Drama: Mrs. Abelardo (nombre de soltera Puri) ha tenido un pequeño vous-parlez con su suegra, que ha venido del pueblo a pasar unos días con ellos. Y aunque Abelardo tiene adoración por su Puri, más grande la tiene por la madre que le parió. Así que el ambiente de estos días en la portería escocesa (ver el post Bajo Palio) está más tenso que en la franja de Gaza.

“Si es que la Puri tiene que entenderlo” me explica Abelardo que ha perdido, de golpe, su impostado acento británico ” Y ya se lo he dicho yo: toíto te lo consiento menos que faltes a mi “mare”, que “mare” solo hay una y a ti te encontré en la calle.”

Calle es técnicamente incorrecto, porque Abelardo no encontró a su Puri en la calle sino en la plaza. Concretamente en la de Castilblanco de los Arroyos. Abelardo y su Puri se conocieron en la plaza durante las fiestas en honor de San Benito Abad, patrón del pueblo. Fue amor al primer chotis. Abelardo se lanzó a pedir el segundo pero la Puri, muy circunspecta le constestó: “Servidora no baila porque está sudada, pero gustosa tomaría refresco en barra”. Con eso fue suyo para siempre. Love Story a lo “Bienvenido Mister Marshall”. Y cuarenta años después siguen siendo como Tristan e Isolda en versión agro.

Pero la Puri tiene su dignidad y lo de “A tí te encontré en la calle” va a ser dificil de arreglar.

“Pamplinas” dice Pantaleón en su versión de consejero amoroso “¡en la calle hay maravillas! ¡Lo de la calle no es malo! ¡El arte, la belleza, lo sublime, todo eso está ahora en la calle! ¡La calle! Lugar de encuentro de lo bello!”

Parque de la Recoleta, Buenos Aires. Escultura del artista argentino Carlos Regazzoni (www.regazzoniarts.com) hecha con material de desecho.

Parque de la Recoleta, Buenos Aires. Escultura del artista argentino Carlos Regazzoni (www.regazzoniarts.com) hecha con material de desecho.

“Sin ir más lejos” continúa el mono “el otro día, adelantandome en más de un mes a la apertura de ARCO, en el mismísimo rastro de Madrid, descubrí un nuevo talento artistico-decorativo: Pedro.”

Escultura trompetero de la colección de músicos de Pedro. Precio aproximado 350€.

Escultura trompetero de la colección de músicos de Pedro. Precio aproximado 350€.

“¿Pedro qué?” pregunto

“Pedro nada. Pedro. A secas. Como Madonna, como Prince, como Beyonçé, como yo, Pantaleón. Sin apellido. Los artistas podemos ¿sabes?. Lo que sí tienes es mail [email protected] que obviamente abre de Pascuas a Ramos, como buen artista. Y un teléfono fijo que me dió 913692800 para localizarle pero al que responde en raras ocasiones. Mejor dejar mensaje. Es un tipo educadísimo pero muy suyo. Un artista de verdad” concluye el mono, que debe de pensar que el nivel de “duende” es inversamente proporcional a la capacidad para la telecomunicación.

Escultura Batería

Escultura Batería de Pedro, de su colección músicos.

arte en la calle

Guitarristta

Guitarrista. ¡Lo quiero!

“Sus esculturas son geniales y son justo lo que hace falta para darle un toque moderno a esos salones rancios en los que vivís…” dice Pantaleón “Al rastro fuí con una amiga que comprendió que el trompetista debía ir inmediatamente a vivir a su casa”

Trompetero en su nuevo hogar, esperando a ser colocado en la mesa que está a sus espaldas.

Trompetero en su nuevo hogar, esperando a ser colocado en la mesa que está a sus espaldas.

“Y yo estoy pensando en llamar a Pedro para pedirle que me reserve el Guitarrista. Creo que es justo lo que hace falta en mi salón, ¿no crees, darling?”

