via Pinterest

Incluso prescindir del mantel hacer una larga guirnalda simplemente con hojas verdes… (instrucciones para hacer una guirnalda al final de este post)

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Colocar unas cuantas flores bajo campanas de vidrio (similares en Maisons du Monde o Zara Home)

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O aprovechar la corona de la puerta como centro de mesa…

Corona Navideña de "Las Flores de Tadea", www.lasfloresdetadea.com, tel 629 624448

Corona Navideña de “Las Flores de Tadea”, www.lasfloresdetadea.com, tel 629 624448

Las Flores de Tadea, mismos datos de contacto que en la foto anterior...

Las Flores de Tadea, mismos datos de contacto que en la foto anterior…

O invertir en unas flores de porcelana como estas maravillas de Carolyne Roehm que valen un ojo de la cara pero son imperecederas…

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Flores de porcelana en www.piarubio.com

Flores de porcelana en www.piarubio.com

O comprar la flor más barata que hay, la glypsofilia, con la que se “rellenan” ramos y hacer una gran bola que colgar del techo (con la bola de foam verde de la que os he hablado antes)

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O enganchando la bola de un candelabro…

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O dejarse de historias que bastante tendréis con preparar para la cena uno de los maravillosos menus de Madame Champignon y con la sopera bajo el brazo ir a ver a Teresa, de “Las Flores de Tadea” para que os la rellene de uno de sus maravillosos centros navideños.

Sopera de Pocheville, Vía Telva Navidad

Sopera rellena de flores de Pocheville, Vía Telva Navidad

Sobre todo, poner en la cena y la mesa, toda la ilusión. Saca del cajón lo que no usas nunca y que está para usarlo o coge lo que usas todos los días y dale un nuevo aire, pon todo lo más bonito que sepas y que en ese esfuerzo se lea un gesto de cariño, de bienvenida, de ilusión por otra Navidad, distinta de la anterior y de la próxima en la que estar todos juntos. Recordando que sí, que es un trabajo, pero que como dice Pantaleón, la Navidad, desde que comenzó hace 2013 años, es para dar, no es para tí, es para los otros…

 

PD: Y como prometí: La guirnalda…

Los instrumentos: tijeras de podar, alambre de color verde y una cuerda.

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Corta un pedazo de cuerda del largo del que quieras que sea tu guirnalda más 20cm extra por cada lado si quieres colgarla…

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El material… cuanto más verde mejor porque es más barato. Si vas a usar abeto o acebo te harán falta unos guantes para no quedarte sin manos…

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Corta 3 o cuatro ramitas de unos 20cm y limpia bien de hojas los tallos…

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Haz un pequeño ramillete con esas tres o cuatro ramitas y átalo fuertemente con el alambre, SIN cortar el alambre, eso es muy importante…

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Engancha la cuerda junto con el alambre, la cuerda es lo que servirá de “columna vertebral” para sujetar la guirnalda. Junta otras tres o cuatro ramitas y haz un nuevo ramo y colócalo sobre los tallos desnudos de anterior y átalo con el alambre, pasando el alambre por debajo de la cuerda y sin cortar el alambre…

IMG_2498Vete poco a poco haciendo nuevos ramitos y atándolos sobre la base (los tallos) del anterior..

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Y así poco a poco…

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Irá creciendo…

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Y cuando haya llegado a la longitud adecuada (o te estés quedando sin material) haz un último ramo, bien cuidado, y para terminar la guirnalda átalo, esta vez colocándolo al revés para terminar la guirnalda.

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Et voilá…

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Terminada. ¿A que es fácil?

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PavlovaMis muy queridos pantaleonistas, tengo que empezar explicando que el menú de hoy no es un menú que haya servido tal cual ni que tenga intención de hacerlo jamás. En realidad, serví el segundo en plan “batallón de domingo” y el postre por puro antojo porque para los batallones suelo hacer cosas mucho más sencillas. El primer plato que os pongo no pega ni con cola pero tiene su explicación: os habréis dado cuenta de que os suelo poner una sopa o crema de primero porque eso es lo que me gusta hacer a diario o para reuniones no muy formales. Sin embargo, para ocasiones más vestidas prefiero empezar con algo que no sea sopa (dejo a salvo el consommé, sea en gelée o no) como ostras, algún flan salado, alguna terrina historiada, foie… os hacéis una idea. Como no voy a llegar a tiempo para publicaros un menú navideño, quería daros una receta que os valga de primero para esas fechas y de ahí que os encontréis hoy con este menú tan raro:

De primero, Crème brûlée de foie

De segundo, Solomillo de cerdo con peras

De postre, Pavlova (en honor a Pantaleón es de frutos rojos aunque no estén en temporada)

CRÈME BRÛLÉE DE FOIE

CremeBruleeFoieSé que a Odette le daría un síncope con el mero nombre, era muy purista para algunas cosas y la crème brûlée era, además, una de sus especialidades. Que no se le ocurriera a nadie decir que se hacía de algo que no fuera vainilla, no quiero ni pensar si encima hubiera visto que la hago salada. Esta receta es, como os podréis imaginar, un dulce/salado pero no más de lo que suelen ser hoy día los platos de foie. El ideal es que se note el frío/caliente pero eso ya depende un poco más de la planificación o de la cantidad que haya que hacer y tampoco es imprescindible. La receta da para 6 primeros platos o 12-14 cazuelitas de aperitivo, algo más si son cucharillas, lo cual no es mala opción tampoco. Puede que parezca un poco escasita para los que tengan buen diente pero os aseguro que no lo es, más cantidad puede resultar algo pesado. Creo que tiene muchos puntos a su favor: cunde muchísimo el foie, ya que con 200g tenemos para 6 personas; implica muy, muy poco trabajo y muy poca técnica; por último, se puede hacer con varios días de antelación y ésa es de mis características favoritas en los platos para recibir. Para hacer esta receta es importante tener una batidora o robot de cocina.