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Darling no sabe si decir la verdad (que el guitarrista es la pera y más a ese precio) o mentir cual bellaca para quedarme yo con él, porque ha sido verlo y amarlo, como Abelardo con la Puri. Me recuerdan a las esculturas de Carlos Regazzoni que ví expuestas en el parque de la Recoleta, la última vez que estuve en Buenos Aires, y que fotografié cual posesa…

Ovejas de C. Regazzoni

Ovejas de C. Regazzoni

Fantástico pato

Fantástico pato

Perro. Alucinante que con apenas unos tubos doblados el escultor pueda dar semejante movimiento e incluso expresión al "animal"

Perro. Alucinante que con apenas unos tubos doblados el escultor pueda dar semejante movimiento e incluso expresión al “animal”

Nunca me ha interesado especialmente el reciclaje como tal. Y al mono, como imagináis, aún menos. Sigue sin tener claro a qué contenedor van la mitad de las cosas que tira. Lo que me parece interesante de la obra de Regazzoni, del que no había oido hablar en mi vida, hasta que me dí de bruces con estas esculturas, es que es capaz de darle expresión a un trozo de hierro, de insinuar movimiento con una curva, de conseguir que tenga cara de simpático un animal que en realidad no tiene cara…

Detalle de avestruz

Detalle de avestruz

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Y de Pedro me gusta la “mancha de color” de todas sus esculturas, la aparente simplicidad y el buen rollo que transmiten, la sabia elección de cada pieza de reciclaje. No es sólo porque sea material reciclado, es porque me gusta.

El artista en su taller. Foto hecha por su hijo de 11 años.

El artista en su taller. Foto hecha por su hijo de 11 años.

A pesar de todo, me puede la ética. Confieso al mono que el guitarrista me parece la pera y que el salón de su casa “lo necesita”. Mientras tanto busco en internet “escultura reciclaje DIY” a ver si encuentro algo que hacer con mis propios deditos. Lo más parecido a lo que quiero resulta ser esto:

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“¿Eso es bonito?” pregunta Abelardo un poco incrédulo

“Yo creo que tiene gracia” le contesto.

“Y si le hago una cosa de estas a mi Puri, ¿quedará contenta?” pregunta el pobre inocente

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Jirafa hecha de corchos, supongo que es una opción artística para eliminar esos “restos” de lo bebido en la cena mensual con los amigotes…

“No, my good man” contesta el mono “Una cosa es que a ella la encuentres en la calle y otra que también encuentres allí sus regalos. Lo tuyo ya no se arregla con material de ferretería. A estas alturas el metal ha de ser dorado, de 24 kilates y venir en estuche de terciopelo…. ¿No crees, darling?”

No creo. Pero vuelvo a callarme.

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A Abelardo le tocó “un pico” en la Lotería del Niño y no tuvo mejor idea que regalarle una tele a Pantaleón.

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Él mono nunca había tenido tele. No por razones éticas (le fascina la telebasura) sino estéticas: opina que los aparatos de televisión son la cosa más fea que se haya creado nunca. El caso es que Abelardo, sin quererlo, ha provocado un drama. Ayer me vino a buscar apuradísimo: “El señor marqués está muy malito, señora,  dice cosas muy raras, tiene muy mala cara y no se mueve.” Subo rauda al ático y me encuentro con una escena espeluznante. Tele encendida a pleno volumen, Pantaleón en bata (de ikat, pero bata) sentado en el sofá, con los ojos rojos inyectados en sangre, mirándola fijamente. En la mesa veo lo que parecen ser los restos de varios kilos de palomitas (eso sí, colocadas en sendos “cachepots” de porcelana húngara de Herend, a modo de “cubo palomitero”). Pantaleón, desaliñado, ignora nuestra presencia y balbucea: “Tomate Orlando ¡el café de los más cafeteros! Mahou cinco estrellas ¡y la suciedad se va en un bang! Las rebajas del Corte Inglés ¡connecting people!”.

Vía de Wall Street Journal magazine. Tele colgada como parte de pared galería de cuadros.

Vía de Wall Street Journal magazine. Tele colgada como parte de pared galería de cuadros.

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Está clarísimo: es una caso evidente de empacho publi-televisivo. Llamo a Gumersindo que acude raudo al rescate. Entre los dos tumbamos a Pantaleón en su cama. “Movistar ¿te gusta conducir?” balbucea el mono “Don Simón naranja escribe fino, Don Simon peral escribe normal…”. Gumersindo saca una jeringuilla y el mono grita “¡esto es un medicamento! ¡Consulte con su farmaceútico!”. Gumersindo se quita su larga bufanda de Missoni y su cinturón Dolce Gabbana y con ellos ata al mono a la cama y le inyecta una buena dosis de valium. “Que haga reposo” me dice “y nada de tele”.

Tele enmarcada sobre chimenea. Un clásico en USA.

Tele enmarcada sobre chimenea. Un clásico en USA.

El mono se duerme susurrando “Si un extraño te regala flores eso es Inissia, probablemente la mejor cerveza del mundo…”. Pobrecito mío.

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Lo de la tele es un peligro. Y decorativamente hablando también. En el fondo es como el retrete: es necesario tenerlo pero no necesariamente quieres que todos lo vean expuesto. Porque por mucho que hayan mejorado, la tele no deja de ser un electrodoméstico, y como tal, es feo. No tanto como una impresora, lo reconozco, pero feo en todo caso. ¿Qué hacer?

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En el asunto tele y decoración parece ser que hay tres escuelas de pensamiento. La primera la componen aquellos a los que la tele no les molesta estéticamente lo más mínimo: se compran la más grande que hay y la colocan donde más se vea. Es una opción. Pero salvo que seas el titular de un bar en los aledaños del Bernabeu o un cuarto específicamente dedicado al “visionado de pelis”, no parece que sea la decorativamente más acertada.

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Los de la segunda escuela de pensamiento son los que, en el fondo, se avergüenzan de tener tele, y la esconden.

Escondite perfecto.

Escondite perfecto.

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Preferirían decir que leen  a Hegel y que al llegar a casa… “Al llegar a casa ¡Un capuccino! ¡Nescafé Capuccino!” interrumpe el mono que acaba de despertar.

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“Pantaleón, ¿cómo te encuentras?” le pregunto solícita.

“Fenomenal” responde “¡Hoy me siento Flex! Jajajaja”

Preocupante. Pido a Abelardo que avise a Gumersindo. Va a hacer falta una dosis más fuerte. Para distraer al mono intento llevar el asunto tele a sus aspectos decorativos.

Escondite pretencioso. Si tienes esa pedazo chimenea y esa fantástica boisserie, encajar allí una tele es un pecado.

Escondite pretencioso

“¿Esconderla? Very american Darling! Todos se hacen unos cabinets enormes con motivos chinescos en el exterior para seconder la tele dentro. Supongo que si no la ves nunca no está mal, pero ¿imaginas el trajín de abrir y cerrar, esconder y des-esconder todos los días varias veces? Eso no es calidad de vida.”

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Aqui el mecanismo de “des-esconder” es fácil pero la colocación de los muebles les delata incluso con el panel cerrado. ¿De verdad pretenden que creamos que se sientan en el sofá a mirar fijamente una pared en blanco?

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Hacerse una especie de contraventana con prints de flores parece que está de moda…

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Sofisticado. Pero dá como miedo ¿no?

Y por fin llegamos a los de la tercera línea de opinión, los que optan por disimularla o ignorarla. O ambas cosas. La tele existe, no sirve de nada esconderla dentro de un armario, pero siempre está la opción camuflaje…

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Parece que hay un espejo especial que sirve para que no se vea la tele cuando está apagada (se ve espejo) y que se "transparenta" para dejar ver la imagen cuando la tele se enciende

Parece que hay un espejo especial que sirve para que no se vea la tele cuando está apagada (se ve espejo) y que se “transparenta” para dejar ver la imagen cuando la tele se enciende

Una pared negra es la mejor solución para que la tele desaparezca…

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Aquí la tele está en la pared de la izquierda, en primer plano. ¿A que no se vé nada?

Aquí la tele está en la pared de la izquierda, en primer plano. ¿A que no se vé nada?

En blanco, aunque compres una televisión blanca, el asunto no funciona igual de bien, porque la pantalla sigue siendo negra. Pero dependiendo de cómo la coloques, tampoco resulta feo.

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image Parece que también funciona bien eso de integrarla en la biblioteca… aunque personalmente me da pena estropear una biblioteca con la tele… Salvo que sea la biblioteca B (ver el post bibliotecas)

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Los hay que la enmarcan, otros la rodean de cuadros para disimularla, otros la esconden tras un biombo… Hay te todo. Como veis, en tema de soluciones decorativas al asunto de la tele,  la gente ha dado alas a su imaginación.

“¿No es Red Bull quien te da alas?” dice el mono con voz titubeante. Me alegra la duda. Parece que poco a poco la razón va emergiendo de su tele-abarrotado cerebro.