Ingredientes para 6 personas

  • 4 yemas de huevo M
  • 200g foie gras fresco, limpio
  • Sal fina y pimienta, al gusto (para orientar sobre la sal, uso alrededor de 3g)
  • 250ml nata
  • Azúcar moreno para espolvorear (en total, unas 4 cucharadas soperas, según el recipiente en que se haga)

Procedimiento

1.- Ponemos el horno a precalentar a 140º y aparte un cazo con agua para hervir, porque vamos a hacer la crema al baño maría. También hará falta una bandeja apta para el horno que tenga borde (por aquello del baño maría) en la que quepan los ramequines/cazuelitas/cucharillas que vayamos a usar para servir.

2.- Ponemos en el vaso de la batidora las yemas con el foie, la sal y la pimienta y batimos muy bien. Cuando no vemos trocitos de foie añadimos la nata y volvemos a batir hasta que esté todo bien integrado. Os puede parecer una tontería pero no lo es, para que quede bien fino y no tengamos que pasarlo por un tamiz (se pierde sobre todo foie) hay que batir muchísimo y no queremos arriesgarnos a batir la nata de más, porque se corta.

3.- Ponemos nuestras cazuelas en la bandeja y repartimos la mezcla de foie entre ellas. Con mucho cuidado se vierte agua hirviendo a su alrededor, de modo que llegue hasta la mitad más o menos. Metemos al horno durante 30-35 minutos. Al sacarlo deben estar cuajadas pero ligeramente temblorosas por el centro aún. Dejamos que se enfríen dentro de su baño maría, donde terminarán de cuajar por completo.

4.- Tapamos muy bien y enfriamos en la nevera. Antes de servir espolvoreamos con el azúcar moreno y gratinamos, ya sea en el horno (bien arriba con el grill fuerte, unos 4-5 minutos), con una salamandra o con un soplete.

Para caramelizar, por precaución, pongo el ramequín (bueno, aquí hay de todo un poco…) encima de una tabla vieja de cortar. También valdría una bandeja de horno.

Notas: Si tu batidora es muy potente es probable que la mezcla tenga muchas burbujitas de aire cuando la hayas hecho. Deja reposar tapado en la nevera unas horas, irán desapareciendo poco a poco. También puedes deshacerte de ellas metiendo la crema en una bolsita zip y cerrándola expulsando todo el aire posible (si tienes máquina de vacío, las quita en un segundo). Si no tienes tiempo o no te ves capaz de hacer lo de la bolsa, tampoco desesperes porque al verterla en los ramequines se quedarán todas arriba y la capa superior luego irá con el azúcar caramelizado así que no se nota tanto.

Se pueden hacer con varios días de antelación y guardando en la nevera pero teniendo cuidado de taparlas muy bien, que las cosas con alto contenido de grasa son las que más sabores raros cogen.

Para paladares más aventureros recomiendo darle una vuelta de tuerca más al dulce-salado y poner en el fondo del ramequín alguna sorpresita, a mí me encanta el chutney de mango.

No tengo que decir que las claras no se tiran. Por lo pronto, en el “menú” de hoy se usan todas para el merengue del postre, pero también valdrían para cualquier mousse, macarons, tortillita de claras para compensar por la crème brûlée al día siguiente… Congelan sin problema y aguantan 2-3 meses congeladas.

En cuanto a la sal, para esta receta calculo 1’5g por cada 100g de foie, que me parece buena cantidad para que salga el sabor entre la nata, que se toma frío y el caramelo de arriba. No deja de ser un porcentaje tirando a alto así que, para aseguraros, lo mejor es hacer una pequeña prueba horneando una cucharita antes (con menos sal) y probándola. Como es prueba de sal, se puede cuajar también en el micro (mejor a una temperatura media, porque a tope saldrán burbujitas y en este caso la textura cambia la apreciación del sabor).

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La capa de caramelo debe ser bien crujiente para hacer buen contraste con la textura cremosa de abajo, pero no muy gruesa, que no haya que masticar apenas.

El tiempo de horneado que doy es para ramequines de tamaño estándar. Las cazuelitas pequeñas tardan algo menos en estar listas, cuanto más planas menos tiempo. Las cucharitas 10 minutos escasos (las de las fotos estuvieron 10 y no estaban malas, pero creo que entre 8-9 habrían estado perfectas).

SOLOMILLO DE CERDO CON PERAS

Más otoñal, no cabe. Lo cierto es que la receta original era con manzanas y el aliño de la carne era distinto, pero con el tiempo la he ido adaptando a mi gusto, os invito a que hagáis lo mismo. A pesar de que lleva fruta y miel, os aseguro que no resulta muy dulce. Algo que me encanta de esta receta es que todos los componentes pasan en algún momento por la misma sartén de modo que la salsa-acompañamiento resultante va desarrollando sabor capa a capa, y eso se nota. Además, así se limpian menos cacharros ¡está claro! Como un solomillo da para 3-4 personas doy la receta sencilla, para más gente no hay más que multiplicar.