Tras los floripondios. Estéticamente perfecto pero no es una solución para los teleadictos. Salvo que aprovechen para hacer biceps subiendo y bajando el florero 20 veces al día.

Tras los floripondios. Estéticamente perfecto pero no es una solución para los teleadictos. Salvo que aprovechen para hacer biceps subiendo y bajando el florero 20 veces al día.

Y más allá del camuflaje siempre cabe simplemente colocarla en un lugar no excesivamente conspicuo…

Vía Nuevo Estilo. La tele aquí no "canta".

Vía Nuevo Estilo. La tele aquí no “canta”.

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Encuentra la tele. Pista: está cerca de la ventana

Encuentra la tele. Pista: está cerca de la ventana

Nos gusta la opción del caballete. Es claramente la más arty de todas. Y si te compras una video-creación artística y la dejas puesta todo el tiempo incluso puedes hacer pasar tu tele por un elemento intelectual, una instalación de arte contemporáneo. Eso sí, que la video-instalación sea muda, porque si no el dolor de cabeza puede ser terrible.

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“Contra el dolor de cabeza creo que anunciaban algo …” dice Pantaleón, dando signos de una evidente mejoría.

En la chimenea.

En la chimenea.

Fantástico que en la tele anuncien el remedio contra el mal que ella misma produce. Podían aprovechar para anunciar soluciones decorativas contra su propia fealdad. Hasta entonces, nos tendremos que conformar con las soluciones que nos muestran arriba y con la aceptación de su ineludible fealdad. En mi casa la tele cumple una función eminentemente cultural. En cuanto la enciendo, Adorado Pío coge un libro. A mi la tele me proporciona ratos entretenidísimos y me permite dejar en encefalograma absolutamente plano. Es la anti-actividad: enciendes la tele y simultáneamente apagas todas las funciones neurológicas. Y motoras, porque genera un letargo….

 

Soy una firme defensora del bicho. Es la más pura forma de democracia: tiene acceso a ella todo el mundo y su contenido se rige por lo que la gente quiere. Es verdad que a veces asusta lo que la gente quiere, pero ¿qué más da?. Es invierno, la tele es un servicio público que nos ofrece entretenidísimas en casa, en familia, disfrutando de un teledramón inenarrable, riéndonos juntos y pasando una tarde calentita y entrañable.

“Y” añade el mono “para todo lo demás Mastercard.”

Eso. Be water, my friend.

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Pantaleón ha vuelto. Subo a verle y llego justo a tiempo de oirle decir al teléfono: “Pues claro, daarling, como sabes, yo soy TOTALMENTE jansenista”. Al oirlo me dá tal ataque de tos que de poco me atraganto. ¿Jansenista? ¿Pantaleón??? ¡Lo que me faltaba por oir!

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Villa Perosa, de los Agnelli, cerca de Turín. Pasillo redecorado por Marella Agnelli con la ayuda de Stephane Boudin de Maison Jansen. Vía AD Estados Unidos.

Al llegar al salón descubro al mono semi tumbado en su chaise longue, copita de champagne en una mano y macaron de frambuesa en la otra, con Abelardo sentadito en un taburete bajo a su lado, toalla en ristre, haciéndole los pies.

El duque y la duquesa de Windsor en su casa del Bois de Boulogne, decorada por Stephane Boudin con muebles de Maison Jansen

El duque y la duquesa de Windsor en su casa del Bois de Boulogne, decorada por Stephane Boudin con muebles de Maison Jansen

“Bella y representativa imagen de un jansenista confeso” le digo irónica.

“Darling!” dice el mono ” veo que, como de costumbre, no te has enterado de nada: a ver, ¿qué entiendes tú por jansenista, querida?'”

“Lo que todos” contesto “un hereje aguafiestas vestido de negro, de rigurosa y estricta moralidad, que no cata el alcohol, desconfía de los placeres de la carne y opina que estamos predestinados a la hoguera y el fuego eterno.  Vamos: tu viva imagen.” 

“Ah, pero eso es un Jansenista de los de Jansenio, daarling” me dice el mono con tono displicente “y yo no soy de esos, no. La pacatería en general me aburre, y la pacatería herética me produce migrañas. Yo no soy Jansenista Jansenio, ¡soy jansenista de la Maison Jansen!”

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Cama de campaña en hierro y bronce dorado de Maison Jansen.

Escritorio Jansen. Vía Elle Decor

Escritorio Jansen. Vía Elle Decor

“Mesón Yan-sán” repite Abelardo por lo bajini, mientras lima la uña del dedo gordo, como esforzándose en recordar el nombre una nueva deidad.

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Espectacular aplique en tôle y conchas marinas de Maison Jansen.

Y no le falta razón, porque si es que si hubo una deidad decorativa en el siglo XX, un líder indubitado, un precursor de la globalización, esos fueron sin duda los chicos de Jansen. La maison la fundó a finales del siglo XVIII un francés de origen holandés llamado Henri Jansen. Pero la existencia de este señor es puramente anecdótica. Quienes dieron renombre a la maison y la convirtieron en referente mundial fueron otros dos señores: Stephane Boudin y Pierre Delbée, sucesivos directores de la Maison Jansen.

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Terraza de la casa de Pierre Delbée en París.

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El ya mítico hall-comedor de la casa de Pierre Delbée en París, La boisserie, pa puerta lacada en negro con incrustaciones de marfil y los muebles, y en especial la conocidísima “mesa royale” – plegable y con ruedas- son todo de Maison Jansen.

Jansen comenzó siendo una tienda de antiguedades que vendía unas piezas y localizaba otras tantas a petición de sus clientes. Se especializaba en mobiliario francés del siglo XVIII, en concreto en piezas de “los Luises” (Luis XIV, Luis XV y Luis XVI) y aprovechó esta especialización para empezar a fabricar, bajo la dirección de Boudin, magníficas reproducciones de “luises” de altísima calidad. Stephane Boudin las colocaba en las casas que le contrataban para decorar, que eran todas. Todas, todas. La de los duques de Windsor, las de los Agnelli, el Aga Khan, la Casa Blanca de Jackie Kennedy, las de Bunny Mellon, la de Palm Beach de los riquísimos Wrightsman. El Palacio de Laeken de los reyes belgas, Ditchley Park de Nancy Lancaster, el apartamento de Cocó Chanel, una carpa para Elsie de Wolfe o la casa del multimillonario Sir Henry “Chips” Channon en Londres. Toítas todas.

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El famoso apartamento de Coco Chanel, puesto por Jansen.

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La millonaria americana CZ Guest ayudando a Delbée a colocar los muebles de su casa.

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Otra millonaria americana: Jayne Wrightsman en su casa de Palm Beach, puesta por Boudin en un estilo bastante neo-rococó… O no tan neo.

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Más imágenes del apartamento de Cocó Chanel. Ese sofá bajito en ante caramelo siempre ha sido mi envidia.

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Otra imagen del apartamento de Chanel. ¿Os habéis fijado en el espejo colocado entre las ventanas?

Para Chips Channon Boudin hizo en 1934 lo que se llamó “la más frívola de las habitaciones de esta frívola época” y posiblemente una de las más caras. Inspirandose en el pabellón de Amalienburg en los jardines del Palacio de Nymphenburg, Boudin realizó un comedor para Chanon en el que dió rienda suelta a una fantasía de espejo, azul palidísimo y plata por la que le cobró 6000 libras de la época, que vienen a ser como medio millón de euros de hoy en día. Quienes cenaron allí, antes de que una bomba alemana lo destrozara, decían jamás haber estado en sitio igual… Por desgracia no he encontrado fotos que le hagan justicia.

La biblioteca de Pauline de Rothschild, puesta por Stephane Boudin con muebles de Jansen

La biblioteca de Pauline de Rothschild, puesta por Stephane Boudin con muebles de Jansen

Para la duquesa de Windsor, “that woman”, Boudin decoró su casa del Bois de Boulogne y la de la costa azul. Como todo decorador, Boudin era medio psicologo, y comprendió perfectamente la necesidad de que la casa reflejara el  ambiguo estatus de sus ocupantes, mitad “royal” y mitad nueva rica americana y consiguió una brillante mezcla que evoca al mismo tiempo Buckingham Palace y Palm Beach.

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El salón del duque y la duquesa de Windsor con retrato real y lo que parecen unos almohadones precursores del ikat y unos gansos estilo Ferreira.

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La duquesa y su perro posan relajadamente en sofá Jansen

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El salón de casa-Winsdsor

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El despacho de la duquesa. Con Jansen nunca se sabe si el pedazo escritorio es original o copia, aunque en este caso diría que es “de verdad”.