Ingredientes para 4

  • 1 solomillo de cerdo grande, de unos 800g
  • 30ml aceite de oliva, aproximadamente, en tres golpes (o tres chorritos a ojo, cada uno para una cosa)
  • 20g miel (más o menos una cucharada sopera)
  • 1 cucharadita de mostaza de Dijon, o al gusto
  • 15ml de salsa de soja, o al gusto
  • 1/2kg chalotas peladas y cortadas a lo largo en 2 o en 4, según tamaño
  • 5 peras bosc más bien pequeñas, algo menos de un kilo, peladas y cortadas en 4 a lo largo, sin rabo ni pepitas
  • 200ml de caldo de carne o de pollo
  • Sal y pimienta al gusto

Procedimiento

1.- Precalienta el horno a 225ºC y pon una sartén grande a calentar a fuego vivo. Unta el solomillo con 10ml de aceite y sálalo ligeramente. Cuando la sartén esté bien caliente, dóralo por todas partes como ya vimos en esta otra receta para el solomillo de cerdo. Reserva.

Atención, truco: en la foto no están todas las chalotas porque no quedaba tan mona, pero el que se ve sí es todo el aceite, que no es mucho como se puede apreciar (para quienes lo calculen a ojo)

2.- Sin lavar la sartén (ueeeey!!) baja el fuego a medio, añade otro chorrito de aceite a la sartén y saltea las chalotas con una pizca de sal. Mientras tanto, mezcla la miel, la mostaza y la salsa de soja y unta el solomillo por todas partes, puede que sobre aliño, lo usarás enseguida. Saltea las chalotas unos 10 minutos, se ablandarán bastante y algunas se tostarán por los bordes pero no estarán ni mucho menos cocinadas. Pásalas a una bandeja de horno (yo la forro de papel de aluminio para limpiar menos) y distribúyelas por el centro a modo de cama para el solomillo. Pon la carne encima de las chalotas y vierte por encima la mezcla de soja-mostaza-miel que haya sobrado. Mete en el horno caliente y hornea 12-15 minutos, según sea más bien largo o más bien grueso.

No brido nunca el solomillo de cerdo, pero por supuesto se puede hacer

3.- Mientras la carne está en el horno, pon el último chorrito de aceite en la sartén (que seguimos sin limpiar, ¡yupi!),  sube un poco el fuego para que esté medio-alto y añade los cuartos de pera. Salpimenta y saltea dejando que se caramelicen los bordes. Pasados 5 minutos, añade un poco de caldo (como un cuarto del total) y desglasa el fondo. Con las peras ya bien brillantes añade el resto del caldo y deja que cueza todo junto y destapado mientras se sigue haciendo el solomillo en el horno.

Listas para recibir el caldo tras desglasar

4.- Saca la bandeja del horno y pasa la carne a una tabla para reposar al menos 6 minutos antes de cortarla (a estas alturas ya sabemos que es fundamental que “descanse” la carne, ¿verdad?). Vuelca las chalotas y la salsa que haya en la bandeja de horno dentro de la sartén con las peras y baja el fuego, que se cocine todo junto durante el reposo. Usa el papel de aluminio que protegía la bandeja para tapar la carne y que se enfríe menos mientras reposa.

5.- Corta la carne en medallones más bien gordos. Para servir me gusta todo en la misma fuente, con las peras y chalotas debajo y a los lados de la carne.

Notas: Normalmente las chalotas y las peras me parecen suficiente acompañamiento pero no es despreciable tener algo que empape la salsa, como un puré (mis preferidos son de patatas, chirivía o apionabo), arroz o quínoa y así de verdad da bien para 4 personas sin agobios. Además, una buena ensalada o una verdura verde le dan color al plato y redondean la comida, con lo que te puedes ahorrar el primer plato.

Para las peras calculo una por barba y otra para la comunidad pero si te encantan puedes poner más, aunque en este caso aumentaría en proporción las chalotas para mantener el equilibrio y probablemente también el caldo, para que no se peguen. Es mejor que sean pequeñas y en un punto de madurez bueno, para que queden justo tiernas. Si sólo encuentras peras grandes córtalas en 5-6 gajos en lugar de cuatro y puedes usar una pera menos, si quieres. Si no encuentras bosc, la siguiente mejor opción para cocinar me parece la conferencia.

Por si alguien lo prefiere así, sabed que Odette salteaba las chalotas y las manzanas (nuestras peras) con mantequilla y no con aceite de oliva.

Sobre el solomillo de cerdo, algo que seguro ya os he dicho: fundamental no pasarlo porque se queda demasiado seco. Si tienes un termómetro, la temperatura interna debe rondar los 62-63ºC, que se acabarán de alcanzar durante el reposo y no en el horno.

PAVLOVA DE FRUTOS ROJOS

pavlovDe mis postres favoritos, se lo disputan neozelandeses y australianos como propio, yo lo aprendí de una australiana que compartía Foyer conmigo (se pronuncia fuayé y significa residencia, para los malpensados). Estudiaba nutrición y me reñía muchísimo por las cantidades de mantequilla que le echaba a todo, aunque ella se ponía tibia de merengue con la excusa de que la clara de huevo es la proteína más pura y perfecta que hay. En fin, le echaba un poco de morro pero yo uso su excusa de vez en cuando y además gracias a ella sustituí bastante la mantequilla por el aceite de oliva… y encima me llevé esta receta de regalo (y la de los marshmallows) así que: ¡gracias Molly!

Sé que a Pantaleón le chifla la pavlova con frambuesa, así que a pesar de que va contra mi religión cocinar con productos tan desfasados de temporada he hecho una excepción. Como no tengo el presupuesto para comprar toda la frambuesa fresca que hace falta para una pavlova para 6-8 personas, he usado frambuesas congeladas y una barqueta de frambuesas frescas; además he añadido alguna fresa y alguna grosella también frescas, las primeras porque tenían la mejor pinta de la frutería y las grosellas porque este año han sido tardías y también tenían buena pinta, aparte de que me parecen monísimas. Os lo explico todo en la receta, pero se trata de poner la imaginación al poder.