Te das cuenta de que has llegado a lo más cuando te contratan para decorar las “celebraciones” de los 2500 años de un imperio. Que es lo que le pasó a Delbée, sustituto de Stephane Boudin cuando el Shah de Persia le contrató para levantar en Persépolis un complejo de 60 tiendas residenciales, más salón del trono y banquetes, para celebrar los fastos del milenario imperio persa. Allí Boudin “gastó” 47 kilómetros de seda para levantar y amueblar el “camping” más lujoso que jamás se haya visto, que alojó a decenas de cabezas coronadas y jefes de estado de toda índole. Teniendo en cuenta que los uniformes de la guardia real para el fausto evento los diseñó Lanvin, imaginaos el nivel de boato desplegado en Persepolis, a escasos kilómetros de la tumba del gran Ciro, en mitad de la nada. Los cuartos de baño tenían bañeras de mármol y grifería de oro, y las tiendas contaban con “ala de servicio” y un salón con todo tipo de “amenities”. Delbée dice que se inspiró en la legendaria tienda de campaña que Francisco I de Francia hizo erigir para impresionar a Enrique VIII, en 1520, cerca de Calais, en lo que luego fue llamado “el campo del paño de oro”. Parece ser que ambos reyes se ciscaron en un proyecto de “a ver quien la construye más grande” y se hicieron sendas tiendas “circo price” en paño de oro, con ricos brocados, lujosos tapices y repujados muebles. Con semejante inspiración por un lado y el profundísimo bosillo del Shah de Irán por el otro, había gran riesgo de acabar haciendo una grandísima horterada arabesca, pero no, Pierre Delbée era grande hasta para eso.

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Maqueta de la disposición de las tiendas en Persépolis, como véis, esto era a lo grande.

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Vista aerea de las tiendas-suites individuales

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La tienda del banquete

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Alas antiguedades y las reproducciones de “luises” les siguió el diseño y fabricación de mueble propio. Hay que comprender que ya en 1930 Maison Jansen era un emporio de cinco pìsos en un edificio parisino donde trabajaban más de 700 artesanos especializados. De allí salieron muebles como para amueblar medio mundo, y no dando abasto abrieron sucursales en Nueva York y Buenos Aires. Todo eso era demasiado “savoir faire” para dedicarse sólo a la reproducción, así que Boudin primero y Delbée después empezaron a diseñar – en solitario o en colaboración con los grandes diseñadores o decoradores del momento – muebles propios. 

 

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Cómoda Maison Jansen, vía Elle Decor

Cómoda Maison Jansen, vía Elle Decor

El bronce dorado, el latón, el hierro, el cristal negro o la laca son las señas de identidad de esa nueva generación de muebles y lámparas “Jansen” que son los que hoy en día despiertan más pasiones.

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Mesilla de noche Maison Jansen

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Una de las lámparas Palmera de Maison Jansen

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Lámpara palmera con base, maison Jansen

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La mítica table royale, la única mesa plegable très chic de la historia.

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La “table royale” con una extensión. Las hay con varias.

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Consola diseñada por Guy Lefevre para Maison Jansen

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Silla y escritorio de Maison Jansen.

 ¿Donde encontrarlos? El mercado de antiguedades americano (www.1stdibs.com) está repleto, pero a precios de oligarca del petroleo. En Francia hay bastantes, muy mezclados con copias, atribuciones, “escuelas” de y demás quincallería. Porque identificar un Jansen no es moco de pavo. Lo primero que necesitas es la “biblia del jansenismo”, que son los dos libros de James Archer Abbot: el rojo sobre casas decoradas por Jansen y el beige sobre mobiliario. Lo siguiente que hace falta es saber que Jansen no marcaba todas sus piezas y que a lo largo de los años – y a lo largo de la geografía – utilizó distintas marcas. Así que es posible encontrarse con un Jansen auténtico que lleve el sello Jansen Paris, o Maison Jansen, o Jansen Rue Royale, o sólo Jansen, o Jansen Industria Argentina, o nada. Vamos, facilito todo. Como están muy de moda y baratitos no son, lo mejor es comprar a través de una fuente fiable: en Francia en las subastas y/o con certificado de un commisaire prisseur (www.interencheres.com), y en España en “Bakelita” la tienda de Alfonso Icaza, el super experto en mobiliario del siglo XX, a través de Lorenzo Castillo (otro Jansenista) o de otros anticuarios de fiar.