Un último apunte sobre la pavlova: las grietas no son necesariamente un defecto, de hecho, cuando no salen hay quien las provoca a golpe de chuchara. De todos modos no hay necesidad de liarse a golpes porque un merengue bien quebradizo normalmente cederá bajo el peso de un “relleno” generoso. Lo que no debe hacer nunca una pavlova es “llorar”. Las lágrimas de la pavlova pueden ser líquidas, lo que indica que se tenía que haber hecho más, o como perlitas de almíbar, señal de que se ha hecho con un horno demasiado fuerte. Prefiero no poner fotos de ejemplos de pavlovas malas que hay por la red porque me parece una maldad y porque seguro que están buenísimas en cualquier caso. Los fallos que tengáis servirán para que le vayáis cogiendo el tranquillo, la clave está sobre todo en llevarse bien con el horno.

Ingredientes para 6-8

Para el merengue

  • 4 claras de huevo, preferiblemente a temperatura ambiente
  • 1 cucharita de moka de cremor tártaro (opcional, facilita la labor)
  • 20ml vinagre de manzana (sustituible por zumo de limón colado)
  • 150g azúcar glace*
  • 15g maicena (como una cucharada sopera)

* El azúcar tiene un rango en el que nos podemos mover, que va desde el peso de las claras x1’25 hasta el peso de las claras x1’5. Lo normal es que 4 claras de huevo M ronden los 120g de peso. Es decir, en este caso podríamos usar entre 150 y 180 gramos de azúcar, yo tiendo a quedarme en el tramo inferior.

Para el relleno

  • 250g frambuesas congeladas
  • 90g azúcar
  • 1/2 Vaina de vainilla sin semillas (opcional, es que la tenía)
  • 250ml nata de montar
  • Semillas de media vaina de vainilla, extracto de vainilla o azúcar vainillado
  • 40g azúcar glace, o al gusto
  • 400g frutos rojos al gusto (en este caso hay 150 de frambuesas, 150 de fresas y 100 de grosellas), limpios y secos

Procedimiento

Nota previa. Seguramente ya lo sabréis pero no está de más repetirlo: el bol y las varillas que se utilicen para hacer el merengue deben estar saltando de limpios y bien secos. Por precaución, les suelo pasar un paño limpio empapado en vinagre y compruebo que chirríe antes de lanzarme al merengue. Vuestros brazos agradecerán que las varillas sean eléctricas.

1.- Empezamos con el merengue, que es lo que más tarda. Precalentamos el horno a 150º, preferiblemente con ventilador. En un bol grande y muy limpio se ponen las claras con el cremor tártaro y se baten a velocidad media-alta. Pasados más o menos 3 minutos ya deberían estar muy espumadas y no verse totalmente transparentes, pero aún no se tienen estables. En este momento añadimos a chorrito el vinagre sin dejar de batir en ningún momento.

2.- Pasados otros dos minutos más o menos las claras deben estar ya firmes, haciendo picos. Es el momento de empezar a añadir el azúcar glace poco a poco pero antes de hacerlo separaremos un par de cucharadas para mezclar con la maicena, que serán lo último en incorporarse. Añadimos poco a poco todo el azúcar mientras continuamos batiendo y terminamos con la mezcla de azúcar-maicena. El merengue resultante tiene que ser muy brillante y firme, el aspecto puede ser como el de la espuma de afeitar. De principio a fin el proceso con mis varillas tomó algo menos de 12 minutos, pero depende del equipo que tengáis, la frescura de los huevos y también de la temperatura.

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Espero que se aprecie la consistencia/textura. En este punto empezamos a añadir el azúcar.

3.- Hacemos una montaña con el merengue sobre una bandeja forrada con papel de horno y la vamos aplastando hasta formar un círculo. Por último, al círculo le damos forma como de nido, dejando una cuenca en el centro y los bordes más altos. Se puede dibujar el círculo usando un plato o un aro de repostería para orientar la forma que queramos, pero hay que tener la precaución de darle la vuelta al papel antes de ponerle el merengue encima.

Para el círculo usé un molde de tarta. Así de firme y suave tiene que quedar el merengue. Ojo, que el del vídeo que os he enlazado sobre las grietas está un pelín flojo, probablemente porque no tiene vinagre.

4.- Se mete la bandeja al horno y en ese preciso instante se baja la temperatura a 100ºC y se tiene cociendo 1 hora y 40 minutos. Se apaga el horno y se deja la pavlova dentro con la puerta cerrada hasta que se enfríe completamente, de 3 horas a toda la noche.

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Listo para entrar en el horno. Los bordes están alisados con la parte convexa de una cuchara sopera, igual que el hueco del centro

5.- Para la segunda fase del relleno hice una especie de confitura rápida como la que usamos con el cremoso tramposo, con algunas diferencias lógicas por las características de las frambuesas, a saber, que son mucho más ácidas y que estaban congeladas. Pon las frambuesas congeladas en un cazo pequeño y espolvorea por encima el azúcar y la vaina de vainilla vacía, si usas. Deja que se descongelen a fuego muy lento y cuando hayan soltado el jugo sube el fuego a medio y tenlas unos 15 minutos burbujeando despacito. Retira del fuego y deja enfriar tranquilamente en el cazo.

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6.- Monta la nata -muy fría- con las semillas de vainilla en un bol, cuando empiece a coger cuerpo añade el azúcar glace en lluvia mientras sigues batiendo hasta que esté semi-montada. Guarda en frío hasta que vayas a usarla para el montaje del postre.

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Nata semi-montada. La consistencia es parecida a la de unas natillas espesitas.

7.- Separa y reserva un tercio de cada una de las frutas rojas. Mezcla el resto con la confitura de frambuesas ya templada, las fresas mejor cortadas en trozos del mismo tamaño que las frambuesas. Reserva en frío hasta que vayas a usarla para el montaje del postre.

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A la derecha se ve una grieta que sale del peso, no os preocupe, son buenas, empapan el relleno

8.- Monta la pavlova justo antes de servir: pon el merengue en la fuente de servir, a continuación vierte en la cuenca la nata semi-montada, encima de ésta la confitura mezclada con las frutas y por último las frutas frescas. Las fresas de encima del todo están cortadas en cuatro a lo largo.

Notas: Todos los componentes del postre se pueden hacer con antelación, guardando por separado. El merengue aguanta bien hasta dos días guardado en una lata de galletas. La nata y la confitura en la nevera, bien tapadas. También podéis pasar totalmente de la confitura y aligerar un poco de mermelada con agua o zumo de limón (o ambos) y extracto de vainilla.

El ventilador del horno es ideal para que el merengue quede crujiente. El merengue de la pavlova es quebradizo por fuera y esponjoso por dentro por la acción de la maicena (y un  poco también del vinagre), pero no debe resultar chicloso. También se le puede añadir (al final) cualquier sabor que guste: canela, vainilla, clavo… yo prefiero natural porque queda más blanca.

Se puede hacer de mil cosas, lo tradicional es con frutas tropicales (Australia) o kiwi (Nueva Zelanda), pero hay muchísimas más opciones. Algunas ideas: sólo con frambuesas frescas de temporada, con fresas maceradas en la forma que os conté en esta entrada, con compota especiada de higos secos y orejones (queda muy navideño), sustituyendo la nata por lemoncurd y poniendo encima gajos de cítricos varios y algunas tiras de ralladura confitada, mezclando la nata con ganache de chocolate (que quede marmoleado) y coronando con frutos secos…

Y yo no vuelvo hasta finales de diciembre por lo menos, así que os deseo feliz Navidad a todos. Espero que probéis las recetas y que os gusten y tened presente que aunque no publique, estoy disponible para ruegos y consultas.

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A Pantaleón le aburren los árboles de Navidad. Tanto que hasta hace unos años tenía uno artificial que guardaba con los adornos puestos. Llegado el puente de la Constitución, momento que Pantaleón considera liturgicamente apropiado para sacar el árbol de su letargo, lo plantaba en medio del salón, sacudía un poco las ramitas, enchufaba las luces y “voilá”. Trabajo fino.

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El único interés que el mono le vé a sacar del árbol de su escondite es declarar oficialmente inaugurado el periodo navideño, lo cual implica poder comer y beber a todas horas. Así que instala una butaca bajo el árbol y empieza a darle a champagne sin tregua. Acabadas las navidades – y varias cajas de Henriot – dobla las ramas para arriba, adornos y todo, le da unas vueltas con cuerda y le pone un plástico por encima, y así, cuajadito de adornos y luces, el árbol se va al trastero y Pantaleón a Incosol.

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El año pasado, por primera vez, compró un abeto de verdad. De los vivos. Parece ser que escuchó en la radio a un paisano que explicaba que eso era lo ecológico de verdad, que así se dan ingresos y trabajo a los que cultivan abetos en el Pirineo y que luego el árbol se replanta y así uno contribuye a reforestar. Y cierto que reforestas, pero siempre que cumplas dos condiciones básicas: que el árbol no se te haya muerto por falta de riego y que luego efectivamente lo plantes. Pantaleón no fue capaz de cumplir ninguna de las dos. Así que este año no quiere ni la reliquia pre-adornada del trastero, ni el árbol vivo ecológico; quiere innovar.
 
Y Pantaleón innovando es un peligro. Aparece en casa con un montón de fotos.
 
 
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Además de esta cosa absurda de arriba, que queda estupenda en foto pero poco más me enseña un árbol hecho pegando una cinta roja a unas baldas…
Vía House and Garden de diciembre 2013

Vía House and Garden de diciembre 2013

Pas mal.
 
Un “árbol” hecho pegando unas luces o a la pared…
 
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Otro con cinta aislante y unas guirnaldas de bolas… (susceptible de mejora)
 
 
 
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Otro hecho con unas tablas de madera…
 
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Uno, de alguien poco dotado para las manualidades pero con muchas dotes de lectura hecho acumulando libros…
 
 
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Y su favorito, uno hecho pegando notitas de post-it escritas por amigos en un espejo…
 
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“Mucho amigo escritor de notitas hay que tener para hacer este árbol, Pantaleón” le digo “y con el carácter que tienes a ti no te da ni para un bonsai” (es antipático decirlo, lo sé, pero es que es cierto)
 
“Ne t’inquietes pas” me dice el mono “Abelardo puede escribirlas todas fingiendo letras distintas”. Ah. Veo que lo tiene todo resuelto. Viendo las fotos de arriba me doy cuenta que en este mundo de “diseny” cualquier cosa triangular con lucecitas sirve como árbol navideño. Y dentro de las opciones que existen la que más me gusta es esta tabla con LEDS que nos sugiere una de las estilistas de House and Garden
 
Similares, customizadas en colores y tamaños, a través de Felipe García Bañón www.felipao.es

Similares, customizadas en colores y tamaños, a través de Felipao www.felipao.es

También susceptible de mejora. La estilista se podría haber molestado en pintar la tabla de DM de algún color. Blanco o el color de su pared, por ejemplo. Y puestos a ello pegarle una estrellita arriba o algo más navideño que distinga su árbol “minimal” de un boceto para el Apolo 13.
 