Escritorio Maison Jansen, vía Elle Decor

Escritorio Maison Jansen, vía Elle Decor

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Perfecta reproducción Jansen de una cómoda Luis XVI.

IMG_8924_lEn 2009 Christies subastó en Londres parte del mobiliario de la colección de Manolo March en una anunciadísima subasta llamada “The Manuel March Collection from Son Galcerán”. Se subastó una importante colección de muebles y obras de arte procedentes del palacio mallorquín de los March, entre ellos una enorme cantidad de muebles de la Maison Jansen, heredados de su padre Bartolomé March Servera y de su abuelo Juan March Ordinas, ambos grandes clientes de Boudin y Delbée. De hecho Abbot considera que, dejando a parte al Shah de Irán, los March fueron los mejores clientes de la Maison Jansen en la segunda mitad del siglo XX.

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Jansen, casa de los March en Mallorca decorada por Stephane Boudin

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La famosa y admirada biblioteca de los March en Madrid puesta por Pierre Delbée

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Pasillo en casa de Pierre Delbée en Paris. Paredes forradas con páginas de libros de canto gregoriano enmarcados tras un cristal.

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No sé bien qué ha sido de todo eso. ¿Se vendió todo en la subasta de Christie’s? La revista Elle Decor del mes de noviembre publica fotos de la casa en Madrid de Manolo March donde no soy capaz de identificar ni una sola pieza de Jansen (¿quizás vosotros sí? os propongo buscarlas en las fotos en una especie de juego de “deco encontrar a wally”).

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Manolo March, Elle Decor noviembre 2014

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Casa de Manolo March, Elle Decor. La pared del fondo muestra una chimenea en una pared que originalmente iba a forrarse de espejo, pero en la fiesta de inauguración el dueño animó a sus invitados que la “grafittearan”. Le gustó tanto el resultado que lo dejó así.

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Casa de Manolo March en Madrid, vía Elle Decor. La revista cuenta que este comedor está colocado en un rincón de la cocina. La mesa no es Jansen, las sillas tampoco porque la revista las identifica como originales del XVIII del ebanista Jacob.

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¿Quizás un signo del movimiento hacia una nueva religión? ¿Pasó de moda el jansenismo en Europa? ¿Persiste sólo allende los mares? No lo creo. Creo que está superada la mitomanía de hace unos pocos años, donde dar con algo que llevara la marca Jansen, Bagués o Maison Charles en lámparas, generaba gritos de emoción y estiramientos de pelo semejantes a la de una fan de los Rolling al dar con Mick Jagger. Ahora subsiste el mueble Jansen que lo vale. La table royale. Maravilla de la estética y de la practicidad. Sienta a 12 y se guarda en 20cm de ancho. O los sofás de respaldo bajo, los taburetes multiusos o las mesas auxiliares. Y esas lámparas palmera dignas de una boîte años 50 en Rio de Janeiro…

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Versión Jansen del “bargueño”, aprox 1970.

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Table Royale con sillas de Jacques Adnet. Apartamento en París de la decoradora Lisa Fine. Foto vía Elle Decor.

 

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Muebles en su versión reproducción de mobiliario del XVIII.

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 Jansen cerró sus puertas a mediados de los 80. El mismo encargo que les hizo mundialmente famosos para el gran público fue el que les dió la puntilla: las suntuosas celebraciones de Persépolis dieron fama a la casa de decoradores de dictadores derrochadores con anhelos suntuarios, así que a partir de ese momento estaba mal visto, para cualquier cargo público, contratarles.

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Por otro lado las casas ya no eran como antes, de ese tamaño y con esa obsesión por la calidad. A Boudin lo contrataban para poner mansiones enteras, desde el salón hasta el cuarto de servicio, haciendo muebles ex-profeso para todo ello (cuidado, porque no ponían el mismo “cariño” en la fabricación de la silla para el salón que la del cuarto de servicio y ambas se venden con el sello Jansen) y eso en los 80 ya no pasaba. El gusto había evolucionado y sobre todo la decoración se había vuelto más ecléctica, era raro eso de encargar todo en el mismo sitio. Así que la casa cerro sus puertas. Para nuestra desgracia.

Y el resto, es leyenda…

 

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