El caso es que yo no comparto esa tírria por el árbol clásico que ha desarrollado Pantaleón. No tengo especial objeción que hacer a los abetos. No hace falta poner una cosa enorme llena de espumillón y bolas de colores (a eso sí que objeto). Basta con un pequeño abeto en un cesto o en un balde de zinc..
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No me hace falta una cosa enorme que ocupe medio salón. A mi lo que me gusta de verdad de las navidades es el belén. En su versión XXL o simplemente el misterio o el niño…
 
Niño dormido napolitano, obra de Tiziana d´Auria

Niño dormido napolitano, obra de Tiziana d´Auria

Vía www.andGeorge.com

Vía www.andGeorge.com

Para el tema del árbol me basta una simple rama de abeto en un jarrón…
 
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O una ramita metida dentro de una campana de vidrio como los belenes napolitanos…
 
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No me hace falta ni que sea abeto. Cualquier rama con algún adorno navideño colgante me parece bien…
 
Vía House and Garden diciembre 2013

Vía House and Garden diciembre 2013

Via House and Garden diciembre 2011

Via House and Garden diciembre 2011

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Lo del árbol chiquitín encima de una mesa me gusta. Tanto que ni siquiera tengo objeciones a este abeto con bolas multicolor (que en situaciones normales detesto)

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“Ah!” dice Pantaleón “no dejes que te engañe el inmaculado fondo blanco de la foto” advierte “las bolas multicolor hacen el árbol “tacky” (hortera) con una facilidad pasmosa! Si te vas a dedicar al macro-abeto Casa Blanca, recuerda: tres colores máximo. ¡Máximo!” insiste “¡ni uno más!. Nada de árboles que parecen una vomitona de plastidecor”

Arbol en dos colores, siguiendo la máxima de Pantaleón

Arbol en dos colores, siguiendo la máxima de Pantaleón

Arbol unicolor

Arbol unicolor

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“Salvo que seas un experto en decoración de árboles, cuanto más repetitiva sea la decoración, mejor. Alterna tamaños de objetos, asegúrate que tienes suficientes objetos repetidos como para crear un “patrón” y en materia de árboles, si eres novato, believe me: menos es más”.

A Pantaleón le ha gustado especialmente este árbol decorado única y exclusivamente con Glimmis (el regalo “cool” de este año) de diferentes formas: ángeles, copos de nieve, estrellas y alces.

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Los Glimmis® son un reflectante sueco que sirve para que te vean de noche. Iluminados con una luz o el faro de un coche brillan como el cometa Halley. Así que los cuelgas del bolso, la mochila de tu hijo, el abrigo, la bici o lo que sea y se disminuye enormemente el riesgo de sufrir un atropello. Nada de Cayennes cepillándote el abrigo cuando sacas a pasear el perro o cruzas la calle. Cuestan 4,90€ y existen multitud de diseños lo que los hace aptos para decoración del árbol (alucinante cómo brillan en cuanto les da una luz) y también como regalito detalle de estas navidades.

Se venden en VIPs entre otros sitios. Para ver el resto de puntos de venta: www.facebook.com/glimmisespana

Se venden en VIPs entre otros sitios. Para ver el resto de puntos de venta: www.facebook.com/glimmisespana

Nos gustarían también mezclados con guirnaldas de luces. Los árboles decorados casi únicamente con luces tienen un encanto especial…

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arbol en mesa

En realidad creo que nos gustan más los árboles simples que los barrocos, esos con todo tipo de implementos colgados, tan cuajaditos de cosas que no se sabe si debajo hay un abeto o la maqueta de la pirámide de Keops. Me dan un poco de angustia, me parecen salidos de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”.Prefiero un abeto simple y no demasiado grande, y creo que quizás la clave sea el “contenedor” donde lo coloques. Por ejemplo un cubo de zinc…

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En una cesta rústica o en una copa de hierro

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hasta en un pedestal…

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Pero no esas telas arrugadas que disimulan el pie de plástico. Pie de plástico y todo, hay que buscarle una “maceta” digna al árbol de Navidad. Yo yo este año pondré un abeto pequeño en un contenedor bonito decorado con Glimmis y con luces en blanco cálido…

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…le pondré una “corbata” de abeto al David Cabreao…

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Y compraré un maravilloso belén en tonos blancos hecho por las monjas cistercienses de la orden de belén a través de la web www.declausura.com

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Pantaleón, que no renuncia a innovar lleva toda la tarde haciendo arbóreas majaderías…

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Porque no se resigna a no ser original. Al final la papeleta se la soluciona un niño (en este caso una niña) y viene por correo desde París…

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Desde donde mi sobrina Inés, habilidosa y original como pocas, le manda un árbol de Navidad único…

Una buena idea para hacer manualidades en familia estas Navidades

Una buena idea para hacer manualidades en familia estas Navidades

Con las manos de toda la familia (y el pie de la indomable Teresa). Pantaleón lo cuelga de inmediato. Me temo que puede que sea la excusa para empezar el periodo navideño con mes y medio de adelanto.

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Mi comedor es un desastre (Pantaleón lo confirma).

Del catálogo de Horchow.com

Del catálogo de Horchow.com

A la hora de ponerlo sufrí un fortísimo ataque del “síndrome del buffet de desayuno de hotel” (Nota: para la descripción del síndrome ver “Todos al Suelo”) y decidí que quería hacer un espacio “polivalente”. Que eso de tener un cuarto entero de mi casa dedicado a comedor cuando estaba yo solita conmigo misma no tenía sentido así que mejor que sirviera de biblioteca, de despacho y de posible cuarto de invitados además de comedor. Ahí es nada.

El comedor fracaso, foto de refilón para evitar la vergüenza...

El comedor fracaso, foto de refilón para evitar la vergüenza…

Es un espacio rectángular y en una de las paredes largas, bien centradita, coloqué mi falsa chimenea. A cada lado una puerta disimulada: una da a un cuarto de baño otra a un gran closet (ambos eran necesarios si el espacio iba a ser cuarto de invitados). En la otra pared larga una biblioteca (necesaria para la versión biblioteca-despacho). En un momento dado me pareció sensato, ya que era un comedor, colocar ahí dentro una mesa de comedor. Así lo hice: redonda y negra. Con sus sillas. Ocho, para ser exactos. Y ya que era comedor, pues tenía que tener unas buenas puertas dobles de entrada, para ese efecto dramático que tanto me gusta. Y otra puerta en dirección cocina ¿no?. Resultado de todo esto: espacio absurdo con cuatro puertas, chimenea, biblioteca, mesa de comedor y un sin fin de sillas, negras como grillos, feas como pegar a un padre, que tienen por única circunstancia eximente que me costaron 22€ unidad.

Magnífica mezcla de sillas wire con mesa antigua

Magnífica mezcla de sillas wire con mesa antigua. La foto es tan vieja que ya no recuerdo de donde la recorté… ¡lo siento!

Raul Martins, vía Nuevo Estilo

Raul Martins, vía Nuevo Estilo

Pantaleón me mira con pena. El primer error de que me “apercibí” (sic) es que en un espacio rectángular nunca, nunca, nunca hay que poner una mesa redonda. No y no. A espacio rectángular mesa rectángular y a espacio cuadrado mesa redonda (o cuadrada). ¿Por qué? Pues porque sí. Porque lo contrario queda como un Tetris mal encajado: mal. No digo que la mesa tenga que imitar el contorno de la habitación pero sí el del espacio que ocupa. O sea, ningún problema en poner dos mesas redondas en un espacio rectangular o una mesa cuadrada en un rectángulo “achatado” en los lados largos por una cómoda o un aparador… pero ¿una única mesa redonda en un rectángulo? Mal, mal y mal. Lo prometo. (Pantaleón asiente). Así que la cambié por una mesa rectángular. Preciosa mi mesa. Una mesa de biblioteca estilo Luis XVI, con dos alas, que se extiende hasta 260 x 110. Vamos que me cabe un banquete medieval.

Vía Elle Decor

Vía Elle Decor

Del catálogo de Zara Home primavera-verano 2012, casa de Isabel López Quesada en Biarritz

Del catálogo de Zara Home primavera-verano 2012, casa de Isabel López Quesada en Biarritz

Casa de Meg Ryan, vía Elle Decor

Casa de Meg Ryan, vía Elle Decor

Uno diez de ancho era importantísimo. ¿Por qué? Pues porque una de mis grandes aficiones es poner mesas bonitas y con menos de 110 entre plato, copas, plato de pan etc. no te queda sitio ni para flores ni para velas. Esto es así. Menos de 100 nada que hacer. 90cm y la copa de un comensal se toca con la de el de enfrente (tenedlo en cuenta al comprar las mesas de comedor, esto nadie te lo dice y hay muchas que son estrechas: si no te fijas y acabas en casa con una de 90cm a traición y luego no cabe en la mesa ni una jarra de agua).

Carolyn Roehm

Carolyn Roehm

Así que yo toda orgullosa con mi mesa de 110 de ancho. Sumas las sillas, la chimenea y la biblioteca y hay que meter la tripa y hacer movimientos ondulantes para sentarte a cenar. Gran éxito. En breve me dispongo a sustituir algunas de las sillas por dos bancos que vivirán debajo de la mesa, para evitar ver un rectángulo rodeado de cositas negras. Sin duda meteré la pata y lo estropearé aún más porque ese cuarto infernal está gafado, pero en la búsqueda de la perfección he aprendido unas cuantas cosas…

Casa de Lázaro Rosa Violán

Casa de Lázaro Rosa Violán

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“¿Cuales?” pregunta Pantaleón.

“La primera la importancia de elegir bien la mesa” le digo “y no sólo bien en el sentido de que sea redonda, cuadrada o rectángular – que también – sino de una forma adecuada: nada de patas en lugares incómodos, nada de barras laterales uniendo las patas que impiden que la silla pueda acercarse a la mesa y hacen que la sopa termine en tu pantalón… y nada de mesas cristal”

“Ah, oui” confirma el mono “sabia decisión”.

Hall comedor de Pierre Delbée, director de Maison Jansen, con un ejemplar de mi admiradísima "Table Royale" de Jansen. Años 60.

Hall comedor de Pierre Delbée, director de Maison Jansen, con un ejemplar de mi admiradísima “Table Royale” de Jansen. Años 60.

Vía The Peak of Chic

Vía The Peak of Chic

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“Odio las mesas de comedor de cristal” prosigo embalada “te obligan a poner mantel siempre, olvidate de los individuales salvo que quieras comer viendo los pies de todo el mundo… ”

“Y son sucias y se rayan, y si tienes focos o una luz encima se refleja en el cristal…” añade el mono “pero sobre todo es lo de los pies. En eso tienes razón. No soporto mirar al plato y ver los pies de el de enfrente. Pies y comida no van” sentencia el mono. Y yo no puedo estar más de acuerdo.

Alidad, comedor de espejos iluminado con velas

Alidad, comedor de espejos iluminado con velas

Otro error son los cuadros u obras demasiado estridentes. Una vale, pero varias no. ¿Por qué? Pues porque luego pondrás tu mantel, tu vajilla y tus flores y competirá todo un poco demasiado y se creará un desapacible guirigay de colorín.

Alberto Pinto, vía Architectural Digest USA

Alberto Pinto, vía Architectural Digest USA

Tom Scherrer

Tom Scherrer

“Salvo que seas tan friki que hayas conjuntado los manteles y vajilla con tu Wharhol, claro” apostilla el mono.

Howard Slatkin elige sopa de remolacha para que combine con la vajilla. Via Habitually Chic.

Howard Slatkin elige sopa de remolacha para que combine con la vajilla. Via Habitually Chic.

Hay gente para todo. El otro día Habitually Chic publicaba fotos de la casa de un tal Howard Slatkin que combina la vajilla con el color de la comida y que le molestaban tanto visualmente los timbres de su cocina que contrató a alguien para que le pintara esto…

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El mono se asoma. “¿Esto es pasarse verdad?” me pregunta (estamos aprendiendo lo que es “pasarse”. Pantaleón no tiene el concepto claro. Él se excede con frecuencia y le estoy haciendo un coaching de contención…) “Sí” confirmo “eso es pasarse”.

Paolo Moschino en oscuros...

Paolo Moschino en oscuros…

Paolo Moschino se arrepiente y pinta el comedor en colores más claros...

Paolo Moschino se arrepiente y pinta el comedor en colores más claros…

Volviendo a los comedores: que mejor tonos unificados sin mucho lio ni colorín, para que el cuarto sirva de lienzo en blanco para una mesa lo más espectácular o sobria posible, dependiendo del look que te apetezca.

Marie Chantal Miller Londres, fantástico el espejo de Hervé van der Straeten.

Marie Chantal Miller Londres, fantástico el espejo de Hervé van der Straeten.

¿Y donde colocar el comedor? Suponiendo que tengas un cuarto destinado a él, lo más cerca posible de la cocina, para facilitar entrada y salida de platos sin tener que pasear con ellos por toda la casa. Ya no hay problemas de olores con las cocinas…

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Vía House Beautiful

Vía House Beautiful

“Sobre todo desde que Dúrdula nos descubrió el King Ozono” interrumpe Pantaleón.

Así que ya no hay motivo para colocar la cocina “en la otra ala de Palacio”.

“El Marajá de Kapurtala lo hizo” vuelve a interrumpir el mono.

“¿El qué?” pregunto

“Colocar el comedor en la otra ala de Palacio. Y como el Palacio era tan grande la cocina estaba muy lejos y la comida llegaba fria, así que instaló un tren de plata, sobre railes de plata que llevaba la comida en vaognes de plata hasta el comedor y luego de un extremo a otro de la enorme mesa…. Aún así llegaba fria” dice.

Anouska Hempel, una amante del verde. Vía Architectural Digest USA

Anouska Hempel, una amante del verde. Vía Architectural Digest USA

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Le ignoro. No estoy segura de si se lo está inventando o no. Mejor no indagar.

Más del comedor: si no tienes un cuarto a parte delimita su espacio, lo mejor con una alfombra. Si no quieres que sea comedor para nada, disimulalo, esconde la mesa en cualquier sitio o usala de otra cosa y desperdiga las sillas por toda la casa. Un par a cada lado de una mesa, otras dos en tu cuarto, una o dos en el hall, etc. Y si puedes hazte con unas cuantas sillas plegables decentes y guardalas en un armario, detrás de una puerta, debajo de una cama etc. Siempre es muy útil tener sillas extra para cuando invites a más, o quieras hacer un buffet, para lo que sea.

Vía The World of Interiors.

Vía The World of Interiors.

también es útil tener cerca un aparador, un armario, una cómoda o cualquier otra cosa que te sirva para guardar manteles y vajilla…

Vía Coté Paris. Nos gustan los armarios con tela de gallinero en blanco

Vía Coté Paris. Nos gustan los armarios con tela de gallinero en blanco

Aparador similar, para recrear el look de arriba en SLOU, Padilla 19, Madrid www.slou.es

Aparador similar, para recrear el look de arriba en SLOU, Padilla 19, Madrid www.slou.es

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Coloques donde coloques la mesa tienes que pensar si van a servir la mesa o no. Es decir, ¿vas a tener a alguien que te pase la fuente? Si es así es necesario que calcules espacio extra para que puedan pasar por detrás de cada silla. Al menos 60cm, más otros 50 que has de calcular desde la mesa hasta el respaldo de la silla, así que toda mesa ha de tener un espacio mínimo de 110cm alrededor para que se pueda servir la mesa. Si lo de servir la mesa te suena a Downton Abbey y eres más de pasar la fuente de mano en mano o ponerlo todo en una mesa a parte para que los convidados se sirvan, entonces tus necesidades de espacio se reducen radicalmente y puedes instalar un banco corrido o banqueta que es lo que más espacio ahorra del mundo. Si el banco tiene una tapa que se abre (debajo del almohadón) ese espacio de almacenaje extra te vendrá de miedo para fuentes y demás accesorios.

Heidelberg Suites, por Michele Bonan.

Heidelberg Suites, por Michele Bonan.

John Stefanidis

John Stefanidis

Colefax & Fowler

Colefax & Fowler

Y esto es más o menos lo que he aprendido de comedores. El mio es el más feo del mundo, pero para contrarrestarlo os he puesto las fotos de los más bonitos que hay. ¿A que sí?

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Vía Veranda

Vía Veranda

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